Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CRÍTICA

‘Marciano’, de Nona Fernández: la humanidad del verdugo

La autora reconstruye las conversaciones que mantuvo con uno de los guerrilleros del Frente Patriótico, Manuel Rodríguez, que organizó el atentado contra Augusto Pinochet en 1986

La escritora chilena Nona Fernández, autora de 'Marciano'.

La escritora chilena Nona Fernández, autora de 'Marciano'. / David Castro

Anna Maria Iglesia

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

"La historia no le pertenece a nadie, tú mismo me lo dijiste. Se desborda tan seguido que en ese desmadre nos alcanza a todos y los títulos de propiedad sobre ella naufragan y se destiñen", escribe Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971) en 'Marciano'. Su interlocutor es Mauricio Hernández Norambuena, alias 'Comandante Ramiro', el único perteneciente al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) todavía hoy en prisión. Fue capturado después de que en 1996 se fugara de una prisión de Brasil, donde fue condenado tras participar en el intento de asesinato de Augusto Pinochet. Participó también, por lo menos como autor intelectual, en el asesinato del senador Jaime Guzmán y en el secuestro del empresario brasileño Washington Olivetto. Ahora cumple condena en Chile, en una cárcel fuera de la capital, donde Fernández acudió a lo largo de más de un año para conversar con él.

Los encuentros con la escritora –que con 'Marciano' sigue indagando en la historia de Chile y en cómo se ha escrito y se escribe su relato–, tenían, inicialmente, que servir para la escritura de un guion de una serie que nunca llegó a realizarse; ese guion no escrito es el origen de esta extraordinaria novela que, en cierta manera, construye una especie de díptico con 'La dimensión desconocida'. Fernández vuelve a mirar a la cara al verdugo: si en 'La dimensión desconocida' Andrés Valenzuela Morales, un exagente de inteligencia que desertó de las Fuerzas Armadas, relataba las atrocidades cometidas tras el golpe militar y durante la dictadura, en 'Marciano' Mauricio Hernández recorre su vida como perteneciente al Frente Patriótico, entre algunas omisiones y algunas revisiones de los hechos. El punto de partida de 'La dimensión desconocida' eran las declaraciones del propio Valenzuela Morales, mientras que en 'Marciano' lo son las conversaciones mantenidas con Hernández; y decimos "punto de partida" porque Fernández toma ese material documental para convertirlo en material literario.

'Marciano' no es una transcripción de las conversaciones, sino una novela construida a partir de distintos géneros –el testimonio directo, el relato memorialístico, el epistolar– y materiales que la autora reelabora, como ya hizo no solo en 'La dimensión desconocida', también en sus anteriores novelas. Porque Fernández parte del hecho real, pero se aproxima a él a través de la reelaboración imaginativa y a través de un lenguaje que trasciende la pura literalidad: retoma algunas imágenes recurrentes en su narrativa –la luz y la oscuridad, lo visible y lo invisible, ejes, por ejemplo, de 'Chilean Electric'– para indagar en la personalidad –con sus claroscuros, con sus contradicciones, con sus heridas y su voluntad de resistencia– de Hernández, pero también de su propia historia y la del país.

La narrativa de Nona Fernández es una contestación crítica al relato asentado, a las ideas repetidas y asumidas, a los secretos mantenidos y a las palabras manipuladas

En cierta manera, 'Marciano' es la historia de un hombre –Hernández–, pero también de Chile; el plano individual y el colectivo se entretejen. "No recordamos, escribimos la memoria como se escribe la historia y en ese ejercicio fracasamos buscando una linealidad inexistente", escribe Fernández en '¿Cómo recordar la sed?'. Y aquí, en 'Marciano', parte de esta constatación, de que no hay una linealidad y la escritura de la memoria nunca es individual.

Las palabras construyen

"El mejor instrumento que ideó para la proyección del régimen en el tiempo fue la Constitución de 1980", reflexiona Fernández sobre el papel de Jaime Guzmán y, de esta manera, se detiene en las palabras para ver cómo estas construyen y velan una realidad de los hechos –porque la escritura de la memoria siempre es jerárquica, siempre está marcada por palabras heredadas, por significados cristalizados–. Y la literatura, lo sabe bien la autora, debe dinamitar el relato y hacer surgir nuevas escrituras capaces de iluminar las aristas, las contradicciones individuales y colectivas, las partes oscuras e incómodas que escapan de cualquier reductiva dicotomía.

Fernández reconstruye los testimonios de sus compañeros, recompone, casi a modo de 'collage', la correspondencia con su sobrino y reestructura su conversación con él para adentrarse en Mauricio, en la persona, en el hombre que se aferra a los libros para sobrevivir al aislamiento en la cárcel, que todavía llora la muerte de su compañero, que mira el pasado de guerrillero con cierta melancolía, pues significó renunciar a casi todo, a esa una vida que, ahora en parte desea, pero sin exceso de reproches, pues sigue creyendo en su lucha.

Porque Mauricio sigue siendo ese idealista que de joven creyó en la posibilidad de cambiar la sociedad y las relaciones de poder, porque cree, a pesar de todo, que es un deber proyectar otro mundo posible. Y en su mirada contestaria, idealista y no resignada confluye la mirada de la autora, cuya narrativa es precisamente una contestación crítica al relato asentado, a las ideas repetidas y asumidas, a los secretos mantenidos y a las palabras manipuladas. Fernández capta la humanidad del protagonista a la vez que le enfrenta a los crímenes cometidos y, a través de él, abre interrogantes incómodos que no resuelve, porque sabe que la literatura implica incomodar, cuestionar, interrogar a través de una palabra inocua en lo físico, implacable en lo simbólico.

Marciano

Nona Fernández

Random House

520 páginas

21,90 euros