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CRÍTICA

'Despedidas', de Julian Barnes: adiós al pasado

El autor británico pone fin a su fecunda carrera con una obra híbrida atravesada por el peso de la memoria

El escritor británico Julian Barnes.

El escritor británico Julian Barnes. / Robert Ramos

Sergi Sánchez

Sergi Sánchez

Barcelona
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Impresiona: 'Despedidas' va a ser el último libro de Julian Barnes (Leicester, Reino Unido, 1946). Lógico que sea un breve, conciso compendio de los géneros literarios que ha cultivado durante toda su obra. Ensayo, autoficción, novela… un formato híbrido que, en esta ocasión, se deja atravesar por la importancia de la memoria como arquitecta de la identidad, sobre el papel del escritor como demiurgo sentimental, sobre la enfermedad y la muerte.

Podríamos pensar que, tal vez, el primer capítulo centrado en la memoria involuntaria, e impregnado del aroma de la magdalena proustiana y la elegía al Hombre Que Recordaba Todas Las Tartas Que Había Comido En Su Vida, resulta un tanto anecdótico y parece que exista para hacernos evocar que Barnes es el autor de 'El loro de Flaubert'.

Preferimos, en el terreno biográfico, el episodio en que relata su experiencia como enfermo crónico de neoplasia mieloproliferativa –un cáncer de sangre "incurable pero tratable", diagnosticado al filo del confinamiento–, que narra con la ironía de su prosa afilando la punta de lanza de esa muerte que nos sobrevuela ("hay que alimentar(la) con una dosis de quimio para tenerla contenta, o al menos sometida"). Ella es, por fin, la gran y última invitada a esta pequeña y austera ceremonia: sin ella no habría despedidas. Y el adiós, aquí, es decididamente menor: no hay grandes palabras que decir, el futuro ya no se conjuga, pero hay el sincero agradecimiento al lector, aún dispuesto a pasar página cuando sea menester.

Está atravesado por el papel del escritor como demiurgo sentimental, por la enfermedad y la muerte

Y luego la ficción que tal vez no lo sea. Barnes revisita y reformula el tema del triángulo amoroso, tan caro a su obra (ahí están 'Hablando del asunto', 'Love etc.' y 'El sentido de un final para acreditarlo'), esta vez para orquestar en directo la relación entre dos amigos de la universidad, a los que presenta, y propiciar también su reencuentro 50 años después, reencuentro que acaba en boda y separación.

Catalizador del amor

Barnes actúa como catalizador del amor, pero también como observador privilegiado primero y como traidor a la causa después: nos cuenta las confesiones de Stephen y Jean, de las que fue depositario, cuando les prometió que nunca escribiría sobre ellas. "La tragedia de él es que es capaz de amar, pero su amor no es aceptado", concluye. "La tragedia de ella es que no es capaz de amar, pero lo que ofrece es aceptado como amor".

No importa tanto que la historia esté inspirada en hechos reales como el modo en que habla de las dificultades para temporizar el amor y el deseo, de qué ocurre cuando el tiempo se abre en el corazón de nuestra experiencia para hacernos creer en las segundas oportunidades, del desfase entre nuestras expectativas y lo que la vida parece dispuesta a darnos.

En cierto modo, este es el relato de la imposibilidad de una reconciliación, y Barnes sabe mucho sobre ello. Cuando evoca a Martin Amis en su larga enfermedad, nos acordamos de que, tal vez, al escribir sobre Stephen y Jean, tuvo la tentación de tratarlos como si fueran personajes de su propia literatura, disfrazándose de agente matrimonial, cuando, en realidad, estaba hablando de sus propios duelos afectivos, de sus amistades rotas, de lo que nunca podría recuperar. Ahí la despedida mutua de Stephen y Jean se convierte en otra más de las despedidas de Barnes, un adiós al pasado y a la memoria que lo reinventa.

Despedidas

Julian Barnes

Traducción de Jaime Zulaika

Anagrama

216 páginas

19,90 euros