HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO
Marina Sanmartín, escritora y librera: "Hay puentes entre la realidad y la ficción, dos mundos paralelos que se complementan"
La autora escribe en el suplemento 'ABRIL' sobre su nueva novela, 'La doble desaparición de Abril del Pino', que publica en la editorial Salamandra

La escritora Marina Sanmartín, autora de la novela 'La doble desaparición de Abril del Pino'. / Isabel Wagemann
'La doble desaparición de Abril del Pino' es la novela que más me ha costado terminar. En la mitad del proceso de escritura, tuve un parón que me mantuvo unos meses alejada de los cuadernos y la pantalla del portátil, donde se escondían la vida y los misterios de la librería de Ágata Caballé, Las Palabras Mágicas, y todos los tejemanejes y rencillas responsables de que Abril del Pino, una famosa escritora de crímenes, se hubiera esfumado sin dejar rastro. Me perdí y este texto es la historia de cómo encontré el camino de vuelta.
Hay puentes entre la realidad y la ficción, dos mundos paralelos que se complementan, que muestran dos combinaciones distintas de los mismos elementos, de idéntica materia prima. A veces cruzar esos puentes resulta difícil, casi imposible. Otras, sin embargo, tremendamente sencillo. Mi exilio del territorio de la imaginación terminó el día en que una anciana con un broche en la solapa de su abrigo violeta entró en la librería.
La primavera no acababa de llegar y la anciana llevaba un elegante sombrero y unos zapatos también elegantes. De hecho, la elegancia, pensé, estaba dentro y no fuera de ella, como una luz. Tenía los ojos claros, todavía muy vivos, expectantes, y el pelo blanquísimo, corto y ondulado. Lucía unos pendientes pequeños y una media sonrisa no tanto de desconfianza como de ansia por el inminente descubrimiento que prometía el hallarse rodeada de libros.
No iba sola, la acompañaba otra mujer, que, a lo largo de la conversación se presentó como su sobrina. Las dos eran amables. Las dos empezaron a hablar conmigo como si nos conociéramos de toda la vida, hasta que, de repente, la anciana me preguntó: "¿Cuántos años crees que tengo?". Yo dudé y ella me ahorró la respuesta: "Tengo 104 años", dijo orgullosa. Y yo, como no podía ser de otra manera, me sorprendí, porque su conversación era ágil y su ingenio estaba muy por encima del que algunos clientes más jóvenes y menos curiosos exhibían al otro lado del mostrador.
Nombres coincidentes
La anciana me contó que vivía en una residencia cercana y que salía a pasear con frecuencia, siempre en compañía. La librería le había gustado, yo le había caído bien y, mientras su sobrina pagaba las lecturas que habían elegido, me aseguró que volvería y me alegré. Decidí presentarme, algo que solo hago cuando salta una chispa, cuando una conexión poco frecuente se despierta con la visita desconocida: "Ha sido un placer conocerlas. Por cierto, me llamo Marina". Y entonces la anciana dijo: "Yo me llamó Ágata", y la piel se me erizó como el césped cuando lo acarician. Ágata, igual que librera de Las Palabras Mágicas, mi protagonista.
Ajena al impacto que me había causado su nombre, la verdadera Ágata se puso a contarme que, en realidad, la habían bautizado como Águeda, "porque en mis tiempos no se podía poner cualquier nombre, solo valían los de las santas", pero que en su familia no habían tardado en llamarla como les había dado la gana, y ella feliz, porque Ágata era un nombre muy bonito y poco común.
Solo la vi una vez más. Volvió, como había prometido, como si quisiera comprobar que su primera aparición había surtido efecto, y luego nada. Se esfumó haciéndome dudar de si su presencia había sido real o mágica, la ayuda desde otra dimensión que yo necesitaba para retomar la escritura de mi libro. El día en que nos conocimos, cuando regresé a casa, me senté delante del portátil y le regalé a mi Ágata la historia del bautismo como Águeda que la anciana me había contado, y ya no paré hasta termina la novela.

La doble desaparición de Abril del Pino
Marina Sanmartín
Salamandra
288 páginas
21 euros
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