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Opinión | DAME UNA NOCHE

Cambie usted de opinión

La vida se vuelve más interesante en la medida que el guion depara un giro inesperado y de repente nada es como parecía

El escritor Julian Barnes, autor del libro 'Mis cambios de opinión'.

El escritor Julian Barnes, autor del libro 'Mis cambios de opinión'. / Robert Ramos

Cambiar de opinión no es tan malo. De hecho, posiblemente sea buenísimo. Me refiero a esos cambios en tu relación personal con el mundo a lo largo del tiempo que no ponen en riesgo tus convicciones, tu humanidad, tu inteligencia, sino que más bien las reflejan e intensifican. Me asombra para bien la gente que muda de opinión, y que admite que no tenía razón, ni antes, ni seguramente ahora, porque más adelante volverá a replantear sus posiciones. No es fácil. Tendemos a los esfuerzos extraordinarios para poner la razón de nuestra parte. "Déjame a mí, que tú eres pequeña y lo puedes romper", le dije a mi hija el día que intentó transportar un florero con agua, y a los cinco segundos de quitárselo lo rompí yo.

A su modo la razón esclaviza, sienta un peliagudo precedente. La tienes una vez y ya pretendes tenerla siempre, pues te dejó buen sabor de boca su posesión. Crees que le cogiste el tranquillo, y que eres un hacha, y que los demás son unos zoquetes. Cambiar de opinión, sin embargo, te hace libre. Hoy estás en un lugar, mañana en otro, pasado en uno distinto. Es una aventura ver las cosas de distinto modo según la época. Como cuando respondes "sí; no; bueno, sí; espera, no; bah, qué más da, sí; aunque mejor no", y la pregunta es solo si quieres vino tinto.

Julian Barnes desmenuza en 'Mis cambios de opinión' (Anagrama) en qué medida nuestras posiciones varían con el paso del tiempo. "Cambiamos de opinión sobre infinidad de cosas, desde cuestiones de gustos –los olores que preferimos, la ropa que vestimos–, estéticas –la música, los libros que nos gustan–, o de afiliación social –el equipo de fútbol que seguimos o el partido político al que votamos–, hasta las verdades más trascendentales: la persona a la que amamos, el dios al que veneramos, la significancia o insignificancia del lugar que ocupamos en un universo aparentemente vacío o misteriosamente lleno. Definimos estas preferencias de manera constante".

Según Barnes no es solo que algunos hechos reorienten nuestra vida. "Sumidos en un torbellino de emociones, nuestra mente cambia". Y después de una mudanza mental pueden caerse del pedestal las croquetas, la autoficción, y su lugar ser ocupado por el aguacate, el 'romantasy' o los disfraces de monjas.

Gustos literarios

Entre los aspectos en los que el cambio de postura es inevitable se encuentran muy a menudo los libros. Ciertísimo. El paso del tiempo transforma nuestras aversiones y nuestros encantamientos hacia según qué títulos y escritores, porque nuestros gustos evolucionan. Barnes cita el caso de George Simenon, del que en su juventud leyó muchas novelas policíacas, las protagonizadas por Maigret. "Poco a poco fui conociendo datos de su vida: su fama y riqueza, que era muy mujeriego y se jactaba de sus andanzas sexuales, y que tenía la extraordinaria convicción de que tenía que ganar el Premio Nobel".

Eso fue transformando su opinión sobre el novelista. Pero un día le preguntó a su amiga Anita Brookner qué estaba leyendo, y le contestó que Simenon. No la seria de Maigret, sino los 'romans durs' (unas doscientas novelas). Le pidió que le recomendase una, y le propuso 'En casa de los Krull'. Barnes compró un ejemplar, pero solo leyó unas páginas.

Años después, cuando falleció su amiga, el escritor británico la homenajeó acabando la novela, y entonces descubrió a un George Simenon nuevo, más profundo, oscuro, en el que "el mundo no lo descubre ni explica un detective afable, sino que se nos muestra sin mediación alguna, sin juicios, con toda su desolación y su ambigüedad moral". En algunos momentos se vio leyendo seis y hasta más novelas seguidas de Simenon. "Y ahora sí creo que fue merecedor del Premio Nobel", remata. La vida se vuelve más interesante en la medida que el guion depara un giro inesperado y de repente nada es como parecía.