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OPINIÓN

'To be or not to be (propietario)'

El cambio demográfico que se está produciendo en las capitales de provincia y ciudades de más de 100.000 habitantes está afectando seriamente a la supervivencia de la librería independiente

La librería Tipos Infames de Madrid, que cerrará sus puertas el 14 de febrero.

La librería Tipos Infames de Madrid, que cerrará sus puertas el 14 de febrero. / Alba Vigaray

Xavier Vidal

Barcelona
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Los anunciados cierres de la librería Tipos Infames de Madrid y del Librerío de la plata de Sabadell planearon sobre el Palau de la Música de Valencia durante la semana pasada en el congreso de libreros españoles que se celebró durante dos días con debates muy intensos y con la participación de más de 300 profesionales del sector. Asistieron también editores y distribuidores y el Ministerio de Cultura. Se echó en falta a representantes de gobiernos autonómicos y municipales de toda España, así como a bibliotecarios, puesto que son estas instituciones más próximas las que lideran –de forma defectuosa– las compras de libros.

Es cierto que, después de unos años en los que la oferta de librerías independientes ha ido creciendo sostenidamente, el cambio demográfico que se está produciendo en las capitales de provincia y ciudades de más de 100.000 habitantes está afectando seriamente a la supervivencia de la librería independiente. La gentrificación produce dos problemas fundamentales. El primero, la sustitución de la comunidad tradicional por los 'expats' –o erasmus profesionales– que no tienen ninguna voluntad de integrarse en la sociedad que les acoge y turistas de paso poco interesados en la oferta editorial de nuestras lenguas oficiales.

¿Qué se puede hacer ante esta perspectiva que va en aumento? Una de las soluciones podría ser la habilitación de locales públicos con alquileres a precios razonables y en zonas que demanden la ubicación de librerías. Pienso, sin saberlo, en los locales que la Sareb tiene en cartera fruto de los activos tóxicos de los bancos que pagamos entre todos. Barcelona tiene un programa muy modestito que aún no ha dado resultado en el sector del libro. La librería Sant Jordi, rescatada ahora por un empresario en su ubicación original de la calle Ferran, era una de las que iba a trasladarse a uno de estos locales habilitado por el Ayuntamiento. Pero la muerte de su propietario, al que todos añoramos, impidió ese traslado.

Otra solución podría ser dar ayudas al alquiler a las librerías que tuvieran un sello que acreditara que se trata de un comercio cultural, y, por tanto, se interpreta que está prestando un servicio público a la comunidad con sus actividades de dinamización.Una tercera sería la habilitación de avales públicos para hipotecas que permitan comprar un local que tenga precio de mercado real y que, por tanto, el recibo mensual del crédito fuera de una cantidad asumible para una librería. Ese aval se daría a cambio de mantener el local siempre como librería y no se podría traspasar o vender para su especulación una vez liquidada la hipoteca. En el caso de que la librería cerrara, el propietario del local vacío pasaría a ser de la administración que avaló la operación.

Cada una de estas ideas lanzadas al aire sin más apoyo que la intuición y ningún soporte económico, jurídico y fiscal debería estudiarla la administración que la quisiera impulsar. A priori ya me aparecen efectos no deseados de su aplicación. O bien los propietarios no querrían alquilar locales a librerías en el momento en que se planteara que el alquiler o compra debe ser a precio de mercado, o bien se aprovecharían de las ayudas elevando el precio argumentando que los arrendatarios disponen de más recursos para alquilar. De momento, la solución no se apunta a corto plazo. Pero la realidad es tozuda y ya ha empezado a mostrase con toda su dureza.

[Xavier Vidal es responsable de la Llibrería Nollegiu, en Barcelona y Palafrugell]