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CRÍTICA

'Las leyes de la caza', de Pilar Fraile: el espejismo del refugio rural

La autora radiografía nuestra sociedad en este 'thriller' que sitúa a las mujeres en el centro

Pilar Fraile, la narradora infatigable

La escritora Pilar Fraile, autora de 'Las leyes de la caza'.

La escritora Pilar Fraile, autora de 'Las leyes de la caza'. / EP

Marta Marne

Marta Marne

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'Las leyes de la caza', de Pilar Fraile (Salamanca, 1975) no da tregua ya desde el primer párrafo: nos sumerge en la historia desde el arranque. "Oliver ha desaparecido", murmura Jana; "mi hijo ha desaparecido". Hace apenas unas semanas que Jana dejó atrás su vida en la ciudad y se marchó con Oliver a La Comunidad, un grupo de crecimiento personal en una región montañosa. Tras un divorcio devastador, decide dar un giro radical: vida rural, nuevas rutinas y una comunidad que colabora en el cuidado de su hijo. Adiós al consumismo, al derroche, a vivir en automático.

Cuando Oliver desaparece, la comisaria Carmen empieza a hacer preguntas. En La Comunidad han acordado no hablar de lo ocurrido aquella noche: están habituados sentir desconfianza del exterior. Además, ¿cómo van a explicar su forma de vida? Cosas como que se alimentan de los desperdicios de los supermercados, que el aprovechamiento roza –si no sobrepasa– la intoxicación. Oliver, aturdido por los cambios, buscó vínculos fuera del grupo desde el principio. Como el Manco, un hombre que le enseñaba a pescar y sobre el que pronto recaen las sospechas.

Esta es una novela en la que la acción sostiene el avance –la necesidad de saber qué ha ocurrido con Oliver–, pero cuya fuerza real se desplaza a otros territorios. La historia acaba funcionando como radiografía de las comunidades rurales, del abandono al que las sometemos y de cómo recurrimos a ellas cuando se tambalea el 'mundo civilizado'.

Fraile confronta las fantasías del refugio rural y las tensiones del presente con una lucidez incómoda

La figura del lobo, siempre polémica, sobrevuela como recordatorio constante: un ser al que culpar sin preguntarnos por las causas reales de los ataques ni por el modo en que nuestras decisiones han transformado su entorno. El hombre contemporáneo parece que ha decidido esquilmar todo lo que considera propio por derecho, ignorando las consecuencias y a quienes habitan esos territorios.

Novela de personajes

Es, ante todo, una novela de personajes. Destacan, por encima del resto, Jana, la comisaria Carmen y Celeste. Las voces femeninas no suelen ocupar el centro en la ficción rural, un territorio todavía muy marcado por el imaginario del wéstern: el hombre blanco que llega para poner orden. Aquí, en cambio, la mirada femenina –sin pretensiones de ser mejor ni más legítima– resulta más compasiva; permite fijarse en detalles que otras narrativas tienden a dejar fuera.

Fraile dialoga con ciertos clichés del género para subvertirlos. Ahí está la comisaria alcoholizada, cuya voz muestra la soledad y la dificultad de sostener el respeto en un entorno masculinizado. O la nueva novia del ex de Jana, que deja de ser un personaje superfluo para reflexionar sobre su relación y su deseo de huir de ella. Y está Jana, una mujer vulnerable que ha acabado en las redes de una secta, que confunde la serenidad que siente con el control mental.

Una novela sobre la soledad, sí, pero también sobre las grietas que aparecen cuando intentamos aferrarnos a una idea de comunidad que nunca es tan pura como promete. Fraile confronta las fantasías del refugio rural y las tensiones del presente con una lucidez incómoda, recordándonos que, a veces, lo que más tememos —el lobo, la secta, el otro— no es más que el reflejo de nuestras propias contradicciones.

Las leyes de la caza

Pilar Fraile

Candaya

224 páginas. 20 euros