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HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO

Corina Oproae, escritora: "Encontré una voz que buscaba una verdad que solo puede decirse desde el poema"

La autora, ganadora del Premio Tusquets en 2024, escribe en el suplemento 'ABRIL' sobre su poemario 'Cómo enterrar al padre en un poema'

La escritora Corina Oproae, autora de 'Cómo enterrar al padre en un poema'.

La escritora Corina Oproae, autora de 'Cómo enterrar al padre en un poema'. / Manu Mitru

Corina Oproae

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Un árbol al inicio del verano y el privilegio de fijar en él la mirada durante algo más de dos meses. Una pila de libros esperando ser leídos o releídos. Y una necesidad aguda de escribir. Sin embargo, cada vez que lo intentaba, me encontraba con una escritura que me resultaba demasiado conocida. Me di cuenta de que estaba atrapada en una forma de hacer poemas que ya no me sorprendía, que no me sacaba de mi zona de confort y sentí la urgencia —detectada a posteriori— de ir en busca de una escritura que no solo reforzara mi forma de entender lo poético, sino que también provocara un cambio interior.

Volví, una vez más, a Sylvia Plath. Hay una fuerza en su escritura que siempre me desbloquea. Confieso que, con la mirada anclada en ese árbol que tenía delante, le pedí ayuda. Conversamos —yo le hablé de mis reticencias y de mis desconciertos— y ella me remitió a los poemas, donde ya lo había dejado todo dicho. Pensé en el poema en sí, en cómo se construye. Hice el amago de tocar las costuras, de sentirlas. Y entonces, la escritura empezó a fluir.

El verano se volvió otoño mientras el poema se explicaba a sí mismo. Era mía la mano que lo escribía, pero también el ojo que se regocijaba ante ese algo indómito y milagroso que es el cómo de la escritura. Lo que quedaba en el papel era, esta vez sí, lo que necesitaba escribir. El aire del poema había cambiado. Ya no era aquel aire rarefacto de lo demasiado conocido, sino una brisa nueva. Sentí que algo de lo que contenía era cosa de mi querida Plath. Lo había escrito en compañía y había que dejar constancia.

Periplo poético

Lo dejé reposar en mi cuaderno y retomé una traducción que debía entregar a inicios de septiembre. Al regresar al poema, tuve la certeza de que tenía entre manos un libro que respondía a mi necesidad de llegar a la siguiente estación en mi periplo poético personal. Serían poemas de largo aliento, como este primero que me había llevado a un lugar fuera y a la vez dentro de mí.

Entendí que debía encontrar su estructura interna, pero ya en ese momento me pareció que se sostenía sobre tres pilares: la afinidad conceptual o estética con mujeres creadoras, partiendo de una intensificación de la percepción provocada por su trabajo artístico; la cualidad metapoética, donde el propio tejido del texto es sujeto de escritura; y la conexión con lo autobiográfico, con aquellos traumas fundadores y acontecimientos personales que vertebran a la persona que se siente palpitar debajo de los versos y que, de alguna forma, configuran el sujeto poético.

Necesité transitar otros otoños y acercarme a poéticas más experimentales, más arriesgadas, para que los poemas se escribieran desde la necesidad de encontrar un espacio de autenticidad, en el que indagar en lo que me rodea y me conforma y volver a tomar conciencia de que ese lugar, a veces, es la escritura misma. Alumbré rincones en penumbra dentro de mi lenguaje poético. Rincones donde habita lo indecible, donde se revelan las costuras del dolor y de la belleza. Encontré una voz que ya no buscaba resguardo, sino una verdad que solo puede decirse desde el poema. Y que resultó ser una forma distinta de mirar aquel árbol que tenía delante.

Cómo enterrar al padre en un poema

Corina Oproae

Tusquets Editores

96 páginas

19 euros

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