CRÍTICA
'La prueba de audición', de Eliza Barry Callahan: escucha el sonido del mundo
Esta novela reivindica un desplazamiento, una desterritorialización de un sentido

La escritora Eliza Barry Callahan, autora de la novla 'La prueba de audición'. / EP

En un momento de 'La prueba de audición', Eliza Barry Callahan (Nueva York, 1995) cuenta que el astrónomo Johannes Kepler se obsesionó con el sueño de un gran general que, "una noche sin luna", oye un sonido intenso y hermoso. Una voz le informa de que ese sonido es que el que producen los planetas al desplazarse, y entonces Kepler se dedica a buscar una nota musical para las distintas velocidades de cada planeta, llegando a componer lo que podríamos denominar una "partitura orbital" del universo, siempre en permanente mutación, solo perceptible desde el intelecto, no desde el oído.
Es una idea que, en cierto modo, recoge ese "trueno resonando sin cesar" que aparece en el sistema auditivo de la narradora y que sería similar al sonido, voluminosamente metálico, que Tilda Swinton escucha en la excelente 'Memoria'. En la película de Apichatpong Weerasethakul, la botánica protagonista se convierte en antena de las voces negadas por la historia, un depósito galáctico que condensa el devenir del tiempo en un sonido que no procede de ninguna parte, o, mejor dicho, procede del origen de todas las cosas.
En esta novela, Callahan tiene que aprender a reconfigurar su mundo viajando, de alguna manera, a ese origen, también al del lenguaje. He aquí, pues, un texto que relata una nueva aventura de la percepción, y que lo hace rechazando las convenciones de lo narrativo. Es, pues, una novela de pensamiento sobre la metafísica de lo sonoro.
Subjetividad femenina
El proceso de sordera sobrevenida que sufre la narradora, que fácilmente podemos identificar con la autora, provoca el despertar de una subjetividad femenina que, en su progresivo aislamiento, descubre una manera distinta de enfrentarse a sus traumas y a su imaginario creativo.
Callahan elabora un apasionante tejido de reflexiones sobre una realidad que empieza a medirse según los miligramos de las medicinas que toma para mejorar su enfermedad
La novela es deliberadamente dispersa, ensayística, diríamos que filosófica: a través de la interacción con su madre, con una amiga enferma de esta, con un hipnoterapeuta que intenta aliviar su pérdida de audición, con un director de cine o con la escucha de The Buzzer, una emisora de radio que emite zumbidos que interrumpe con fragmentos ocasionales de voz, Callahan elabora un apasionante tejido de reflexiones sobre una realidad que empieza a medirse según los miligramos de las medicinas que toma para mejorar su enfermedad, inmersa como está en un divorcio de lo cotidiano que hace que todo enmudezca.
"Me sentía más cerca de mí misma", sostiene, y ese grado de intimidad se traduce en una prosa poética y descarnada, que funciona como una suerte de traducción a 4’33’’, obra musical de John Cage a la que Callahan cita explícitamente.
La escritora neoyorquina, miembro del dúo Purr, confesaba que su segundo álbum, 'Who is afraid of blue' (2023), titulado al calor de una pintura de Barnett Newmann, también podía conversar con 'La prueba de audición'. Hay algo, pues, de musical en la novela, que lo que hace, en esencia, es reivindicar un desplazamiento, una desterritorialización del sentido a través justamente de un sentido ignorado por la literatura, mucho más preocupada por crear imágenes perdurables que por generar universos sonoros significativos. Al fin y al cabo, la conciencia de un personaje es voz, y la voz hay que aprender a escucharla.

La prueba de audición
Eliza Barry Callahan
Traducción de Rita da Costa
Anagrama
176 páginas
19,90 euros
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