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CRÍTICA

'Un poco de suerte', de Jane Smiley: la vida que nos pasa

Esta novela abre la ‘Trilogía de los cien años’, una historia que avanza con el aliento de los clásicos

Jane Smiley: "En Estados Unidos nunca habíamos elegido a un criminal como presidente"

Las escritora Jane Smiley, autora de 'Un poco de suerte'.

Las escritora Jane Smiley, autora de 'Un poco de suerte'. / Manu Mitru

Sergi Sánchez

Sergi Sánchez

Barcelona
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En 'Un poco de suerte', lo que ocurre es la vida. No es poca cosa. No nos equivocaremos si pensamos que la materia prima de la novela es el tiempo que pasa. Recordemos que Jane Smiley (Los Ángeles, 1949) la ha concebido como la primera parte de la 'Trilogía de los cien años' y que cada capítulo corresponde a un año de la historia de la saga de los Langdon –y en este volumen hay 34, de 1920 a 1953–. Es el tiempo el que marca, inexorable, el ritmo, y no siempre trabaja al por mayor.

Una de las virtudes del libro es su inmenso amor por el detalle, por definir a los personajes a partir de lo cotidiano. Tal vez por eso no percibamos lo épico de su empresa, y todo lo que pasa en ella puede parecernos menos importante de lo que es. Hay nacimientos y muertes, suicidios y espionajes, la Segunda Guerra Mundial, la Depresión de 1929 y la Guerra Fría, pero el devenir histórico siempre está supeditado a un calendario que, con sus elipsis y sus focos de atención, hacen que el relato, meándrico y coral, se mueva hacia adelante con el aliento de los clásicos, con Kronos pisándole los talones mientras el precio de la leche crece, las mujeres planchan y cosen y el mundo gira.

En la prosa transparente, sencilla, de Smiley, hay una voluntad desmitificadora y claramente antimelodramática

En esta ocasión, Smiley, que es una formalista camuflada de narradora torrencial, no ha jugado a reinterpretar un texto incontestable de la historia de la literatura, como hizo, por ejemplo, con 'Heredarás la tierra' (versión de 'El rey Lear') y 'Las aventuras de Lidie Newton' (versión de 'Las aventuras de Huckleberry Finn'). Ha apostado por cultivar la Americana desde un esencialismo extraordinario, describiendo la vida en una granja en Iowa con la honestidad de quien celebra la representación de las comunidades rurales en Norteamérica como un síntoma identitario, que luego la propia historia cuestiona y deconstruye en sus declinaciones bélicas y urbanas. En la prosa transparente, sencilla, de Smiley, hay una voluntad desmitificadora y claramente antimelodramática: nadie se rasga las vestiduras ante las desgracias de la vida porque lo que importa es seguir viviendo, sostenerse con suavidad en el flujo constante del tiempo.

Tal vez podríamos pensar que el inconveniente de este estilo es que el camuflaje de sus clímax daría pie a un relato monótono de casi 500 páginas. No es el caso, por supuesto, porque Smiley tiene un as en la manga –la multiperspectiva focal, la versátil mutación de los puntos de vista narrativos que capitalizan cada capítulo– que no solo dinamiza los ritmos del texto sino singulariza la psicología de los personajes, a veces desde que eran bebés.

Podríamos encontrar cientos de ejemplos, pero tal vez el más llamativo es el de Frank, el hijo mayor de los Langdon, el más fascinante de sus cinco vástagos. Desde que empieza la novela, en 1920, tenemos la oportunidad de ver el mundo tal y como lo ve Frank desde su trona, gateando, haciendo trastadas, particularizándose ante nuestros ojos, de modo que cuando, años más tarde, es el único de la familia que va a la universidad, y consigue sobrevivir a la guerra, y coquetea con las agencias de inteligencia del Gobierno, nos resulta fácil entenderlo como elemento primordial de cambio de una sociedad que necesita transformar sus orígenes rurales en el futuro de otra América, la de las promesas de éxito y ascensión social de la era Eisenhower. Porque sí, 'Un poco de suerte' también es una excelente novela sociológica.

Un poco de suerte

Jane Smiley

Traducción de Ce Santiago

Sexto Piso

488 páginas

25,90 euros