ENTREVISTA
Anna Hope, escritora: "Profundizar en el duelo nos da más vida"
La autora británica, que acaba de publicar en España 'Albión', una historia con ecos de Jane Austen, 'Downton Abbey' y 'Succession' que le da una inteligente vuelta a la clásica novela de campo inglesa, concede una entrevista al suplemento 'ABRIL' días antes de visitar nuestro país para presentarla

La escritora Anna Hope, fotografiada en su casa de Sussex, en Inglaterra. / Jonathen Greet

Hace unas semanas, en el episodio de un pódcast que suelo escuchar, hablaban de cómo, más de dos siglos después ('Sentido y sensibilidad' se publicó en 1811), seguimos enamorados de la obra de Jane Austen, un romance a prueba incluso de Netflix, a veces bomba letal para cierta literatura (como muestra, dos botones, 'Pedro Páramo' y 'Cien años de soledad'). Es un género, el de la novela de campo inglesa, adorado hasta por quienes no saben que existe, que son los mejores lectores, pues leen sin el prejuicio al que siempre conduce la superioridad intelectual, peor, en ciertos aspectos, que la moral.
Yo estoy entre las ardientes amantes de Austen (mi favorita es 'Emma'), de ahí mi curiosidad, mezclada con algo de reticencia, por la nueva novela de Anna Hope (Mánchester, 1974), publicada en España por Libros del Asteroide. El argumento, una aristocrática familia se reúne en su tricentenaria mansión en la campiña inglesa para despedir al patriarca, más odiado que venerado, con un oscuro pasado, y de ese encuentro salen chispas y alguna que otra impactante revelación tras la llegada de inesperados visitantes, prometía, y no me defraudó.
Con un título, 'Albión', tan ambicioso como arriesgado, sobre todo en el país natal de la autora, en sus páginas hay humor ácido, pero no corrosivo, crítica inteligente y un oportuno acercamiento a esa historia que las naciones, en su afán identitario, prefieren ignorar, igual que las familias que las construyen.
Creo que fue Richard Powers quien dijo que su nueva novela es siempre una reacción a la anterior. ¿En su caso también es así?
Sí, totalmente. Cuando empecé a escribir 'The White Rock' [su anterior novela] llevaba un tiempo viviendo en México con mi familia, pero tuvimos que regresar por el Covid. Mi padre murió a finales de 2020 y también acabó mi matrimonio. Lo viví con mucho dolor, pero fue una época hermosa, al menos en mi caso, ya que tenía acceso a un jardín, a la naturaleza, fue una época llena de posibilidades. 'The White Rock' era una novela sobre el dolor de diversos tipos y los finales de distintas formas. Así que a continuación quería escribir algo muy local, conectado a la tierra que me rodeaba, en Sussex, en la campiña inglesa, una novela sobre un potencial futuro sin especificar cuál sería. Y así surgió 'Albión', un libro que concebí como las buenas novelas de Jane Austen, quería que se acercara a ese género.
Pero 'Albión' le da una vuelta a ese género, incluso lo renueva, ¿no?
Sí, sin duda. Podría decirse que quise deconstruir ese género. Uno de cada cuatro turistas que vienen a Reino Unido visita una casa de campo. Ahí está el éxito de 'Downton Abbey' y de la propia Jane Austen, es parte de nuestra marca en Reino Unido. Quería cuestionar sobre qué está construido todo eso. Cuando empecé a escribirla, pensé: "Vaya, es una versión moderna". Pero luego, si analizas el género y lees un libro como 'Mansfield Park', por ejemplo, se centra exactamente en lo mismo: el legado, la seguridad frente a la disrupción y la modernidad.
Ahí está el éxito de 'Downton Abbey' y de la propia Jane Austen, es parte de nuestra marca en Reino Unido
Y la familia. Ha dicho que 'The White Rock' era una novela sobre el dolor y las pérdidas. Eso también está en 'Albión', que comienza con el duelo por la muerte del patriarca.
Sí, exactamente. Creo que siempre escribo sobre el duelo. Ya en mi primera novela trataba el duelo tras la Primera Guerra Mundial.
¿Sí?, ¿por qué?
Porque creo que, al profundizar en el duelo, si somos capaces de vivir bien el duelo, tenemos más vida, simplemente nos da más vida.

Anna Hope, autora de 'Albión'. / Jonathan Greet
'Albión' es un título interesante por todo lo que representa: es el antiguo nombre de la isla de Gran Bretaña, derivado de una palabra celta que los romanos asociaban con la blancura. ¿Qué significado tenía para usted, por qué lo eligió?
Cuando lo pensé por primera vez como posible título tuve muchas dudas. Tenía una resonancia muy fuerte, contenía todos esos significados múltiples que chocaban entre sí de forma generativa, potencialmente positiva, pero muchos de esos significados también eran incómodos. En Reino Unido, la idea de 'Albión' se usa a menudo con un tono nacionalista, pero quizás eso sólo sea la superficie y no lo hayamos investigado lo suficiente. La idea de 'Albión' se remonta a un pasado caballeresco, 'El Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda', y se adentra en cómo nos conceptualizamos como país. Al final sentí que era un concepto lo suficientemente grande para albergar muchas preguntas e ideas contradictorias, como debe ser un país, con tantas preguntas y puntos de vista contradictorios.
Y, dadas las circunstancias actuales que vivimos en todo el mundo, ¿cuál sería su ideal de 'Albión'?
Me interesa mucho la tierra y la conexión con ella. Al haber pasado tiempo con pueblos indígenas, atisbo a comprender lo que significa tener una relación recíproca con la tierra, entender que todo está vivo. Me interesa mucho la tierra de una manera que creo que es vanguardista, ya que creo que a la izquierda le ha resultado difícil hablar de la tierra porque rápidamente se asocia con planteamientos de derechas, ya sabes, a quién pertenece. Lo que realmente me interesa es cómo la tierra puede hablarnos, y eso no tiene nada que ver con dónde naciste ni con el color de tu piel. Me pregunto: ¿podemos tener una Albión inclusiva? Porque la idea de que excluya me resulta devastadora. Quiero una 'Albión' que sea inclusiva y espaciosa y esté animada por el amor.
Creo que a la izquierda le ha resultado difícil hablar de la tierra porque rápidamente se asocia con planteamientos de derechas como a quién pertenece
Ahora que habla de la tierra de una forma tan inspiradora, me ha conmovido cómo escribe sobre el amor que siente por la naturaleza Rowan, la hija de Frannie, la heredera. ¿Qué opina sobre cómo la sociedad trata a la naturaleza?
Hemos olvidado que somos parte de ella, y ella es parte de nosotros. La Tierra está viva, igual que nosotros, y tengo la sensación de que, en algún momento de la historia, decidimos que podía ser dominada, poseída y utilizada materialmente. Nos alejamos cada vez más de una relación recíproca con ella. Si viéramos el mundo como una vida, las cosas serían muy diferentes. Yo estoy muy involucrada en el movimiento ambiental, creo que es algo que trasciende nuestra postura política. Creo que es el mismo impulso que permitió el colonialismo, que permitió ver a los demás como inferiores, como pueblos a los que dominar. Es algo que está grabado en el ADN de nuestra sociedad en Reino Unido y empezaba en la escuela, en el tipo de escuelas a las que iba Milo [otro de los protagonistas, hermano de Frannie], donde los jóvenes eran brutalizados y sometidos a ese código de imperio y dominación.
Mientras leía 'Albión', hubo momentos en los que me reproché especular con la posibilidad de que usted se identificara con Frannie, dado que comparten un pasado activista y una hija pequeña. ¿Le irrita que los lectores establezcan conexiones narrativas personales?
No, creo que es muy natural, la verdad. Creo que es muy... quizás les pasa más a las escritoras.
¿Eso cree? Se lo pregunto teniendo en cuenta que estoy muy de acuerdo con usted, eh [risas].
Es que... no sé, creo que quizás la gente, o cierta gente, asumiría que las mujeres tienen menos talento y por eso son más propensas a inspirarse en su propia vida. Pero sí, no me importa. O sea, yo sí me he inspirado en mi propia vida, siempre dibujo mi propia vida. ¿Es 'Albión' una biografía extraída directamente de mí? No, no, no tanto. No soy un aristócrata con mil acres de tierra. Sin embargo, sí me inspiré mucho en las cualidades de mi propia hija para el personaje de Rowan, ella tiene una forma muy particular de estar en el mundo que me inspiró.
Quizás la gente, o cierta gente, asumiría que las mujeres tienen menos talento y por eso son más propensas a inspirarse en su propia vida
¿Y qué me dice de Clara, cómo se sintió al contar la historia de esa joven estudiante afroamericana que llega de Estados Unidos para asistir al funeral del patriarca con revelaciones impactantes sobre el origen de la riqueza de la familia y su historia colonial?
Creo que la primera pregunta que te tienes que hacer es: ¿de verdad necesitas un personaje que provenga de un entorno radicalmente diferente? Los escritores deberíamos poder imaginarnos cualquier cosa, pero también hay una cuestión que plantea Claudia Rankine, la poeta y escritora estadounidense, que dice que a todos esos escritores blancos que hablan de poder acceder a lo que quieran probablemente nunca se les ha dicho que no pueden ir a ningún sitio en sus vidas. He escuchado a muchos escritores blancos mayores decir que es indignante censurarnos o censurar nuestra imaginación. Pero no creo que nadie esté diciendo eso. Lo único que se dice es: ¿podríamos ser más sensibles? La sensibilidad puede significar cosas muy diferentes. En mi caso significó compartir borradores con amigos y luego hacer una lectura sensible en la editorial. Creo que la novela necesitaba la voz de Clara. Una vez que la pregunta es si debería tener su voz y la respuesta es sí, debes intentar hacer la mejor versión posible. Pero si alguien me dijera que ella no les convence o que ese intento no ha funcionado, estaría muy abierta a escucharlo.
Hay un componente folclórico en personajes como Rowan, el leñador con pinta de mago, o Ned, el viejo amigo del patriarca que vive en un autobús, cultiva cannabis y lleva una de vida alternativa. ¿Está su escritura influenciada por los mitos y los cuentos de hadas?
Creo que sí. Siempre hay un elemento casi fabuloso en mi obra, y tengo que ser muy cuidadosa con la cantidad que uso, siempre existe la tentación de tenerlo ahí. También es porque creo en la magia.
¿Cómo que cree en la magia? Explíquese.
Sí, yo creo en la magia, creo plenamente en la magia, y no lo digo en un sentido pequeño, lo digo en el sentido más amplio posible. Creo que hemos perdido la sensación de que este mundo está lleno de encanto, y eso es parte de nuestro dolor como especie, porque ya no sentimos ese encanto cotidiano. No digo que quiera ser una mujer en la Inglaterra medieval, tener diez hijos y todo lo demás. Pero, definitivamente, creo en el encantamiento. Diré eso en lugar de magia. Creo en el encanto, y quiero tener cierto nivel de encanto en mi trabajo.
Creo que hemos perdido la sensación de que este mundo está lleno de encanto, y eso es parte de nuestro dolor como especie
Isabella, otra de las hermanas protagonistas, describe a los inversores como "esos grandes imbéciles corporativos y su fetiche depredador". ¿Qué piensa de cómo esos inversores, principalmente fondos de inversión, están transformando no solo el campo, sino también las ciudades, y cómo eso afecta a quienes, al menos en España, no pueden pagar el alquiler de una casa?
Creo que el derecho a la tierra es fundamental, y hemos olvidado lo fundamental que es. Aún hoy, el 30% de la tierra de este país está en manos de las mismas familias que la heredaron de Guillermo el Conquistador. Pero realmente no hemos hablado de eso. Por eso para mí una de las cosas más importantes del libro fue abordar el movimiento de cercamiento del siglo XVIII; se cercaban las tierras, los pobres del campo se empobrecían y se veían obligados a mudarse a las ciudades. Y luego llegaron las fábricas, y luego... Y así se produjo una revolución total en la forma de vida de la gente, y un empobrecimiento absoluto, que dio origen a la era moderna. Por supuesto, sabemos que hemos obtenido muchos beneficios, pero al mismo tiempo, si nos fijamos en ese momento en que las cosas estaban cambiando, y creo que ahora estamos entrando en un momento similar con la IA, estábamos atravesando una revolución tan grande que no podíamos imaginar cómo sería al final. De nuevo, no quiero ser una mujer en un pueblo de la Inglaterra medieval, no es que esté defendiendo eso, pero quién es el dueño de la tierra y quién tiene acceso a ella es algo que nunca desaparece, está en el centro de todo y, sin embargo, no hablamos tanto de ello.
Dado que vivimos en una época tan incierta, de enormes e interconectadas crisis, necesito preguntarle: ¿qué autores la reconfortan?
No busco comodidad en lugares cómodos. Busco consuelo en los lugares que se enfrentan a los desafíos que estamos viviendo. Admiro profundamente a Vanessa Machado de Oliveira, que forma parte del colectivo Gesturing Towards Decolonial Futures. Ella escribió un libro titulado 'Hospicing Modernity' y acaba de publicar la secuela, 'Outgrowing Modernity'. Dedica el primer tercio a explicar por qué no deberías leerlo, porque es aterrador decir: "Aquí estamos, estamos al final de algo". La modernidad se está muriendo y cualquiera que te diga lo contrario está mintiendo y probablemente intentando ganar dinero. Lo que necesitamos es cuidar, me encanta ese verbo, cuidar. Y decir que queremos honrar los dones de la modernidad, pero también reconocer que hemos superado los límites planetarios. Todos sabemos, como miembros de esta especie, que no hay otro lugar adónde ir. A menos que quieras creer en Trump y Musk y lo que sea, tenemos que lidiar con lo que tenemos aquí y metabolizar nuestros errores como especie para no darles la espalda. Ahí es donde encuentro consuelo: afrontándolo juntos.

Albión
Anna Hope
Traducción de Regina López Muñoz
Libros del Asteroide
400 páginas. 24,95 euros
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