CRÍTICA
'What we can know', de Ian McEwan: sin GPS
En su última novela, que llegará a las librerías españolas en los próximos meses, el autor británico mezcla varios relatos, teje historias y se abraza a reflexiones éticas

El escritor Ian McEwan. / Ferran Nadeu

Año 2119. Nigeria gobierna una tierra postnuclear. Un profesor que vive en los archipiélagos de lo que queda de la antigua Gran Bretaña busca una poesía de nuestros tiempos para intentar entender su pasado. Ian McEwan mezcla varios relatos, teje historias, se abraza a reflexiones éticas y tiene, incluso, tiempo para amparar una preciosa y divertida batalla dialéctica entre clases sociales a propósito del uso del lenguaje, sobre todo de ciertos adverbios. En medio del lío, sus obsesiones: relaciones de pareja, conversaciones banales, fidelidades, adulterios, enfermedades y crímenes. Lo de menos del libro, en cualquier caso, es cómo llegó el ser humano al futuro.
Todo más que predecible. Desde los efectos del cambio climático hasta el estallido de la primera de las guerras nucleares que se avecinan; con sus múltiples inundaciones y subidas del nivel de los océanos, que hacen desaparecer las ciudades que estaban en el litoral. A eso hay que sumar un sinfín de cambios geográficos y demográficos. La población de la Tierra es de 4.000 millones y la piel del ser humano se ha oscurecido debido a las migraciones y mezclas sociales. Aunque ya estábamos avisados, se lee entre líneas, siempre podría haber sido peor. Al menos, queda margen para el optimismo y las ilusiones gracias a uno de los protagonistas.
Crítica mordaz al presente
Se llama Tom y es un académico encantador que intenta reverdecer tiempos literarios pretéritos frente a las dudas de sus contemporáneos, a quienes no les interesa para nada el pasado. Tom se ha propuesto ir en búsqueda del poema perdido 'Una Corona para Vivien', firmado por uno de los autores insignes del primer cuarto de siglo XX: Francis Blundy. A Tom le acompaña en su desafío Rose, colega e historiadora. Entre ambos, envueltos en una relación sentimental con tropezones incluidos, hay algunas de las escenas más animadas del libro. Desde un baño en el mar de la nueva Escocia del futuro y encuentros gastronómicos. ¿Se come mejor hoy o en 2015? Todo, cabe decirlo, muy casto.
No faltan los tics políticos y las menciones a la reciente invasión rusa de Ucrania, donde, quién sabe, empezó el fin del mundo tal como lo hemos conocido
Hasta que no empieza la segunda y más interesante parte del libro, McEwan se esfuerza por retar al lector a seguir sus constantes idas y venidas temporales, con el objetivo de que Tom y Rose encuentren ¡sin GPS!, como en la Isla del Tesoro, el manuscrito original de Blundy. Este personaje, que se presenta casi como un diosecillo de la antigüedad, queda pronto descubierto a medida que la trama avanza.
Así, a medida que se empequeñece el presunto e insoportable poeta, la auténtica protagonista del libro es su amante y posterior esposa, Vivien, que se convierte en el centro de gravedad de la obra contando su vida desde su animada juventud. Aquí aparece el McEwan más conocido, ya olvidado el pedazo de apocalipsis. Son estos diálogos, mostrando las obsesiones y mentiras de esta clase intelectual londinense que está convencida de vivir por encima del resto de la humanidad, donde se ve al mejor autor. En esta crítica mordaz al presente no faltan los tics políticos y las menciones a la reciente invasión rusa de Ucrania, donde, quién saben, empezó el fin del mundo tal como lo hemos conocido.

What we can know
Ian McEwan
Jonathan Cape
297 páginas
22 libras
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