CRÍTICA
'Fugacidades', de Alfonso González Cachinero: arrojando luz sobre las sombras
El autor reúne sentencias exquisitas, luminosas y sutiles en este premiado libro

El escritor Alfonso González Cachinero, autor de 'Fugacidades'. / EP
En la evolución de la literatura a lo largo de la historia pocos géneros se han ido adaptando a la modernidad más y mejor que el del aforismo. Aforismo es un término que ya en la Edad Media y a principios del Renacimiento estaba en vigor, si bien tenía que ver fundamentalmente con el ámbito médico, acaso por la difusión que en esa época tuvieron los Aforismos de Hipócrates. Aforismo, entonces, determinaba una breve sentencia que resumía con ingenio un saber médico o jurídico.
No es baladí el intento de definir el género, porque de esa definición dependerá, finalmente, que podamos considerar que un texto es o no aforístico. Sin embargo, la constante mutación llevará a diferentes definiciones, cada una sujeta a su momento. Por no alargar mucho la cuestión, digamos finalmente que desde la segunda mitad del siglo XVI el término se amplió al observarse una decidida inclinación hacia lo sentencioso, lo que lo hace cercano a refranes, dichos y sentencias, esto es, a lo filosófico.
Cervantes definirá el aforismo como "sentencias sacadas de la misma verdad". Galdós, por su parte, en el siglo XIX, incidirá en esta cualidad, diciendo que es "portador de una verdad". Un poco más allá irá Bergamín, un gran cultivador del género, quien lo seguirá manteniendo, por decirlo de algún modo, en el ámbito más filosófico que en el literario, señalando que "El aforismo es pensamiento: un pensamiento. Porque se piensa en pensamientos: se dice en pensamientos el pensar. El aforismo es una dimensión figurativa del pensamiento: su sola dimensión".
Finalmente, será Juan Ramón Jiménez quien lo colocará en su actual estado, cercano ya, cuando no inmerso por completo, a lo poético, todo ello sin abandonar su tradicional fondo de pensamiento: "Un aforismo, un poema, un libro contienen, echan, arrastran, recogen siempre una sombra, una sombra que lleva dentro nuestra sombra, que lleva dentro como en todo lo nuestro, algo así como sangre de alma".
El objetivo del aforismo
Y así, con este bagaje, Alfonso González Cachinero nos presenta ‘Fugacidades’, libro con el que ha ganado el X Premio de Aforismos Rafael Pérez Estrada. Cachinero, experto autor, consigue lo necesario, lo juanramonianamente necesario, arrojar luz en las sombras de nuestro espíritu. Y lo hace con aforismos tan elevados como este: "la diferencia entre un perro y un gato estriba en que el perro juega contigo, mientras que el gato juega contigo".
Acudo al concepto "arrojar luz" porque ese debe ser, en última instancia, el objetivo del aforismo, su fin último. Como en el ejemplo que señalo, al principio puede resultar complejo llegar al fondo, a lo que el aforismo quiere revelar, y puede que suframos, como en toda iluminación repentina, en todo fogonazo, un deslumbramiento, pero pronto alcanzamos el destino, ese momento que ilumina un rincón de la mente, de la emoción. Y, si no es eso, no es aforismo. Los de Alfonso González Cachinero lo son, sin duda. Exquisitos, sutiles, luminosos. Anoten, si no, este relámpago: "bucear convalida volar".

Fugacidades
Alfonso González Cachinero
Renacimiento
98 páginas
9,90 euros
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