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Opinión | OPINIÓN

Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Barcelona

Cuando un libro vende cero ejemplares

A los grupos editoriales les entra pánico ante la posibilidad de perder metros de exposición en las librerías, y mantienen sus envíos con el mismo número de títulos, aunque no siempre de la misma calidad

Interior de una librería.

Interior de una librería. / Belén Bertonasco

Uno de los datos que me enviaron varios libreros desde el congreso que se organizó en Valencia la semana pasada es hiriente. Siéntense. El 49% de los libros que se publican tienen una venta cero. Pero cero patatero. O sea, el autor se queda con la sensación de que su trabajo no ha encontrado ni un lector, excepto amigos y familia. Aparte de la frustración que ello genera, es necesario profundizar sobre la cuestión porque no es posible que el 49% de los libros publicados no tengan interés.

El dato se confronta con el buen ritmo de la venta de libros. El sector sigue creciendo, y aunque en 2025 se ha ralentizado un poco, la curva sigue ascendente y, de momento, nada indica que vaya a cambiar. Entonces, ¿cómo es posible que la mitad de los libros editados no vendan nada? Esta cifra se debe analizar junto a otra: el 4,5% de los libros venden más de 100 ejemplares. Solo el 4,5%. Resten ustedes.

El tema es recurrente, sobre todo durante los últimos años. Existe la creencia certera de que pasamos por una moda de superproducción. No es la primera vez que ha ocurrido algo así. De pronto, a los grupos editoriales les entra pánico ante la posibilidad de perder metros de exposición en las librerías, y mantienen sus envíos con el mismo número de títulos, aunque no siempre de la misma calidad.

Los editores tienen que alcanzar unos beneficios anuales, y no siempre es importante el dato de cuántos títulos. En ocasiones son libros sin ningún tipo de campañas de promoción, ni acompañamiento por parte de la editorial. De ahí que muchos autores, también conocidos, organicen sus propias campañas entre libreros amigos, olvidándose del respaldo de su sello. No siempre es así, pero también es así.

La solución no es fácil. Pero no es la primera vez que, en campañas de Navidad, Sant Jordi y ferias de libro, las cajas de novedades permanecen cerradas.