Entrevista | M. Àngels Cabré Escritora y crítica literaria
M. Àngels Cabré: "A Caterina Albert se la había etiquetado como una mujer rara y de rara, nada: tenía dentro un fuego importante"
La escritora y crítica literaria ha dedicado cuatro años de trabajo a recorrer seis décadas de epistolario de Caterina Albert con el cual rompe muchos estigmas que han acompañado a la autora de l’Escala
El libro 'Cartes a les amigues' se presenta, en primicia, en la librería Vitel·la de l’Escala, este sábado 29 de noviembre, a las 12.15 horas, y el 18 de diciembre en la biblioteca de Figueres

La escritora M. Àngels Cabré vuelve a l'Escala este sábado para presentar 'Cartes a les amigues', un trabajo que ha requerido cuatro años de trabajo. / @M.ANGELS.CABRE
M. Àngels Cabré (Barcelona, 1968), directora del Observatori Cultural de Gènere, se ha especializado en literatura escrita por mujeres y ha publicado numerosos libros. El idilio con Caterina Albert viene de lejos y 'Cartes a les amigues' (Pagès Editors), que este sábado 29 de noviembre a las 12:15 se presenta en primicia en la librería Vitel·la de l’Escala, es una prueba irrefutable de su compromiso con la autora. En esta entrevista, M. Àngels Cabré profundiza en la rica personalidad de la escritora de l’Escala que emerge a través de su epistolario, pero también en las dificultades que ha tenido que superar hasta ver publicado este libro. De hecho, recibió negativas de ocho editoriales hasta que Pagès Editors se enamoró del proyecto.
Este libro fue, como la mayoría de los que ha hecho, un proyecto personal, pero, ¿cómo surgió?
Quería saber más sobre la relación de Caterina Albert con otras escritoras, sobre todo con las más jóvenes, de los años de la República, además de Aurora Bertrana, de quien ya sabemos que tuvo amistad y una relación estrecha. Pero yo quería saber si había tratado al resto, como Maria Teresa Vernet o Rosa Maria Arquimbau. Un día fui al archivo Víctor Català, en l’Escala, para curiosear un poco y pedí los documentos relacionados con mujeres y empezaron a aparecer. Al final, vi claramente que había un epistolario completo, de ida y vuelta, con todas las cartas de ella a las mujeres y de las mujeres a ella, pero el volumen habría sido de seiscientas cartas. Empecé con cincuenta cartas escritas solo por ella y fue creciendo hasta más de un centenar.
Entonces, ¿qué encontrará el lector?
Solo las cartas escritas por ella. Busqué cosas que había visto citadas para no olvidarme de nada, teniendo a mano los congresos que se han hecho, los artículos publicados, para ver si citaban alguna carta que yo no conociera. Pasaba con Dolors Monserdà, cuyas cartas están publicadas, pero no las tiene el archivo. En su momento alguien las tuvo, las estudió, las reprodujo e incluyó en un volumen de obras completas y luego desaparecieron, lo que no significa que un día no reaparezcan. Lo mismo ocurre con Aurora Bertrana, no he encontrado ninguna carta de Caterina hacia ella porque se han perdido. Puede haber sido durante el traslado entre el Clos del Pastor, donde la familia tenía el material, y el Alfolí de la Sal, y pueden volver a aparecer porque se hayan extraviado, que es muy fácil, o que alguien herede una carpeta y haya fotocopias de cartas perdidas.
¿Solo hay material del archivo Víctor Català?
No, también de la biblioteca de Figueres, porque hay una familia que dejó un pequeño legado, un lote de cartas. Hay algo más reproducido en algún lugar que pude aprovechar. También hago un cierre especial con Aurora Bertrana, que quería que estuviera, porque le era tan cercana y estuvo muy presente al final de la vida de Caterina Albert. Quería recordarla, pero no se encontraba ninguna carta y reproduje una que está en la web de la Fundació Bertrana, escrita por Mercè Albert, sobrina de Caterina Albert y quien le transcribía las cartas cuando ella ya no podía escribir porque no veía, dirigida a Aurora y donde le transmite que la tía la echa de menos.
¿Cuántas escritoras ha incluido en el volumen?
Unas cincuenta, entre las cuales están las mayores como Dolors Montserdà, las de edad más cercana como Carme Karr y del ámbito castellano como Concha Espina o Blanca de los Ríos. Después vienen las más jóvenes, como María Luz Morales, que la tradujo, y Mercè Rodoreda. Luego, las amigas de la infancia en l’Escala o que se fueron fuera, las que no son escritoras, como Lola Broggi, es decir, amigas que siempre lo fueron y con quienes ella y su hermana tenían trato cordial. También algunas mujeres profesionales como Maria Montessori o la actriz Lola Membrives, la más famosa de la época, a quienes les escribe cartas desde la admiración.
“El epistolario dinamita la idea de que era una mujer solitaria; ella era muy sociable y siempre estaba pendiente de todos”
Eso nos dice mucho de ella.
Nos permite darnos cuenta de que Caterina Albert llevaba una vida muy activa en Barcelona; pasaba todos los inviernos en un piso que alquilaron, cuando murió su padre en 1890, en la calle Valencia, para que los hermanos más pequeños pudieran estudiar allí. Ella tenía veinte años y se hace cargo de la hacienda y pasa a ser la cabeza de familia. Caterina iba mucho al teatro, al cine, a cenar, llevaba mucha vida social y se ve en la carta que le escribe a Membrives, donde le dice que ha visto dos veces la obra de teatro que está haciendo. Esto, sobre todo, nos dice que era una gran espectadora porque lo que le cuenta es cómo de crítica profesional era.
En el libro incluye admiradoras.
Sí, cuatro o cinco admiradoras suyas que le pedían firmas para sus álbumes. Era costumbre pedir una pequeña dedicatoria y cada persona, sobre todo las chicas, lo guardaba. No sabemos quiénes eran exactamente, aunque creemos que eran del ámbito más gerundense y suponemos que alguna vez estuvieron cerca de ella o eran hijas de alguien que conocía.
Demuestra que Caterina Albert tenía una red social muy grande.
Dinamita la idea de que era una mujer solitaria que vivía encerrada en casa. Era muy sociable, aunque también le gustaba estar sola y tranquila, pero mantenía estas relaciones con simpatía y naturalidad, nada seca; al contrario, era generosa y siempre estaba pendiente de todos.
Son documentos excepcionales.
Este epistolario ilumina la vida privada que no conocíamos y cambia la imagen que teníamos de ella.
¿Se muestra mucho en las cartas?
Es muy de la época; son relaciones muy cordiales, no hay rastro de relación amorosa ni de nada hiperpersonal que no contara a nadie. Su gran confidente, de hecho, es su hermana Amèlia, así que no necesitaba a estas amigas como confidentes, pero te das cuenta de que con el círculo de amistades de l’Escala llevaba una vida muy normal y era una persona que abría la puerta y contestaba a todos. Era pura simpatía.
Recorre sesenta años de existencia a través de las cartas.
Prácticamente toda su vida adulta, desde 1905, año en que publica 'Solitud', cuando ya se ha convertido en una joven escritora, hasta un año antes de su muerte.
¿Ha sido complicado hacer este libro?
Por un lado, reunirlo todo ha costado mucho y también publicarlo, despertar el interés de las editoriales. Ocho me dijeron que no, incluso la de Víctor Català, que es Club Editor. Afortunadamente, en Pagès Editors hay una poeta, Àngels Marzo, dirigiendo la editorial, y a ella, que tiene sensibilidad, le gustó mucho. El resto dijeron que no se vendería porque existe todavía la idea de que es una mujer que habla de sus cosas.
A pesar de ser Víctor Català.
Me di cuenta de que es verdad que ha tenido un resurgimiento, pero que, seguramente, se vende poco y los editores no tienen tanto dinero que perder ni tantas facilidades para sacar libros que no serán premio Sant Jordi. Aunque es un libro de muy buena lectura y para pasar un buen rato. También he actualizado un poco el catalán para que no chirriara ni quedara demasiado lejos, aunque ha costado transcribirlo porque en algunos momentos las cartas son borradores. No quedan las fotocopias de las cartas enviadas, sólo los borradores escritos deprisa, en lápices. Supongo que de todas las cartas que ella iba enviando la mitad se han perdido obviamente, salvo algunos destinatarios que han tenido interés en devolverlas. Por las Españas debe haber un montón de cartas suyas.
Los epistolarios son fuentes de información, pero pronto del tiempo presente no tendremos nada.
Exacto, por eso era importante fijarlo porque así sabremos a ciencia cierta una serie de cosas con la fecha concreta. E interesaba hacerlo cronológico para que pudiera verse la progresión del personaje y esa pluralidad de relaciones. A Caterina Albert no la conocíamos de nada, se la había etiquetado como una mujer un poco rara y de rara nada. Era una señora burguesa que podía haberse permitido sólo administrar sus propiedades y, en cambio, hizo una gran obra literaria. Esto significa que dentro tenía un fuego muy importante. Es verdad que no tiene la continuidad de escribir todos los días de cada año de su vida, pero es porque se preocupa mucho por la vida privada, por su familia. Hay años que está pendiente de ser mamá y no escribe. Dejaba de escribir para atender a los suyos. Siempre pendiente de todo el mundo.
¿Cómo cree que se sentiría al verlas publicadas?
Creo que son cartas que escribía de una manera muy educada y que podía ver todo el mundo, no hay nada oculto. Caterina Albert no hacía vida social literaria, a diferencia de otras escritoras con las que se escribía como Concha Espina. Cuando se escribe con Matilde Arrás hablan de cosas bastante personales e interesantes sobre la escritura. Podría hacerse un libro sólo con ellas, pero no dicen nada que ellas no hubieran dicho en público, no hay nada que haga sangre, que ofenda a nadie. Caterina Albert era una mujer muy inteligente y medía mucho las cosas, no hay ningún momento en que se suelte y explique cosas que no quiera contar, controla muy bien lo que escribe. Para ella, el epistolario era también como parte, entre comillas, de su creación literaria porque le dedicaba muchas horas al día, lo hacía con mucha conciencia, era un trabajo escribir todo esto porque ella contestaba a todo el mundo. Era una disciplina. Y estaba contenta de estar en relación con la sociedad de su tiempo y con los discípulos más jóvenes. Por ejemplo, con Maria Teresa Vernet, que fue como el best-seller de la época, una mujer soltera, discreta, pero muy interesante, Caterina Albert le dice haber leído su primera novela y que le había encantado, que tenía mucho futuro. Estaba pendiente de lo que publicaban las jóvenes. Y cuando le escribía Mercè Rodoreda estaba contenta de contestarla. Nunca se ve una relación de poder, era una mujer muy humilde, era una relación de tú a tú, siempre apreciando lo bueno que tenía el otro. Realmente debía de ser una mujer encantadora, sería amiga suya seguro, porque se la ve humilde, inteligente, con mucho sentido del humor, muy realista y práctica, muy diferente a la imagen que nos habían vendido.
La aparición de 'Cartas a las amigas' ha coincidido en el tiempo con la presentación de otro libro suyo, 'Barcelona y sus escritoras'.
Es la versión en castellano, actualizada y ampliada de la primera parte de 'Flors i violes. La Barcelona literaria en clave femenina'. Con esta nueva edición se llega a las escritoras más jóvenes. Hace unos días me lo presentó Carme Riera en Barcelona. Es un libro muy bonito con setenta dibujos-retratos de las autoras, una pequeña joya.
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