PERFIL
Lionel Shriver: al natural, rebelde
A la autora estadounidense le importa un bledo agradar, y de esto va también su última novela, 'Manía', elocuente título para lanzarse a cara de perro contra lo políticamente correcto

La escritora Lionel Shriver, autora de 'Manía'. / Albert Bertran

Nació "rebelde por naturaleza" Margaret Ann Shriver, Carolina del Norte, 1957. Hija de un ministro presbiteriano y un ama de casa volcada en la misma causa. A los 8 años renunció a la religión heredada y a los 15 se puso el masculino nombre de Lionel. No fue una cuestión transgénero, ni siquiera es homosexual. "Sólo aspiraba a ser alguien. Mi padre era el jefe, y él y mi madre tenían mayores expectativas para mis dos hermanos. Ah, y un pequeño detalle: los hombres dirigían el mundo. Ya en la adolescencia no aceptaba las cualidades femeninas de debilidad, indefensión, ternura y modestia. Ya era ambiciosa". Me escribe desde su casa en Portugal.
Su mayor ambición: ser leída. Autora ya de 18 novelas. Necesitó tesón: no fue reconocida hasta la octava, 'Tenemos que hablar de Kevin' (Premio Orange 2005, 'best seller' mundial y llevada al cine con gran éxito), que previamente había sido rechazada por 30 editoriales. Hasta entonces, máster en periodismo por Columbia, fue corresponsal en Belfast y cubrió conflictos en Nairobi, Israel y Bangkok para los mejores periódicos internacionales, un periplo que terminó en Londres coincidiendo con su éxito editorial.
Los asuntos de sus ficciones son abiertamente incómodos, críticos, poco románticos; diríase que a Lionel Shriver le importa un bledo agradar, y de esto va también su última entrega, 'Manía' (Anagrama), elocuente título para lanzarse a cara de perro contra lo políticamente correcto, que a su juicio ha desembocado en el 'wokismo' y que a su vez le ha puesto contra lo que siempre ha defendido: la democracia plural.
Doble dirección
La novela juega en una doble dirección, la actualidad que le resulta insoportablemente coercitiva y el pasado de una niña hija de un matrimonio de Testigos de Jehová ("mil veces más opresivos que el liberalismo demócrata presbiteriano en el que yo fui educada; pero sí, tiene un toque autobiográfico"). Sobre el asunto político, añade: "Dar la espalda a la iglesia fue uno de mis primeros actos de independencia intelectual, y facilitó mi independencia política. Tanto, que ya ni siquiera soy fiel al Partido Demócrata: no tengo claro cuál de los dos partidos (norteamericanos) me cabrea más".
Su aspecto medidamente andrógino ("de niña era un marimacho"), revela un anticonvencionalismo furibundo en 1) su literatura; 2) su comportamiento (a)social: "Sólo obedezco las normas que tienen sentido, no te imaginas qué tormento es pasar conmigo el control de seguridad de un aeropuerto, o lo loca que me volví durante la pandemia".
Y 3) sus relaciones afectivas. Tuvo un primer "matrimonio de prueba" a los 21 años que duró medio pitillo: "Mis padres me presionaron para casarme con un compañero de la universidad, es algo que ahora me avergüenza muchísimo"; su segunda pareja fue un ensayista y su tercera y actual es un batería de jazz de quien se enamoró cuando él acababa de divorciarse, precisamente de su agente literaria, la misma que se había negado a representarla para 'Tenemos que hablar de Kevin'. "Todo el mundo dio por hecho que le había robado al marido por venganza, pero no fue así".
En verano de 2024, le diagnosticaron a Shriver el síndrome de Guillian-Barré, un desorden autoinmune que afecta a su sistema nervioso y a sus músculos, como si lo hubiera anticipado en su anterior novela: 'Should We Stay or Should We Go'. Definitivamente, hemos de irnos.

Manía
Lionel Shriver
Traducción de Daniel Najmías
Anagrama
384 páginas. 22,90 euros
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