CRÍTICA DE POESÍA
'Sol', de Dafne Benjumea: te llamarán canción
Este libro, escrito desde la creación radical, confirma las expectativas creadas en torno a esta poetisa extremada e imaginativa

La poeta Dafne Benjumea, autora del poemario 'Sol'. / EP
Dafne Benjumea (Marchena, Sevilla, 1993) publicó en 2021 'Desde la hierba' (RIL Editores), con el que llamó la atención de lectores y crítica. Ahora, con este 'Sol', en el mismo sello editorial, se confirman las expectativas que aquellas primeras impresiones habían generado.
'Sol' se esboza como un libro escrito desde la creación radical y la indagación última que ello conlleva. En el panorama poético español, Benjumea se muestra como revelación y fulgor, estrella fugaz que rompe los tradicionales cauces de la racionalidad del lenguaje.
He aquí una exploración a la que solo la vanguardia más osada podrá acercarse. Vanguardia movida por el deber y la responsabilidad para con el lenguaje, aunque eso represente no ser accesible a todos, precisamente por su carácter a veces experimental. Una figura traviesa, descarada y desestabilizadora pulula por estas páginas: "Ah, / ese duende malicioso / allí / como mal puesto / escupe" (13). No obstante este escollo, un aspecto constructivo regirá el poemario. Cromático y luminoso, este 'Sol' se dividirá en cuatro partes o colores: negro, blanco, amarillo y rojo.
Un duende para la sintaxis
Ese duende se encargará no tanto de destrozar, que también, sino de confundir y desordenar la sintaxis lógica del discurso, detonando desde dentro el ordo naturalis: "Alas, alimaña, / para sufrir como nosotros / pese a divino" (17). El lector se convierte en un cocreador, pues debe poner de su parte para producir sentido, planteando el texto como un espacio lúdico donde fundir necesidades hermenéuticas e intereses interpretativos: "Cada voz / un susto / hurones / a la fuga" (14).
Se trata de una poesía extremada e imaginativa que acabará arrastrando al signo lingüístico hasta sus límites finales y más inesperados
La voz autorial no pretende erigirse en centro ni en un cúmulo sentimental, sino decantarse desde la estela vallejiana: "¿Cómo va a sonar esta flauta negra / mal tallada?" (21). Poesía del corazón que se erige en un "Crucero en la noche / donde lloro / y lloro" (ibid.). La poeta maneja sus herramientas con asombrosa precisión cirujana para evocar a Edgar Allan Poe en este poema que trascribimos íntegro: "Señor Cuervo: // Son los siglos una luna oscura / que cabe en la cajita de mi ambición // Cazo con estacas y no quedan carpinteros; / a la cabeza del gusano, en su lodo, / apunté // Oh, herir sin dudar, / pues yo soy la Gran Herida del mundo" (23).
Se trata de una poesía extremada e imaginativa que acabará arrastrando al signo lingüístico hasta sus límites finales y más inesperados, teniendo en cuenta los riesgos que comporta: "Si yerra / oirá el falso acierto / tocarán su nombre / en las danzas de los altos muros" (22). O en esta otra composición, asimismo completa: "Minúscula boca / en su decir tanto // Mechones / en la orilla, / tan mío este mal / que ya nadie recoge // como suspiros las hojas / como suspirrsss // ¿Y me llamaron canción? ¿Soy el lago?" (43).
Instinto
Nos encontramos ante una condensación de ideas, nociones y conceptos que se desensamblan no de manera arbitraria, sino guiados por el instinto y, a la hora de volverlos a unir, no hay cómo organizarlos. Se podrán tocar o no, superponer o no, pero dependerán de un golpe de dados. Y se ensamblarán de nuevo a partir de mecanismos insospechados que forjarán no significados cerrados, sino significaciones abiertas. No el corte aséptico sino la transversalidad del proceso. No habitaciones cerradas sino ventanales. Derivaciones. Ramificaciones en el jardín de los senderos que se bifurcan. Asociaciones de cualquier clase y puntos suspensivos.
Lejos del pasteleo patético o la figuración plana a la que se ha visto abocada la lírica más conservadora imperante, como en un callejón sin salida, Benjumea se asoma a los abismos de lo expresable con absoluta frescura, evitando automatismos y clichés, imágenes tópicas y emociones domesticadas: "Ay del corazón del campanario / asomado por las dulces vidrieras" (50). Y es que hablamos de un corazón que ya fue advertido con anterioridad: "tú / que tan dulcemente / remas / y remas" (36). Sea como fuere, 'Sol' no es un volumen al uso, ni apto para esos degustadores del melodrama en poesía, tan de moda hoy día, sino un género destilado con originalidad y valentía. Atrévanse.

Sol
Dafne Benjumea
RIL Editores
70 páginas
14 euros
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