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PERFIL

Luciana De Mello, la frontera de los afectos

Nació en Buenos Aires, hija de emigrantes, hija de la frontera, donde tiene lugar el corazón de su primera novela, 'Mandinga'

La escritora Luciana de Mello, autora de la novela 'Mandanga'.

La escritora Luciana de Mello, autora de la novela 'Mandanga'. / María Elgassi

Elena Pita

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Su mente vive en la literatura desde la adolescencia o incluso antes. Su cuerpo y memoria transitan desde el vientre esclavizado que dio luz a su abuela, una "negra retinta" que el tiempo y la historia se empeñaron en borrar de los anales (ni un papel, ni un registro quedó de ella allá en Brasil, ni un nombre si quiera), hasta el amor que ahora vive por Irlanda y su pueblo, a donde ha migrado para sentirse extranjera junto a su pareja, nacido en la trágica Derry.

Nació ella en Buenos Aires, 1979, hija de emigrantes uruguayos y brasileños, hija de la frontera, donde tiene lugar el corazón de esta su primera novela, 'Mandinga' (Yegua de Troya). Rivera, una barra de tierra poblada por cambistas, migrantes, casas de huéspedes y trileros a donde Gabriela parte en busca de un tío que marcó su infancia, desaparecido y cruzado por una memoria abyecta. Su infancia, antes, la de Luciana, se desarrolla en Lugano 1 y 2, esos no lugares que la ciudad porteña ha integrado al cono urbano como queriendo recluir en su miseria a los desheredados.

De Mello quedó sola en la capital después de una de tantas crisis que sacuden la realidad argentina, el corralito de 2001, sus padres de vuelta a Brasil. Estudiaba Letras en la universidad y para vivir trabajaba de camarera 10 horas/6 días a la semana. Se aplicó en el guión, por su mejor promesa comercial, pero al poco tiene un hijo y con él vuelve a quedar sola. "Ya entonces comienzo a perfilar esta historia de frontera e identidad. Mi identidad es sin duda la materia de la que están hechos mis afectos", me cuenta.

Alumnos presidiarios

El sendero se lo iba a marcar Guillermo Saccomanno, agitador cultural y sobresaliente intelectual bonaerense, en su taller de escritura. "Fue él quien me abrió la puerta para comenzar a escribir en 'Página 12'. Y para creer en mí como escritora, a decirme cada día que escribir ficción también era parte de mi trabajo y no un lujo que no me podía permitir frente a las facturas de luz y gas que se acumulan en el escritorio de una madre soltera".

Empieza así a ganarse la vida en la materia: clases de escritura, guiones, crítica, informes para editoriales, y los otros. Los otros son para De Mello sus alumnos presidiarios en los talleres de las cárceles bonaerenses y los adictos al crimen y la droga que se recuperan en Villa Soldati gracias a la Fundación Sábato: "Eso cambió para siempre mi manera de leer, de pensar la literatura", de terminar de creérsela.

La identidad y la frontera, incluso lingüística (la novela está escrita en castellano, portugués y la mezcla de ambos, pero es por encima de todo la música lo que el lector percibe y entiende más allá de diferencias semánticas), y ese punto de dolor donde lo familiar se convierte en siniestro. Las relaciones madres-hijas o el estrago materno, un concepto lacaniano que designa la devastación subjetiva e inconsciente causada por el deseo materno hacia sus vástagos.

La violencia y los abusos familiares, su silencio, ¿nos conforman a todos?

–Sí. La teoría del iceberg funciona en la literatura como en la vida. La punta que se ve en la superficie está sostenida por un continente submarino: lo no dicho, lo suturado, es lo que nos da forma.

Y aun así, un atisbo de amor capaz de rescatar cualquier existencia, aunque apenas dure una mirada, una caricia. "Porque también creo que el amor, el buen amor, nos salva".

Mandinga

Luciana De Mello

Caballo de Troya

272 Páginas

15,90 euros

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