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CRÍTICA

'Los idólatras y todos los que aman', de Adriana Murad Konings: apocalipsis 22:15

En esta novela, la autora nos recuerda que lo interesante y divertido suele estar fuera del reino de los cielos

La escritora Adriana Murad Konings.

La escritora Adriana Murad Konings. / EP

Diego Marín Galisteo

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En la llegada al infierno de Woody Allen en 'Desmontando a Harry', la voz automática del ascensor enumera a los inquilinos de cada planta: carteristas de metro, críticos literarios, abogados que salen por televisión o criminales de guerra evadidos ocupan su lugar correspondiente una vez que, siguiendo la evolución que se marcó en el Apocalipsis, los dispuestos a hacer el mal comenzaron a perfilar con detalles específicos la generalización que englobaba a "los perros, los que practican las artes mágicas, los que cometen inmoralidades sexuales, los asesinos, los idólatras y todos los que aman y practican la mentira". Es decir, los que quedarán fuera del reino de los cielos y que, en el caso de los últimos, han servido a Adriana Murad Konings (Madrid, 1997) para dar nombre a su nueva novela.

En 'Los idólatras y todos los que aman' (que formó parte de la selección final del Premio Herralde en 2023), hay muchas vías por explorar como consecuencia de una llamativa premisa: el cuerpo de un gato aparece, al día siguiente de ser enterrado, en la puerta de su dueña. A partir de ahí, Rita, la protagonista de esta historia e inquilina de Elisabeth (la dueña del gato Douglas), ve alterada su relación con su vecina y madre de su tutor en la universidad. Un desfile de mentiras y manipulaciones que (Rita lo sabe) tiene su origen en la acción previa de su perro Kurt, responsable de la última aparición de Douglas. Resulta especialmente interesante la conexión entre Elisabeth y Rita, tan alejadas generacional y socialmente, y en cómo tratan de influir una en la otra en su día a día, en lo más cotidiano. Cuestiones que se acentúan con este enredo y que abren las cuentas pendientes entre la misma Elisabeth y su hijo.

Muriel Spark y Henry James

El libro de Murad Konings tiene dos referentes que quedan recogidos en las dos primeras partes. Si la cita del Apocalipsis sirve de entrada a la tercera y última, en la segunda parte es una frase de Muriel Spark la que abre: "La única rareza que tienes es que te fijas en los detalles más disparatados. Es un verdadero disparate". La autora, que conoce el mundo de los talleres de escritura, ha subrayado la importancia de los detalles a la hora de construir una escena, en cómo se puede visualizar mejor la situación que va a afrontar un personaje si hay detalles únicos (disparatados, como es el caso) que den vida. Y de esos hay muchos.

En el caso de la primera parte, es de Henry James de quien se sirve para iniciarlo todo: "Nunca había perdido los nervios, por la excelente razón de que no los tenía". Así, con la oportuna invocación al universo de fantasmas del autor de 'Otra vuelta de tuerca', se fija el apoyo para empezar a entender una de las primeras reacciones de Rita al intentar convencer a Elisabeth de la extraña presencia del cuerpo de Douglas en la puerta de su casa. Junto a esto, las relaciones familiares, la precariedad o la soledad en distintos ámbitos dan profundidad a la trama principal.

La novelista madrileña sigue indagando en las relaciones humanas, como ya hizo en 'Los días leves' (2020), su anterior novela, finalista del Premio Herralde y posteriormente finalista del Premio Nadal, en la que confrontaba a una joven estudiante con una anciana escritora. En el caso de su segunda obra, el vínculo entre la protagonista y su casera nos sitúa muy cerca de la puerta de ese ascensor con acceso al infierno: "Rita comprendía perfectamente que en el caso del gato, el misterioso caso de la muerte, resurrección y segunda muerte de Douglas, como se refería a los hechos delante de Elisabeth, su casera tomara las riendas y quisiera buscar el motivo último por el cual el cuerpo del animal no descansaba en paz. El miedo a los fantasmas era poderoso, Rita lo sabía, pero no era suficiente para que Elisabeth evitase el encuentro espectral. El miedo a la aparición de su querido Douglas se tornaba, por momentos, en deseo".

En la escena del infierno, el ángel caído (Billy Crystal) le dice a Harry (Woody Allen): "Me encanta, esto me encanta, no lo cambio por otro sitio"; poco después, citando a John Milton, Allen añade: "Más vale mandar aquí abajo que servir en el cielo". Queda así la impresión de que lo más interesante y divertido, al menos hasta el momento, suele estar fuera del reino de los cielos.

Los idólatras y todos los que aman

Adriana Murad Konings

Anagrama

320 páginas

20,90 euros