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Opinión | BREVES INFINITOS

Mariana Sández

Madrid

Dos libros magníficos a favor de lo indócil

María Negroni tiene una obsesión, el lenguaje, como refleja en ‘El corazón del daño’ y ‘Colección permanente’

La escritora María Negroni, en la librería Finestres de Barcelona.

La escritora María Negroni, en la librería Finestres de Barcelona. / Jordi Otix

"La escritura es un asunto grave. No basta con recoger los restos del naufragio. Hay que instalar, en medio de las ruinas, las marcas de la obsesión", dice la escritora argentina María Negroni en uno de sus últimos libros, 'El corazón del daño'. Y esto otro: "Un libro recién nace al producirse la intersección entre una obsesión y la forma específica que le corresponde", continúa en su título más nuevo, 'Colección permanente'. Entre ambos hay un claro diálogo alrededor de lo que para Negroni constituye eso que llama obsesión: el lenguaje, especialmente en cuanto materia literaria.

Un propósito parece desvelarla: seguir todas las huellas posibles para tratar de entender cómo la escritura es el canal por el que se expresa (de manera siempre limitada) nuestro inconsciente. "Hacerle al lenguaje un agujero tras otro, hasta que lo oculto –ya sea algo o nada- empiece a transparentarse", cita de Samuel Beckett, entre una vasta serie de otras frases similares que sirven para reforzar lo que ella persigue: descifrar el misterio de la lengua y de la creación poética. Lograr, mediante la poesía, lo que el director inglés Derek Jarman se propuso alcanzar en otro formato: hacer cine, no películas.

De igual manera, al leer la obra de Negroni se vuelve evidente que quiere hacer literatura, no producir entretenimiento (al margen de que sus libros, frente al lector adecuado, acaparan el interés por completo). Y se propone crear libros, no novelas, ni ensayos, ni relatos, los suyos no apuestan por los géneros. Libros que, por otra parte, encajan con nuestra idea de 'breves infinitos', ya que no siendo extensos, nos remontan a lugares del pensamiento que pueden permanecer en nosotros algo así como una eternidad.

Sus libros nos remontan a lugares del pensamiento que pueden permanecer en nosotros algo así como una eternidad

La prosa poética, filosófica, de la autora argentina bordea la de Fernando Pessoa. Produce una hipnosis concéntrica: es para leer de a pequeños sorbos y advertir cómo el cuerpo se pasa el resto del día, de la semana, reflexionando. Las frases se abrojan, se quedan, se vuelven inoxidables. Antonio Tabucchi dice que la del poeta portugués es una metafísica de la ficción porque tiene un sentido siempre trascendente. Es tentador tirar de ese hilo para admitir que la escritura de Negroni propone una metafísica del lenguaje, porque todo el tiempo nos señala su insuficiencia y, en simultáneo, su búsqueda de absoluto.

Lengua extranjera

Al referirse a 'Bartleby, el escribiente', de Herman Melville, Guilles Deleuze apuntó que "las obras maestras de la literatura forman siempre una especie de lengua extranjera dentro de la lengua en la que están escritas". Hay algo de esto sin duda en la poética de Negroni quien, tras la huella de algunos de sus maestros (como Juan Gelman), reconoce que es necesario subvertir el lenguaje, erosionarlo, sacarlo del confort cotidiano, estrangularlo y ponerlo a prueba en cada oración: "Nunca dejes que la lengua se dé por sabida", la rebeldía es fértil.

Si usted, lector, lectora, quiere acercarse a libros auténticamente literarios, apunte. Uno, 'El corazón del daño', para los que quieran más trama y conflictos familiares. Allí se va dibujando, en clave autobiográfica, desde la infancia, la historia de la relación con su madre: "La ocupación más ferviente y más dañina de mi vida. Nunca amaré a nadie más". En paralelo va trazando ciertos hitos fundamentales de su participación política en tiempos de dictadura, la migración a EEUU, la inserción en otra cultura, el matrimonio, los hijos, el regreso.

El segundo, 'Colección permanente', otra maravilla para los amantes de libros que hablan sobre literatura, creación y arte. Porque leer a Negroni es acercarse a una biblio-filmo-audio-pinacoteca inmensa, de esas en las que un artista conduce a otro de manera interminable. "No dejes, dice por ahí la autora, de hacer de tu biblioteca un archivo de anhelos". Aunque a veces parezca, nunca es tarde para empezar.