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CRÍTICA

Crítica de ‘Os escribiré’: Andrea Camilleri antes de ser Camilleri

Este libro reúne la correspondencia familiar durante 1949 y 1960 del creador del inspector Salvo Montalbano, retrato de sus primeros años en Roma, la época en la que se forjó una carrera como director de teatro y televisión, muchas décadas antes de conocer el éxito popular con sus novelas

El escritor italiano Andrea Camilleri, creador del comisario Montalbano.

El escritor italiano Andrea Camilleri, creador del comisario Montalbano. / Julio Carbo

José Luis G. Gómez

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Andrea Camilleri (1925-2019) publicó en 1994 ‘La forma del agua’, la primera de una larga y exitosa serie de novelas protagonizadas por el inspector Salvo Montalbano. Apenas habían pasado un par de años desde que decidió retomar su carrera literaria, abandonada desde 1980, y que jamás había tenido una gran repercusión.

Pero las aventuras de ese detective rebelde de la policía de Vigàta, una ciudad siciliana imaginaria y hoy soñada por millones de lectores, convirtieron al director de teatro y series de televisión en un escritor popular y de gran fama, primero en Italia y después en toda Europa. Ese triunfo le llegó con 69 años cumplidos. Prácticamente todo lo que hemos leído de él ha sido la obra de un narrador anciano pero infatigable, que en poco más de un cuarto de siglo escribió más de medio centenar de títulos.

¿Y qué sabemos del joven Andrea Camilleri? Poco, realmente muy poco. Pero gracias a ‘Os escribiré’ (Salamandra, 2025) ahora podemos descubrir el lado más íntimo del escritor incluso antes de escribir. Lo que ofrece ‘Os escribiré’ es la abundante correspondencia familiar de Andrea Camilleri, especialmente con su madre, entre los años 1949 y 1960.

En aquellos años, el joven siciliano que llega a Roma becado en la Academia de Arte Dramático está muy lejos del célebre escritor que va a ser. Y estas cartas emotivas y minuciosas forman un diario exhaustivo de su vida diaria. Las cartas son, en palabras del propio Camilleri, "informes" de "absolutamente todo" lo que le sucedía en Roma.

Tienen una frecuencia muy regular. Lo cierto es que Camilleri se había propuesto escribir a sus padres "largo y tendido" como mínimo cada tres días, contándoselo "todo" sobre su vida, sin guardarse nada. "Era puntilloso. [...] En su conjunto, las misivas son lo más parecido que tenemos a un diario suyo: con su concreción y sus diligentes anotaciones cotidianas", resalta en el prólogo Salvatore Silvano Nigro, editor de este volumen.

Pobre, pero reconocido

¿Quién era el joven Camilleri recién llegado a Roma? "El joven Camilleri es 'pobre', como acostumbra a confesar con frecuencia. Y también está angustiado, preocupado y ansioso. Pero no le faltan prestigiosos reconocimientos, como poeta, como ayudante de dirección, como director propiamente dicho y como experto en historia del teatro internacional encargado de redactar lemas importantes de la Enciclopedia del espectáculo", resume Silvano Nigro en el prólogo de ‘Os escribiré’.

Estas misivas dibujan el retrato de un joven hiperactivo en sus bulliciosos e inquietos años de formación

Un buen ejemplo de esos reconocimientos a los que alude Nigro sería la participación de Camilleri en la Olimpiada Cultural, en Roma, en la que uno de los principales críticos literarios italianos de los 50, Giacomo Debenedetti, presentaba al "joven poeta siciliano" a un público de figuras tan destacadas como Alberto Moravia, Vitaliano Brancati, Carlo Levi, Alfonso Gatto y Maria Bellonci.

No se trata de un ejercicio de estilo, sino de un autorretrato involuntario e íntimo, sincero y directo

De igual modo, las obras teatrales que dirige reciben reseñas entusiastas, en las que suelen destacar sus geniales ocurrencias, muestra de su querencia por el teatro experimental. Leyendo esta correspondencia, se entiende que Camilleri no sintiera la necesidad de llevar un diario personal, aunque quizá no tardemos en descubrir que sí existió, porque el relato del día a día a sus padres es más completo y confesional de lo que lo suelen ser los diarios.

Nada queda fuera de sus cartas. Camilleri fue un anciano trabajador, pero ahora sabemos que en su juventud vivió jornadas de trabajo maratonianas, y que entre las muchas obligaciones que se echaba a las espaldas nunca faltó la de escribir estas cartas. Ahora, todas juntas, estas misivas dibujan el retrato de un joven hiperactivo en sus bulliciosos e inquietos años de formación, y al igual que comparte desde su dieta a sus cuentas, tan difíciles de cuadrar, también nos revela su acercamiento a las figuras del panorama escénico italiano que serán clave en su vida: Orazio Costa, Vittorio Gassman y Silvio d’Amico.

Porque en estas páginas hay un fiel reflejo de absolutamente todo lo que vivió en esos años, incluso de aquellos días en los que sin una lira en el bolsillo se alimentaba gracias a la generosidad de amigos y colegas -tan es así que su herederos han dejado fuera algunos "fragmentos de los originales para salvaguardar determinados aspectos personales y privados de quienes, desgraciadamente, ya no están entre nosotros", como indican en una nota del libro-.

‘Os escribiré’ revela al hombre antes que al escritor, y por eso su valor es aún mayor. No se trata de un ejercicio de estilo, sino de un autorretrato involuntario e íntimo, sincero y directo, una oportunidad no tan común de conocer mejor a alguien con quien quisieras haber compartido alguna buena conversación, porque es bastante seguro que ese deseo lo compartan casi todos los lectores de Andrea Camilleri, uno de esos escritores tan leídos como respetados. Aquí tenemos una ventana abierta a su juventud, contada como sólo él podía hacerlo.

Os escribiré

Andrea Camilleri

Traducción de Carlos Mayor Ortega

432 páginas

23 euros