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CRÍTICA

'Malacría', de Elisa Díaz Castelo: arqueología de la nostalgia

En su novela de debut la autora mexicana explica cómo la desaparición de una madre nos llega a enloquecer

La escritora Elisa Díaz Castelo, autora de 'Malacría'.

La escritora Elisa Díaz Castelo, autora de 'Malacría'. / EP

Ricardo Baixeras

Ricardo Baixeras

Barcelona
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'Malacría', primera novela de Elisa Díaz Castelo (México, 1986), no trata de contar la historia de una hija en búsqueda desesperada de su madre, Perla, acompañada de su pareja, Jeni, y de una perra, Valeriana, convertida en una voz propia en este relato. Y no cuenta esa búsqueda porque este relato, que narra las fracturas íntimas de unas mujeres presentes y ausentes a través de una potentísima voz que tensa el lenguaje hasta el extremo, lo que explica es de qué callada manera la desaparición de ese personaje materno enloquece el mundo en derredor.

Lo que se busca es lo que Charles Baudelaire reclamaba como la piedra de toque de la modernidad literaria, el sistema de correspondencias y analogías sin el cual ya no es posible habitar y pensar el mundo. Y es así porque para Perla "todo devenía hecho ingrávido, pleno de significado, señalaba otra cosa. No estaba aislado, sino que formaba parte de un complejo sistema de correspondencias. Cada suceso se convertía en un acertijo en espera de respuesta, un mensaje cifrado, una fruta madura que oculta debajo de la cáscara de la cotidianidad la pulpa embriagadora del asombro. Y el mundo azaroso e inconexo mutaba en un complejo entramado de signos".

La ausencia que se repite

Díaz Castelo ha sabido trasladar a esta ficción una sensación constante de estar habitando el terreno fructífero de la locura abisal que hace "del mundo entero un juego de espejos". Los contornos de este texto más que notable dibujan la silueta de un semblante que para el lector muta hacia una "arqueología de la distancia" que ya no es posible evitar porque todo recuerda a Perla, la ausencia que se repite, la pérdida que no cesa, un personaje cuya mirada insistía una y otra vez "en la ruina, ver el mundo como un sitio abandonado" con la voluntad inquebrantable de "negar la existencia del presente".

Bendita locura esta que esboza aquí el desgarramiento de unas conciencias que también son políticas

El lector ya se habrá dado cuenta de que esta novela toca muy de cerca el terreno de la poesía, sin menoscabo de poder narrar la historia de esa búsqueda que no es sino la construcción no tanto del presente y del futuro cuanto del pasado. Porque la desaparición de Perla lo que hace es generar una herida inmensa hacia atrás, 'leitmotiv' inexcusable y centro ausente del libro: "Las cicatrices que no vemos nos lastiman también [...], las cicatrices de las otras nos hieren. Afloran en nuestros cuerpos invisibles. Cargamos también con la herencia del corte". El viaje para encontrar a la madre que desaparece cartografía una memoria ancestral y un pasado reciente doloroso que indica que "la herida es el sitio al que volvemos".

La propuesta híbrida de Díaz Castelo lleva al lector a una confusión gozosa porque no sabe a ciencia cierta qué libro está leyendo: si una historia no lineal en forma de viaje intimista o una pura fantasía delirante. Lo que parece claro es que "la historia, la buena, es la que tiene un pie en la fantasía. Es la que confía en la verdad del mito". Y es la que narra que hay que "dejarse colonizar por la locura". Bendita locura esta que esboza aquí el desgarramiento de unas conciencias que también son políticas, en la medida en que el lenguaje refleja una ética compartida y la trama, la muerte de un presente que reclama con insistencia un destino que apenas guarda relación con la verdad de los hechos.

Malacría

Elisa Díaz Castelo

Sexto Piso

263 páginas

20,90 euros