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Opinión | CUADERNO DE NOTAS

Biel Mesquida

150 años de 'El pi de Formentor'

Recordar esta efeméride es muy necesario para luchar, por un lado, contra la ola de ignorancia que nos ataca, y, por otro, contra la minoración de la lengua catalana

El poeta y sacerdote Miquel Costa i Llobera, autor de 'El pi de Formentor'.

El poeta y sacerdote Miquel Costa i Llobera, autor de 'El pi de Formentor'. / EP

EL INSTITUT D’ESTUDIS CATALANS. Fue hacia 1961, cuando era un adolescente que tenía 14 años y estudiaba el bachillerato en el Colegio Ramon Llull de Manacor, cuando pude conocer a aquel sabio lingüista y editor, Francesc de Borja Moll, cuya modélica figura me habían presentado en las clases clandestinas de cultura de catalán como defensor de la lengua y la cultura en tiempos muy difíciles, por un lado, como sabio gramático, conferenciante, buscador y escritor, por otro. Nos hizo, con un lenguaje llano y bien claro, una conferencia magistral sobre la lengua catalana, que, aunque fuera nuestra lengua materna, estaba prohibida en la enseñanza por la dictadura franquista, y de la que él era uno de los trabajadores más fervientes.

Nos contó la labor de aquel hombretón manacorense, Antoni Maria Alcover, su maestro, con el que habían hecho el 'Diccionari Alcover-Moll', que reunía todo el léxico catalán en una cómoda histórica. Y también nos dijo que mosén Alcover fue el primer presidente de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans, la academia de academias, que es el único ente de creación política e institucional catalana.

Fue fundada en 1907 por Enric Prat de la Riba, presidente de la Diputación de Barcelona y en 1914 de la Mancomunidad de Cataluña. Nos detalló su carácter pluridisciplinar, que agrupa todos los ámbitos del saber. Y subrayó que contaba con miembros procedentes de todos los territorios de lengua y cultura catalanas: Catalunya, la Comunidad Valenciana, las islas Baleares, Andorra, la Catalunya del norte, la Franja y el Alguer. Recuerdo que tomé apuntes de sus palabras, que me sirvieron para tener claro todo lo que en la enseñanza oficial no existía.

Me alegró mucho saber que teníamos en el Institut d’Estudis Catalans un ente de referencia normativa para la lengua catalana en su conjunto. Aprecié muy bien que el IEC ejercía a la vez de academia de la lengua catalana y de centro de estudios de investigación en todas las materias del saber. Y que, como eje vertebrador de la lengua, se encargaba del estudio del catalán, de establecer su normativa y de velar por el proceso de normalización. Y también contribuía a la planificación, la coordinación, la realización y la difusión de la investigación en las diferentes áreas de la ciencia y la tecnología.

Aquello era todo un prodigio, un sueño como el que tenían las culturas 'normales' como la francesa o la italiana. Además de enseñarnos todo eso, "el padre Moll", como lo llamábamos, nos ayudó a crear una revista ciclostilada en catalán, 'Arbre', y para mí fue el principio de una bella amistad que duró hasta su muerte.

DOS FECHAS HISTÓRICAS. Este año celebramos esta fecha histórica en la literatura catalana. A los 21 años, Miquel Costa i Llobera escribió uno de los poemas más bellos y más universales de la Renaixença, que se ha traducido a más de 50 idiomas. Y también este 2025 hace 125 años que Costa i Llobera acabó el poema lírico-narrativo 'La deixa del geni grec', que cuenta las aventuras de unos navegantes griegos que llegan a la Mallorca talayótica y se encuentran con la mítica sibila Nuredduna. Estoy contento porque a lo largo del año se han recordado estos dos poemas y estas dos fechas en numerosos actos, lo que es muy necesario para luchar, por un lado, contra la ola de ignorancia que nos ataca, y, por otro, contra las minoraciones de la lengua catalana.

Hace unas semanas, el 30 de octubre, se inauguró el curso 2025-2026 del Institut d’Estudis Catalans en Barcelona y el presidente de la Sección Filológica, Nicolau Dols, me invitó a que llevara con mi voz al público y simbólico acto un fragmento de 'La deixa del geni grec' y 'El pi de Formentor', lo que me alegró mucho. Introduje cada uno de los poemas y subrayé que Costa i Llobera era miembro del IEC. Y como prueba de amistad, dediqué mi recitación al amigo de bachillerato y miembro del IEC Antoni Riera Melis, que nos dejó recientemente. Destacaré la conferencia de Pere Puigdomènech, de la Sección de Ciencias Biológicas, que tituló 'El lugar de la ciencia en la sociedad catalana' y en la que defendió, con un estudio muy amplio, que necesitamos un sistema propio de investigación y que las instituciones financien más justamente la ciencia, porque no hay progreso sin ciencia.

Ese mismo día, también en el IEC, se llevó a cabo una sesión académica de estudio para conmemorar el aniversario de 'El pin de Formentor', con la participación de Nicolau Dols, presidente de la Sección Filológica; Ramon Pinyol, presidente de la Sección Histórico-Arqueológica, y Joan Mas y Caterina Valriu, miembros de la Histórico-Arqueológica. Dols describió el trabajo de Costa i Llobera como lingüista y destacó su defensa de una lengua catalana culta y unificada. Pinyol explicó su relación con Catalunya y, singularmente, con Jacint Verdaguer. Mas presentó sus investigaciones sobre las fechas de escritura y publicación de 'El pi de Formentor' y se extendió sobre su significado. Y Valriu mostró los paralelismos entre las poesías de Costa i Llobera y los personajes de los cuentos mallorquines.

Acabaré con la importancia que creo que tiene el IEC, porque posee una mirada muy completa sobre el conjunto de nuestra nación y esto hace que no sea una estructura de Estado, sino algo más importante: una estructura de nación. Solo la Red Vives de Universidades –fundada por personas tan sabias y preclaras como Nadal Batle, rector de la Universidad de las Islas Baleares; Joan Martí i Castell, rector de la Universidad Rovira i Virgili; Josep Nadal, rector de la Universidad de Girona, y Pedro Ruiz, rector de la Universidad de Valencia, entre otros– y la Universidad Catalana de Verano de Prada comparten esta visión global sobre el conjunto de nuestro país. Son de las poquísimas instituciones públicas que lo hacen. Ya iría bien que nuestro sistema editorial, nuestro sistema de comunicación audiovisual y, en general, nuestro sistema de representación política tuvieran ese mismo alcance.