CRÍTICA
'La lascivia caía como agua de madrugada', de Mateo Morrison: una alegoría sexual
Las 21 composiciones de este optimista y vitalista poemario subrayan los temas del deseo y la muerte

El poeta dominicano Mateo Morrison. / EP
Mateo Morrison (Santo Domingo, 1946) es uno de los escritores más destacados de la República Dominicana y una presencia constante en los actuales repertorios de lengua española. Aunque su amplia obra abarca diversos géneros, su actividad predilecta siempre ha sido la poesía. 'La lascivia caía como agua de madrugada' consta apenas de 21 composiciones que subrayan principalmente los temas del deseo y la muerte.
Fruto de esa palpitante pulsión erotanática, en el texto homónimo que da título al volumen, una anciana de ropas raídas sobrevive en condiciones poco propicias mientras recuerda sus tiempos de lozanía. Ahí aparece el agua como inconsciente libidinal, líquido amniótico desde el que nacemos y hacia el que volveremos: «Sería bueno volver a contemplarla / antes de que se evapore su presencia» (21).
A la vez, nuestro poeta evoca a su padre en el poema 'Egbert', humilde profesor que dejó una gran cosecha de discípulos y que, en lo privado, descubrió «un simple corazón / de una mujer / existiendo / sobre la isla / sin heroísmo atesorado», y que a la hora del deceso siguió la estela de su amada «en una marcha fúnebre de amor» (18).
La poesía es respiración. Gaston Bachelard planteó que el agua se halla en los sueños eróticos, a menudo asociada con la respiración y el control del propio cuerpo. La conexión onírica radica en su simbolismo de flujo, emociones y la liberación de tensiones sexuales, fundamentalmente durante el sueño. Purificación, renovación, fertilidad, bautismo… A sus casi 80 años, Morrison se recrea en una visión «donde impera la quietud de los amantes, / formando una efigie, / emergiendo de las aguas» (19), desde la conciencia de su propia muerte y con la premura del goce tal vez último, sabiendo cada vez más cerca su fin.
Mateo Morrison es un poeta necesario para celebrar el don de la existencia y la poesía
«Es mi asombro / ante la desnudez marina / que me produce pequeñas muertes / multiplicadas en el tiempo» (11). Recordemos con Georges Bataille que el término 'petite mort' (pequeña muerte) es una expresión francesa que se refiere metafóricamente al orgasmo, describiendo la sensación de una breve pérdida de conciencia o del sentido de uno mismo después del clímax. Expresión que vuelve a aparecer en el magnífico poema en prosa 'Terreno de Eros' (22-25): «Puede ser la plenitud en todas las fibras que dictaminan una pequeña muerte, que revive para reiniciar la ruta hacia líquidas formas del gozo» (24).
Salvoconducto antropológico
En ese sentido, la poesía no solo se esboza como un testimonio, sino como ese salvoconducto antropológico que nos protege para realizar el viaje de la vida. Un refugio, oasis, amparo, rama dorada o amuleto que nos ayudará a atravesar los vastos territorios del inframundo. «Mi destino es fluvial» (35), reconoce la voz verbal, aunque deba nadar en ocasiones a contracorriente, pero asumiendo que su punto de partida nace del deseo y ese mismo lugar será su punto de llegada. Una mina o cementerio marino a lo Paul Valéry (15).
En cualquier caso, desde la desnudez de la poesía podemos adentrarnos en otro sueño, incluso húmedo (26). El poeta no renuncia al placer del texto, como quisiera Roland Barthes, a la estética del sexo, como abordara Michel Foucault, ni a la contemplación de la belleza, al modo de Gilles Lipovetsky. Una suerte de alegoría sexual atraviesa todo el poemario: «palpitantes cuerpos exhibidos en la ondulación que une a la tierra con el cielo, a través de múltiples océanos» (27). Y desde su insularidad, se pregunta: «A veces / miramos la tierra con desdén. / ¿Será el mar nuestro hábitat perfecto?». (38).
Se trata de un asedio incesante que cesará cuando nos doblegue la Pelona. Así, en 'Metafísica de la cotidiano', se ahuyentará cualquier esperanza sobre el más allá «porque de lo de la otra vida / aún nada se sabe» (34), forjando una materialidad y carnalidad basadas en la mirada, en el espectro de los ojos, y desde esa proyección que brindará «la nave brillante en sus ojos» (29-30).
Mateo Morrison es un poeta necesario para celebrar el don de la existencia y la poesía. Quienes aún no lo hayan leído deben ir rápidamente a la librería y hacerse con este poemario. Un libro lleno de optimismo y vitalidad para esta época de perplejidades.

La lascivia caía como agua de madrugada
Mateo Morrison
Huerga & Fierro
48 páginas
12 euros
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