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ENTREVISTA

Nerea Pallares, escritora: "Las realidades son complejas, no las simplifiquemos con etiquetas"

En su primera novela, 'Punto de araña', la autora gallega alumbra una rebelión femenina en la Costa da Morte que trasciende épocas y territorios, algo que sólo consigue la literatura que ambiciona lo universal partiendo de lo cotidiano

La escritora Nerea Pallares, autora de la novela 'Punto de araña'.

La escritora Nerea Pallares, autora de la novela 'Punto de araña'. / Daniel Katanga

Inés Martín Rodrigo

Inés Martín Rodrigo

Madrid
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En los últimos meses, dos primeras novelas, 'Comerás flores' y 'Han cantado bingo', escritas por dos mujeres jóvenes, Lucía Solla Sobral y Lana Corujo, se han colocado en lo más alto de las listas de libros más vendidos, afianzando la teoría, cada vez menos hipotética, de que hay un buen caladero de lectores entre los jóvenes, ese nutrido grupo al que hasta hace no tanto las editoriales consideraban invisible. Un público fiel, diverso y exigente que se acercará con el mismo interés a 'Punto de araña', el debut en la novela de Nerea Pallares (Lugo, 1989).

Descrita como "deslumbrante" por Libros del Asteroide, que en unos días, el 16 de febrero, publicará en castellano la obra tras su recorrido en gallego, lengua en la que logró el premio García Barros, se trata de una historia coral en la que el lenguaje ha sido tejido con el mismo cuidado e idéntica atención con los que las protagonistas –las encajeras o 'palilleiras', pero también las 'rederias', mariscadoras y trabajadoras de la conservera– han ido hilvanando las redes ancestrales que sostienen las vidas que las rodean.

Mezclando el mito con lo terrenal, las leyendas con los hechos, los testimonios con las narraciones orales, Pallares alumbra una rebelión femenina en la Costa da Morte que trasciende épocas y territorios, algo que sólo consigue la literatura que ambiciona lo universal partiendo de lo cotidiano.

¿Qué se siente al ver el adjetivo deslumbrante describiendo su primera novela? Algo de vértigo, ¿no?

Ese adjetivo se lo ha puesto Asteroide, y me parece un lujo poder sacar una primera novela con ellos. Veremos qué tal, estoy expectante a ver qué tal la acogen las lectoras.

¿Las lectoras?

Es una forma de referirme al lectorado.

Se publicó antes en gallego. ¿Cree que el recorrido será distinto, será vista como una nueva novela?

Pues en cierta medida supongo que sí. Al final, estás cambiando bastante el contexto y también las tradiciones literarias. Aunque sea una historia muy local, porque lo es en muchos aspectos, también es muy universal, tiene las dos patitas, la identificación con el hacer un trabajo de sostén, con estos cuidados invisibles, con el trabajo de todas estas mujeres que la novela trata de homenajear y reivindicar, me parece extensible a a todos los contextos.

La premisa fundamental de la historia es qué pasaría si las mujeres dejáramos de sostener, de tejer.

Exacto, sí. Lo que buscaba con eso era hacer visible algo invisible. Ese trabajo de sostén es fundamental. Si no existieran los cuidados, entendidos como el hacer cosas por los demás, la sociedad no podría existir como tal. Pero eso no quiere decir que sea una situación, tal y como está ahora, feminizada, precarizada, que haya que sostener por más tiempo o que sea viable. Era una pregunta a explorar, necesaria por muchos motivos.

Si no existieran los cuidados la sociedad no podría existir como tal. Pero eso no quiere decir que sea una situación, tal y como está ahora, feminizada, precarizada, que haya que sostener por más tiempo

Una reflexión necesaria desde el punto de vista social, incluso. La literatura como herramienta para abrir el debate, la conversación.

Sí, porque creo que la ficción muchas veces te abre la puerta a muchos otros tipos de reflexión.

La novela es una historia de amistad entre mujeres. ¿Es eso lo que al final siempre nos salva?

Bueno, en cierta medida sí. Lo que no nos va a salvar es parapetarnos en cierto individualismo, dejar que sean otros quienes asuman un trabajo... Es que no me gusta la palabra cuidados, es algo además que traté de evitar en la novela.

¿Por qué?

Porque me parece que hay palabras que están excesivamente connotadas, las tenemos asociadas a conceptos muy concretos y nuestra mente automáticamente hace un trabajo de descarte. Entiendo que, hasta cierto punto, tenemos que categorizar las cosas para poder entenderlas y pasar más o menos rápido por ellas, pero hay veces que esas etiquetas juegan un poco a la contra cuando quieres expresar una realidad mucho más compleja y con todos sus matices. Muchas veces eres capaz de entender mucho mejor qué es lo que está sucediendo cuando te lo van mostrando, en lugar de que te lo estén etiquetando. Lo relaciono con lo que dice Byung-Chul Han de que ponemos el lenguaje a producir, a veces no permitimos que el lenguaje juegue, los términos tienen que estar demasiado abrazados a la literalidad. Las realidades son complejas, son diversas, no dejemos que se simplifiquen mediante etiquetas.

La escritora Nerea Pallares.

La escritora Nerea Pallares. / Daniel Katanga

Esa también es labor de la literatura. En ese sentido, la novela establece una sugerente relación entre el lenguaje y el acto de tejer, hasta llegar a plantear qué pasaría si ese tejer y destejer pudieran influir en la realidad.

Ese es el eje, efectivamente, que vertebra toda la novela. Yo creo que esta es una novela que también se pregunta por el lenguaje. En el estilo, en la construcción de las voces, hace un uso muy diverso de la palabra, atiende al lenguaje pero también lo piensa, porque se lanzan preguntas alrededor de la lingüística: por qué para todo lo que existe no hay exactamente una palabra, cómo se teje una nueva lengua, cómo primero hay que aprender a amar una realidad para mencionarla...

¿Cree que hemos descuidado el lenguaje?

¿A qué te refieres?

Como sociedad.

Ya. Yo creo que quizás va más relacionado con lo que te decía de hacer que el lenguaje sea demasiado eficaz. A lo mejor a día de hoy vamos un poco de la mano de la literalidad todo el rato. En la cultura es tremendamente importante lo que se dice y lo que no se dice. Entonces, igual un lenguaje que escape más de la literalidad. Muchas veces buscamos entender el rápidamente y quizás ese hueco que hay entre palabras es lo más sugestivo. Pero bueno, yo no diría tampoco que se haya descuidado. Lo propio de la lengua es estar viva, en la realidad de la calle, y con eso va evolucionando. Me parece muy interesante cómo también se ve la identidad de cada quien en cómo se expresa, lo que dice, lo que no dice, las palabras que elige. Yo creo que eso lo admite todo, no hay algo que sea correcto o incorrecto.

No sé si la RAE estará de acuerdo en eso...

Bueno, pero ahí ya estamos hablando de institucionalizar el lenguaje, que es otra cosa distinta.

A lo mejor a día de hoy vamos un poco de la mano de la literalidad todo el rato. En la cultura es tremendamente importante lo que se dice y lo que no se dice

Volviendo al libro, en él vemos la doble dimensión de las tejedoras, entre lo cotidiano y lo mítico. Aquí, las 'meigas' son tejedoras, algo mucho más prosaico.

Cuando empecé a hacer este juego de tejido y lenguaje, al final estaba la premisa también de que para que el lenguaje existe tiene que haber alguien que lo teja. ¿Quiénes son por tanto estas tejedoras? Y de aquí nació esta bifurcación, esta convivencia que dices tú, entre lo mítico y lo cotidiano. Esos elementos míticos sirven justamente para subrayar ciertos aspectos en la realidad que damos por hecho, pero que quizás no deberíamos dar por hecho. Esto lo conecto con lo que me preguntabas al principio...

Qué pasaría si las mujeres dejáramos de sostener...

Claro. Un ejercicio interesante justamente del tipo de literatura que me interesa es ese ejercicio de desacostumbrar la mirada y, entonces, de alguna forma, enrarecer lo cotidiano para salirnos y poder mirarlo desde otro ángulo y con otra perspectiva. Y creo que eso, al hacer funcionar las dos realidades a la vez, la mítica y la cotidiana, lo permite. Y además es que me interesan las dos a la vez. Es decir, por una parte me interesaba conocer la realidad social y cotidiana de estas mujeres que son 'palilleiras', 'redeiras', que trabajan en precario y que alternan trabajos de todo tipo, remunerados y no, reclamos históricos que vienen haciendo las mujeres del mar, que muchas veces no cuentan con los mismos derechos que sus compañeros masculinos. Toda esta realidad existe, pero hacerla convivir con el arquetipo de las tejedoras y y traer ese símbolo para que de alguna forma hable de otra manera también me interesaba.

El mito también conecta lo local con lo universal.

Claro, también es una forma de hacer ver el diálogo entre lo local y lo universal, conectarnos con la narración mítica nos da la sensación de que esto es una problemática compartida a lo largo del tiempo, en muchos presentes simultáneos, pero también a lo largo del tiempo.

Ahora que se está volviendo a hablar tanto de un supuesto realismo mágico, en su novela las realidades mítica y cotidiana son indisolubles.

Para mí eso es algo que se da de manera orgánica, porque en la tradición literaria gallega siempre se ha dado deforma orgánica. Lo que sucede en la tradición literaria gallega, y es lo que a mí me interesa de ella, es que se deja espacio al lector, en el sentido de que no hay una convivencia continua necesariamente del elemento mágico en todas partes, sino que hay una especie de puerta entreabierta. Además, eso era lo que creía que la historia necesitaba, sobre todo porque conecta con otro tipo de literatura que quizás si queremos tiene más que ver, no me gustan mucho las etiquetas, pero bueno, con este ejercicio de entrar en lo cotidiano para que luego surjan ciertos elementos insólitos que rompan el pacto de lo realista.

El tipo de literatura que me interesa es la que hace ese ejercicio de desacostumbrar la mirada, enrarecer lo cotidiano para salirnos y poder mirarlo desde otro ángulo y con otra perspectiva

En la novela también hay una reinterpretación de algunos mitos en clave feminista.

Por supuesto. Uno de los intereses también era revisitar algunos mitos relacionados con el tejido. Las figuras femeninas en torno al hilar muchas veces han asumido un rol pasivo. Las narraciones que nos llegan y los símbolos que operan en los mitos nunca son neutrales, nunca son casuales, la narración siempre es interesada. Entonces, me parece interesante justamente revisitar los mitos, los símbolos que operan en ellos y hacerlos hablar de otra manera. En la novela hay muchas tradiciones mezcladas de forma libre, que es lo que la ficción permite y debe ser. Y, bueno, también me gusta que cada quien explore los mitos que quiere encontrar, los símbolos que quiere encontrar. Lo interesante del símbolo es eso, que está abierto y admite nuevas lecturas.

No es la única subversión. Las mujeres de la novela se reúnen para tejer, pero usted subvierte ese acto, tan ligado a lo doméstico, y le da otra dimensión, más poderosa.

Sí, era un símbolo que me interesaba mucho subvertir porque se intenta asociar todo el rato a lo doméstico.

Y domesticado.

Efectivamente, y en momentos muy concretos hubo además un interés en que esto fuese así, esta figura del ama de casa que teje, pero de forma individual en su casa. Entonces, ya para empezar, sacarla de ese espacio, subvertir ese símbolo, que pase a tener un poder y que además lo tenga cuando se reúne con otras mujeres para tejer. Me parece muy interesante también esta idea de darle la vuelta, algo que a priori es lo que menos amenazante nos puede resultar, ¿qué hay más inocente que una mujer sola tejiendo en su casa?, de repente de esa unión se derive un gran poder. Es una metáfora respecto a lo que sucede en la sociedad, porque realmente sí tenemos ese poder de tejer juntas.

Escoge el encaje de bolillos, y no otro tipo de tejido. ¿Por qué?

Por muchísimos motivos. Por una parte, el propio origen, que es un misterio. En la novela hay una reflexión metaliteraria continua que se pregunta sobre cómo escribir, de alguna forma, es hacer presente a una ausencia. El encaje tiene esto de que, para que veamos ese dibujo, ese patrón necesita de un hueco. Lo mismo las redes de pesca, no puede ser una tela tupida, tiene que contemplar ese hueco. Y lo mismo con el propio proceso de escritura por el que la novela se pregunta, necesita del hueco siempre para que la palabra tenga sentido y cobre fuerza.

¿Y qué huecos rellena la ficción?

No sé si nos rellena huecos o más bien nos sirve para acompañarnos y contarnos la realidad de una determinada manera. Como si la realidad fuera caótica per se y de alguna forma la escritura fuese algo que ordena y da unas determinadas formas a esa a esa realidad.

'Punto de araña' es una novela marinera, pero no es la típica gesta de altamar librada por hombres. Aquí las protagonistas son las mujeres que se quedan en la orilla, la épica está en otro lugar.

Exacto, sí, sí, sí. Yo veo mucha épica justamente en esto, en lo cotidiano, en la capacidad de sostener, en la capacidad de sacar fuerzas a diario de donde no parece haberlas. En todo eso yo observo muchísima épica, me parece que lo pequeño y lo que pasa más inadvertido es algo totalmente a reivindicar.

Punto de araña / Punt d’aranya

Nerea Pallares

Libros del Asteroide / Periscopi

Traducción al catalán de Eduard Velasco

184/ 224 páginas. 19,95 euros