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CUADERNO DE NOTAS

Caminos de la memoria

La poeta Anna Aguilar-Amat ha escrito una novela, ‘Naturalistes morts’, que rompe estereotipos y nos muestra la maleabilidad de los obsoletos géneros literarios

La escritora Anna Aguilar-Amat, autora de 'Naturalistes morts'.

La escritora Anna Aguilar-Amat, autora de 'Naturalistes morts'. / EP

Biel Mesquida

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ANNA AGUILAR-AMAT ESCRIBE UNA HISTORIA DE HISTORIAS. La conocí hace muchos años a través de la lectura de sus poemas, que me entusiasmaron por la irrupción de músicas verbales nuevas y singulares de una valiente mujer. Leí 'Petrolier', que ganó la Englantina d’Or de los Jocs Florals de Barcelona 2000; 'Tráfico entre dos vuelos' (Proa), Premi Carles Riba 2000, y 'Música y escorbuto' (Empúries), Premi Màrius Torres 2001.

Ella definía el mester poético así: "La poesía es arte de la combinatoria y del reciclaje: la habilidad de relacionar cosas que existen más por separado y que juntas suman vida en objetos estéticos que pueden transmitir belleza y energía al propio autor ya sus lectores". Y la invité en mayo de 2003 al Festival de Poesía del Mediterráneo, donde, en el patio de la Misericordia, recitamos, cantamos y convivimos con 12 poetas de nueve lenguas y culturas. Ella decía que había dedicado su vida a entrelazar palabras y silencios con un objetivo: abrir senderos transitables.

NOVEDAD DE AHORA. Aguilar-Amat acaba de sacar una novela que, con una libertad de expresión singularísima, rompe convenciones, estereotipos y nos muestra la maleabilidad y la capacidad de fusión de los obsoletos géneros literarios. 'Naturalistes morts' (Pagès Editors) está construida con una estructura de siete partes que escriben y describen, muestran y escenifican, presentan y representan, enfocan y nublan, crean un verdadero palimpsesto familiar, por un lado, y un panorama del nacimiento de la ciencia biológica en la cultura catalana, por otro.

El libro se lee con el fervor de la tragedia dentro de la cotidianidad de una novela policiaca con una lista de personajes que se encuentran, se encuentran y se pierden, se entrelazan y se deshacen, crecen juntos y mueren separados, respiran y se angustian, buscan y viven aventuras domésticas, se autoficcionan y se martirizan, son objetivos por científicos y subjetivos por poéticos, se entremezclan, se separan, intrigan, aman, asesinan, envidian, sufren, escriben artículos y diarios, desaparecen en las mil y una aventuras de unas vidas apasionantes.

Compleja la documentación de los materiales, fervoroso el ensombrecimiento, a veces el delirio, otras la crueldad, otras la inocencia, otras el ingenuismo, otras el dolor, que constituyen un friso panorámico que ocupa un siglo largo, finales del XIX, XX y primer cuarto del siglo XXI. Todo, contado con una pluma verosímil, elegante, ligera, que se lee con curiosidad, entrega y con las sensaciones más secretas del entretenimiento.

EL MASTER DE CREAR TELARAÑAS DE PERSONAJES. Joan-Baptista de Aguilar-Amat es el catalizador de esta galería de vidas, mosaico de historias, quebradizo de biografías, hecha por Aguilar-Amat a mano y a conciencia. A mano significa que escribe con un lenguaje llano, muy sencillo y a la vez malo de hilar sin caer en barroquismos de andar por casa y en orfebrerías de salón. Y a conciencia, que detrás de estas 358 páginas hay un trabajo de información gigantesco: informadores presenciales e informes de archivos de instituciones diversas.

Y sobre todo existe la sensibilidad y la lucidez de una escritora que se ha remangado, ha cogido la pluma y toda su memoria personal y ha creado un despliegue narrativo de autoficción que ella califica de fractal y que con cartas, con diarios, con confesiones familiares, con documentos científicos ha tejido este tapiz impresionante, deslumbrante, íntimo, histórico, fantasioso, imaginativo, donde nos deja un universo lleno de aventuras, de pasiones fijas, de itinerarios, de suspense y de intriga, de momentos tiernos y momentos crudos y crueles de la guerra incivil del 36 y de las otras guerras.

Ha hecho una trama de la memoria individual y de la colectiva, umbrales problemáticos de lo biográfico y de lo científico, una arqueología del pensamiento que hace excavaciones desde el siglo XII al siglo XXI para encontrar la genealogía y la identidad de los Aguilar-Amat, excediendo las distinciones categóricas, tomando senderos por las oblicuidades, relanzando convergencias y jugando con las interrupciones.

UN ‘THRILLER’ PSICOLÓGICO QUE NO SE ATREVE A DECIR SU NOMBRE. Más importantes que los hechos es lo que sucede en las mentes. El estilo libre indirecto permite acceder al cerebro de un personaje mientras la narración avanza en primera o tercera persona a través de cartas, periódicos, documentos o informaciones variadas. Este estilo libre indirecto hace posible la creación de espacios de ambigüedad, de inseguridades, de intenciones de los personajes, atmósferas sospechosas en las que la verdad y la apariencia juegan entre claroscuros, invasiones sutiles de la fantasía, entre presencias reales, sombras y claridades como arenas movedizas y lagunas mentales. Un trabajo artesano en el arte de cortocircuitar imágenes para extraer una tormenta de deslumbramientos.

UNA INVENTORA DE SENSACIONES. Aguilar-Amat ama los objetos. Y hace que en la primera parte se conviertan en los hilos conductores de la vida familiar de la protagonista. El armario de ébano, la mesa del comedor, la tabla de planchar, la consola isabelina, la mesa del taller, la cama bajo el crucifijo, el bufé. Cada uno de estos títulos es el hilo de la madeja que Aguilar-Amat enreda para desplegar, con un lenguaje que ella califica de "directo" y yo diría que es un bordado lleno de detalles que despiertan un caleidoscopio de sensaciones en el lector y lo colocan en el interior de la familia protagonista con toda su cronología, con una trama sólida, con algunas sorpresas para hacer boca, con puntos de vista diversos que dan perspectivas ricas y amplias. Acelera y frena con la maestría de una conductora arriesgada y no olvida que la literatura es música, ritmo de una prosa que debe alegrar el oído del lector por un lado, y por otro un séquito de aventuras memorables y saltos, que le seduzcan por la vista, por el cuerpo y por el espíritu.

PEQUEÑO FINAL. Creo que con estas notas que he garabateado y puesto en limpio queda claro que 'Naturalistes morts' es un libro que vale la alegría leer. Y doy testimonio de que la amiga poeta Anna Aguilar-Amat ha hecho un trabajo valioso que les descubrirá muchos personajes y paisajes que nunca pensó que podría ver, sentir y amar. ¡Milagros de la buena literatura!