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CRÍTICA

'Los nombres de mi padre', de Daniel Saldaña París: viaje hacia el propio conocimiento

El escritor mexicano revisa el movimiento revolucionario de México en los 60 e indaga en la paternidad y la memoria en su último libro

Daniel Saldaña París.

Daniel Saldaña París. / TONATIUH AMBROSETTI MICHALSKI

Manuel Molina González

Córdoba
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Daniel Saldaña París es uno de los escritores mexicanos más destacados de su generación. En 2014, la revista ‘Sada y el Bombón’ lo consideró como uno de los autores más importantes de la literatura mexicana contemporánea. En 2021 fue finalista del Premio Herralde con su novela ‘El baile y el incendio’. Saldaña partió de escritura poética. En esta obra, Camilo es protagonista y narrador, con su madre enferma durante la pandemia. Por ciertas alusiones ambiguas de esta su padre biológico puede que no sea el que cree. Al tiempo que permanece junto a su madre en estado casi terminal, Camilo inicia una pesquisa de corte casi detectivesco que lo conduce a desenterrar la memoria de su ascendencia, un itinerario íntimo que se enlaza con el contexto histórico del México de finales de los años sesenta y los primeros setenta, periodo marcado por las aspiraciones revolucionarias, el levantamiento estudiantil de 1968 y la violencia estatal que culminó en las masacres de Tlatelolco y del llamado Halconazo en 1971. En ese proceso afloran las fricciones existentes entre las minorías sexuales y los sectores de la izquierda, así como la postura crítica que su "padre", arquitecto, mantenía frente a las lógicas dominantes del urbanismo. Hay lugar también lugar para enfocar el papel de los nazis que se escondieron en Latinoamérica.

Todo lo que se nos presenta en la obra del mexicano se hace con una perspectiva muy psicoanalítica, la que intenta acomodar la falta o el trauma. El ingreso en el orden simbólico, mediado por la función paterna (Nombre-del-Padre), que permite la separación del deseo materno y la estructuración del sujeto. Ahí arranca la motivación de la novela. Cuando aparece la posibilidad cercana de la muerte de nuestros progenitores hay cuestiones que se activan como si fuese un mecanismo para entender nuestra propia vida a la vez que la de ellos. Las personas que poblaron el pasado e incluso su tiempo anterior desaparecerán y se llevarán con ellos muchas circunstancias que ya la memoria no podrá recuperar. Camilo, el protagonista, comenzará la búsqueda de ese posible padre, aunque en realidad es la búsqueda de su propia vida y de quienes le rodearon, sus historias silenciadas.

La incertidumbre del vínculo

Con todo ello el autor nos ofrece sorpresas a modo de cajas chinas que van reordenando una situación digamos inicial, que se va enriqueciendo y alterando con el conocimiento. Parte de la idea del seminario ‘De los nombres del padre’ de Jacques Lacan, del cual solo impartió una clase y dio una pista al autor para pensar la relación con el padre no como parece arrancar la novela de si está o no, de si fue o no lo fue, sino desde la incertidumbre que puede generar ese vínculo. Un aspecto interesante de la novela radica en la revisión de lo que fue el movimiento revolucionario del México de los 60 a través de una perspectiva un tanto silenciada, a la vez que se propagaba la idea de libertad sexual, esta no incluía la homosexual. El propio autor declaró sobre su novela que "impugna la falta de desmontaje del patriarcado y la homofobia en la generación revolucionaria".

Lo que se va encontrando es lo más interesante, lo impredecible, como todo buen viaje, aunque sea hacia el conocimiento propio, narrado con sutilidad pero a la vez ferocidad.

En ese aspecto es curiosa la perspectiva que nos ofrece. Otro hecho relevante es el de la geografía, la ciudad, Una indagación acerca de las ciudades latinoamericanas, sobre todo México, de la urbe como escenario de lo político y de la manera en que el espacio urbano deja huella en las trayectorias vitales, desde la emoción personal, que se contrapone a otras como Nueva york. El urbanismo alcanza una dimensión muy política, incluso "psicogeográfica". Un aporte muy interesante del propio autor que resulta relevante para entender la obra y transitar por ella con cierta luz reside en la visión de hechos no "sexis" para la literatura, como el suburbio de clase media, poco dados a ocupar lugar en las creaciones. El protagonista pergeña un viaje a Ítaca tras una figura con las siguientes premisas: "arquitecto reconvertido en entusiasta de las demoliciones, teórico del urbanismo revolucionario, secuestrador amateur y amigo de mis padres". Lo que se va encontrando es lo más interesante, lo impredecible, como todo buen viaje, aunque sea hacia el conocimiento propio, narrado como definió otro escritor mexicano, Álvaro Enrigue, con sutilidad pero a la vez ferocidad.

‘Los nombres de mi padre’

Autor: Daniel Saldaña París.

Editorial: Anagrama. Barcelona, 2025.