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EN PUNTAS DE PIE

Cuánto cuesta encontrar refugio

Para Eva Morell, autora del libro 'Refugio', son las cabañas; para mí, los bancos, un lugar donde leer, donde observar, donde no producir

Eva Morell, autora del libro 'Refugio'.

Eva Morell, autora del libro 'Refugio'. / EP

Saray Encinoso

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Si tuviese que definir qué es para mí un refugio, probablemente pensaría en personas, en momentos, en lugares, en libros. Todos tenemos escondites a los que nos gustaría escapar. Días, ciudades, lecturas a las que regresamos porque, igual que los niños cuando escuchan por enésima vez un cuento y conocen de memoria su final, sabemos que allí nos esperan la pausa y la estabilidad necesarias para no perder el equilibrio. Se habla mucho de la novedad, pero poco del placer, en forma de dopamina y serotonina, que proporcionan ciertas rutinas y certezas.

Eva Morell ha encontrado esa zona de confort, en sentido literal y metafórico, en las cabañas. Su libro 'Refugio' (Debate) es un recorrido por la historia de estas construcciones mínimas que han acompañado al ser humano desde siempre. Desde las primeras estructuras prehistóricas hasta la decisión de Thoreau de instalarse en 1845 junto a la laguna de Walden, Morell propone un viaje a través de los siglos para entender qué nos une a estos espacios reducidos. En el camino aparecen la casa del árbol con la que soñaba de niña; Le Cabanon, de Le Corbusier; o el escondite de Unabomber, pero también reflexiones en torno a 'Doctor en Alaska', la televisión como cabaña y la turistificación que han sufrido muchos alojamientos de este tipo después de la pandemia.

Morell empezó a escribir este libro mucho antes de saber que existiría. Un día, inmersa en ese 'scroll' infinito de internet que a todos nos consume, se encontró con la imagen de una cabaña que la deslumbró. “Era una casa de madera con tejados a dos aguas y una fachada de cristal espectacular cerca de la playa”. Se trataba de la residencia de verano del arquitecto Jens Risom. Aquel interés inicial dio lugar a una 'newsletter' desde la que comenzó a profundizar en el papel de las cabañas a lo largo del tiempo y que, al final, terminó convirtiéndose en este libro.

Una forma más auténtica de vivir

No sabemos exactamente desde cuándo, pero el ser humano parece llevar tiempo buscando una forma más auténtica de vivir. Y, quizá, en los últimos años esa búsqueda se ha concretado, sobre todo, en la necesidad de un lugar desde el que “cuestionar los modelos contemporáneos de felicidad y realización profesional, estándares de la meritocracia en la que anidamos”.

En su texto, Morell recuerda un comentario de Agustín Fernández Mallo que resume bien esta pulsión de escape tan extendida en la actualidad: en los aviones no existe el horizonte, algo que proporciona una paz difícil de describir, “porque al sentir que no perteneces ni al cielo ni a la tierra tu cabeza experimenta una sensación de desconexión muy especial (…); durante unas horas solo existes tú y la tierra vista desde una perspectiva diferente. Eso para mí es un lujo porque de repente te olvidas de todo y habitas un refugio particular y muy introspectivo”.

Tal vez ahí resida una de las claves: en la dificultad -cada vez mayor- de encontrar silencio. Un silencio real, no solo como ausencia de ruido, sino como espacio desde el que pensarnos. No es casual que esta búsqueda se haya ido colando en la literatura, que aparezca una y otra vez la necesidad de retirarse, de detenerse, de mirar desde otro lugar.

Nuestras obsesiones son también nuestros pequeños refugios. Para Morell lo son las cabañas; para mí, los bancos. Llevo años fotografiándolos y pensando en cómo el ser humano se articula en el espacio público de ciudades en las que cada vez es más difícil sentarse sin consumir. Un refugio puede ser un banco donde leer, donde observar, donde no producir. Y ese banco puede estar en cualquier sitio o no existir, porque le ocurre como a la cabaña: se alza “como un recordatorio de lo que somos cuando pisamos el freno, miramos alrededor y valoramos el silencio y la vida a cámara lenta”. El ensayo de Morell ya es un lugar donde muchos hemos encontrado refugio.