REPORTAJE
La clase alta en la literatura: sandwichitos para merendar y secretos ocultos
A lo largo de la historia se han publicado cientos de títulos sobre ‘las alturas’: de Jane Austen a Francis Scott Fitzgerald, pasando por Truman Capone y León Tolstói, todos reflejaron en sus novelas la vida de burgueses y aristócratas. Una existencia, la de los ricos, que sigue enganchado a muchos lectores

Leonardo DiCaprio, en un fotograma de la adaptación al cine de 'El gran Gatsby' dirigida por Baz Luhrmann. / EP
Aunque se haya contado mil veces, la historia no pierde interés porque este reside en la voz que la narra. El argumento es el siguiente: un hombre poderoso se encapricha de una mujer más joven a la que deja embarazada de un niño que crece sin padre. La superioridad de él puede venir de su posición social, de su edad o de ambas a la vez, al igual que la inferioridad de ella. Pero el resultado suele ser que la madre carga con la criatura para el resto de su vida y el padre continúa con su existencia sin ejercer como tal. Es la base de la novela corta 'Un adiós' que la novel Bárbara Arena acaba de publicar en la colección 'Episodios Nacionales' de la editorial Lengua de Trapo en colaboración con el Círculo de Bellas Artes.
Como se decía, es la pericia de quien firma el relato la que consigue que este artefacto literario tenga interés. Arena ha ubicado a los protagonistas de su libro en la clase más alta del país, tanto que por encima solo está el dios en el que creen ya que él es un rey (que los lectores pueden reconocer sin problema) y ella una integrante de su entorno cercano. Se trata de una maniobra peligrosa por parte de la propia escritora, porque ella misma pertenece a la élite y podría haberse metido en dos charcos igual de fangosos: la parodia o la adulación, aunque los ha esquivado.
Arena sabía que en algún momento acabaría por escribir una ficción, en concreto una que hiciese un retrato de una “España que conozco y que a menudo está mal reflejada (la vieja España, la terroríficamente llamada 'bien')". Cuando la editorial se puso en contacto con ella, lo tuvo claro. Las 114 páginas de la 'nouvelle' transcurren en un viaje en taxi que combina las conversaciones de la protagonista con el conductor y sus recuerdos. “Al principio me apetecía que diversos personajes convergieran en ese lugar, pero pronto la voz de Adela ocupó el espacio entero e impulsó la trama”. Necesitaba un hecho histórico que lo justificase como ‘episodio nacional’ y qué mejor que el funeral de un monarca: “Encontraba que los códigos cuadran con el lenguaje galdosiano, y además el escenario aglutina características propicias para la literatura”.
El mundo que retrata Arena está lleno de parches y maquillaje para tapar lo que se considera que rompe unas normas establecidas demasiado tiempo atrás. Quizá ya no tengan demasiado sentido pero se mantienen como una muralla que lo protege del poco deseado exterior. Como explica en su libro: “En su círculo nada se olvidaba, pero todo se olvidaba (...) Se montaba un revuelo del copón durante un periodo más o menos largo, unos meses malos para los protagonistas del embrollo, pero con el tiempo se veía a esos mismos protagonistas en la cafetería de Puerta de Hierro o en cualquier boda, charlando de lo lindo con aquellos que les habían puesto verdes. Todo importaba mucho y todo daba igual”.
“A mí me interesan mucho los círculos endogámicos, impermeables, en donde no se ventila y el miedo a lo nuevo provoca blindajes; las aguas estancas, los vínculos que se retuercen sobre sí mismos”, declara Arena. Esos círculos pueden ser las familias, donde hay “roles fijos, apegos ambivalentes” y los limbos temporales. “Todo eso está en la España que describo”, comenta, pero también señala que “no es en la única España en la que está”.
Sandwichitos para merendar
En la literatura hay cientos de ejemplos de títulos sobre ‘las alturas’ que nada tienen que ver entre ellos (por el tono, el género, la calidad) pero que han enganchado a una ingente masa de público. Ahí entran desde Jane Austen a Francis Scott Fitzgerald pasando por Carmen Posadas, cuyo libro 'Yuppies, jet set, la movida y otras especies: manual del perfecto arribista (Temas de hoy, 1987) andará perdido en muchas estanterías españolas, aunque en su momento fue muy comentado. Quizá esté colocado cerca de 'Cómo ser una mujer y no morir en el intento' (1990), de su tocaya Carmen Rico Godoy que, si bien no se dedicó a diseccionar a los ricos, sí que lo hizo con los pijos. Por no hablar de todas las películas y series de protagonizadas por adinerados; los contenidos de las 'influencers' con parné en las redes sociales y el nivel de ventas de '¡Hola!', una de las revistas semanales más vendidas del país.
La escritora y periodista Raquel Peláez conoce bien este ámbito y en 2024 publicó el ensayo 'Quiero y no puedo. Una historia de los pijos de España' (Blackie Books), que ya ha vendido más de 30.000 ejemplares y va por su quinta edición. Para ella, “las clases altas nos fascinan porque según la lógica capitalista en la que el dinero es tiempo y el tiempo es dinero, son las personas con más dinero, ergo las que más fácilmente pueden disponer de su propio tiempo, que al final es la culminación del sueño de bienestar que perseguimos los miembros de las clases trabajadoras”. Por supuesto, el poder adquisitivo también permite librarse de las preocupaciones básicas como el techo y la comida, además de otros caprichos como la “autorrealización y autoimagen (la ropa de marca, los perfumes, las cremas, en la cúspide de la pirámide)”, afirma.
Las clases altas nos fascinan porque según la lógica capitalista en la que el dinero es tiempo y el tiempo es dinero, son las personas con más dinero, ergo las que más fácilmente pueden disponer de su propio tiempo
Peláez ha estado cerca de este territorio mucho tiempo, un poco por su procedencia (creció en la Ponferrada de los 80, la ciudad más próspera del país por aquel entonces, aunque de manera fugaz) y bastante más por su trabajo durante una década en la revista 'Vanity Fair'. De hecho, puede contar que Isabel Prestley le ofreció “un sandwichito de pollo” (Arena también utiliza esa palabra, ‘sandwichito’, en su libro porque es lo que meriendan las señoras de alta alcurnia). Pero no forma parte y en su ensayo se acerca con curiosidad a él. Una de las conclusiones más interesantes que expone es que la condición de pijo es transversal – “Uno puede ser el pijo de otro”, señala citando a Karine Tinat– aunque hay diferencias entre ellos.
Arriba del todo
“El pijo de las clases más altas es aquel que presume de todos sus capitales de las formas más perversas y alambicadas posibles: del pecuniario adquiriendo bienes extraños que representen su riqueza de una manera difícil de descodificar incluso para sus iguales, del cultural haciendo gala de conocimientos abstrusos, inaccesibles hasta para los más doctos, y del social jugando de manera espuria con sus contactos y conexiones”, indica a la vez que añade: “Su rasgo distintivo es que no solo hace como que tiene el dinero y la posición: los tiene y abusa de ellos”.
En 'Quiero y no puedo', Peláez se arrima a esa esfera con la mirada que el periodista, escritor y presentador Marc Giró considera esencial para obtener un buen artefacto literario. “Cuando la aproximación a las clases altas, los ricos, los pijos, el poder, al fin y al cabo, es desde fuera” debe hacerse “con espíritu crítico, preguntándose por qué ellos sí, cómo lo han conseguido y, sobre todo, por qué mantienen su riqueza”, detalla. Si el escritor o escritora se guía por la fascinación sin análisis, lo que se consigue es “'kitsch', el querer emular una cosa y querer ser lo que no se es”.
Cuando la aproximación a las clases altas es desde fuera debe hacerse con espíritu crítico, preguntándose por qué ellos sí, cómo lo han conseguido y, sobre todo, por qué mantienen su riqueza
Giró también indagó en esta jungla en sus dos títulos 'Pijos. Qui són, què fan i on trobar-los' (Univers Llibres, 2021) y 'Encara més pijos' (Univers Llibres, 2022). Él, que viene de una familia trabajadora, coincide con sus protagonistas en el Real Club de Polo de Barcelona (es aficionado a la hípica) y por otras circunstancias laborales, pero ¿hasta qué punto ha llegado a convivir con ellos? “A ninguno, es imposible. Lo que pasa es que yo he pensado, he imaginado y he acertado. Yo nunca me voy a cruzar con un rico auténticamente, ni tú tampoco”, asegura.
Posiblemente, Bárbara Arena sí tenga esa posibilidad, aunque sea de lejos. Para ella, hay unos códigos (que son los que generan la fuerza de la atracción en el público) que “solo pueden ser aprendidos si se maman desde el nacimiento” y, de hecho, incluso ella diría que “no solo basta con nacer en una cuna y no otra; se trata de que tus padres y abuelos también nacieran en una cuna y no otra y tú arrastres una carga genética y cultural que se manifiesta hasta en el aspecto físico”. Como el "pelo de rico" de los señores aristócratas que explica Peláez en su libro. “Hablamos de una fisonomía, un lenguaje, una estética y unos principios y creencias y una forma de existir en el mundo, de moverse; todo un sistema intransferible que constituye un misterio que puede resultar fascinante”, concluye la autora de 'Un adiós'.
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