CRÍTICA
'Vera, una historia de amor', de Juan del Val: una historia de sexo 'light'
El último Premio Planeta es una novela en la que el lector no acaba de sentir nada por sus personajes arquetípicos y conceptos manoseados que, además, nos conducen por un relato que va languideciendo y se cierra cuando los personajes ya no nos interesan

Juan del Val, ganador del Premio Planeta 2025. / Alberto Paredes
La polarizacion que todo lo envuelve ha hecho que 'Vera, una historia de amor', de Juan del Val, ganadora del último Premio Planeta, haya sido juzgada, casi siempre de modo despectivo, antes de ser publicada,-esto es, antes de ser leída- por los implacables verdugos digitales.Así que es imperativo intentar analizar el libro libre de sesgos y de ideas preconcebidas.
La novela, como bien reza el título, tiene a Vera como protagonista. Es una rica hacendada sevillana casada con un aristócrata adinerado del que se va a divorciar. Él, desde el principio y más según avanza el texto, es un compendio de defectos: grosero, infiel, putero, mal amante, voyeur y criminal. Ella, no podía ser de otra manera, es un dechado de virtudes: es fiel, atractiva, abnegada, pacata y, por supuesto, no conoce carnalmente otro varón hasta que ha roto su matrimonio.
Dispuesta a iniciar una nueva vida fuera del aburrimiento que ha aplastado su matrimonio, se decide a comprar un piso en Sevilla e inicia una relación con el agente inmobiliario, diez años más joven, madrileño y de barrio trabajador. Si antes el autor quería mostrar el contraste moral entre Vera y su marido, ahora pone el énfasis en la distancia social entre ella y su joven amante.
Para marcar las diferencias, Juan del Val abusa de marcas (Loewe, Davide Medri, Tom Ford, Macallan Rare Cask Black, Porsche, Loro Piana), algunas veces incluso detallando el precio, e insiste en enclaves habituales de las clases pudientes españolas (como Sotogrande). Por si no quedase claro, en la casa conyugal hay un cuadro de Goya. Él es de Vallecas, con una madre que tuvo que prostituirse para sacar la familia adelante y con un pasado delincuencial que supo cortar a tiempo. Ella remilgada y él un seductor empedernido que consigue llevarse a la cama a cuanta mujer se propone.
'Softporn'
La historia de amor que se nos promete es más bien un viaje de iniciación sexual de la protagonista. De la casta señora de buena familia que no podía disfrutar de las mieles del onanismo porque se le aparecía una monja del colegio, a navegar por páginas porno (cuyas escenas se detallan) para darse al placer solitario. De no disfrutar del sexo a entregarse sin freno a su nuevo amante.
El libro está trufado de escenas y descripciones pretendidamente tórridas que no llegan a ser de alto voltaje y a veces llevan a la comicidad involuntaria: Vera no se permitía disfrutar del sexo oral con su marido, por indecoroso, pero con su nuevo amante “se siente plena” al hacerlo. No solo Vera, también su hermana descubre esta suerte de sexo interclasista con, ¡ay, el azar!, el hermano de nuestro joven agente inmobiliario; y hasta su mejor amiga, que lleva en una libreta los nombres de los amantes que ha tenido en su vida, acaba siendo la amante de un banderillero.
Muy guapos todos
Hay cierta limitación en los recursos léxicos y bastantes repeticiones (no sé cuantas veces escribe “da igual”, pero muchas) y como ejemplo podemos hablar de lo “guapo” que es nuestro diestro amante. El narrador lo califica como guapo en ocho ocasiones y seis veces más los personajes hablan de lo “guapo” que es. También utiliza, en varias ocasiones, guapo para referirse a su hermano y “guapa” para referirse a Vera, a su hermana o a la madre de su amante. Quizás la explicación de esta veintena de guapos aparezca a media novela cuando se explica que el padre de Vera usaba “guapo” para referirse a los caballos y significaba “bonito, elegante, con nervio, bien hecho, armonioso, con presencia, fino…”. Acabáramos.
Narrador de barra de bar
También el narrador es confuso, pero no en el sentido del narrador dudoso como recurso. Es un narrador clásico, de omnisciencia absoluta que, solo en dos o tres momentos de la novela, tiene pequeños lapsus de memoria y escribe “tal vez él se quitó precipitadamente la chaqueta”, “debieron de cenar” o “una concejalía, vete a saber cuál”.
Lo peor no es la escasez de recursos, lo peor es el desaprovechamiento de los conflictos y que Juan del Val ventila sin hacernos sentir nada
Además, de vez en cuando, el autor parece relajar el tono del narrador y nos habla como un amigote de bar. Dice cosas como “la teoría del apego, el complejo de Electra y todo eso” o “la especialidad eran las tortillas de camarones, o algo así”. También el narrador enfatiza de un modo bastante curioso. “Hacerlo de manera medianamente satisfactoria. Medianamente”. Este narrador amnésico y campechano también nos regala aforismos que podríamos serigrafiar en una taza de desayuno. “La vida sin besos es áspera” o “ella es sexy sin proponérselo, que es como se es sexy de verdad”
Otra de las cosas sorprendentes es la irregularidad en reproducir el habla de los personajes. Introduce modismos como el castizo “chache” por hermano e incluso hay algún diálogo fonético madrileño,“ ej que no me sale na”, lo que no no hace, por ejemplo, con los personajes sevillanos, que por lo general, están escritos en un tono neutro.
Pero lo peor no es la escasez de recursos como la reiterada mirada al pasado de cada uno de los personajes para ofrecernos una visión completa de los mismos. Lo peor es el desaprovechamiento de los conflictos y que Juan del Val ventila sin hacernos sentir nada. Todos los pasajes que podrían ser interesantes y no resultan previsibles se solventan sin emoción. Como cuando Vera se quiere quedar embarazada y quien está encinta es su madre; él pone el acento en que Vera se incomoda al imaginar a su madre en el acto sexual y en que tarda un tiempo en poder tratar a su madre con normalidad. Su madre muere en el parto pero deja al lector totalmente indiferente. O la investigación policial al final de la novela que podría abrir nuevos arcos narrativos y que, no obstante se convierte en un mero trámite, en algo instrumental.
'Vera, una historia de amor' es una novela en la que el lector no acaba de sentir nada por sus personajes arquetípicos y conceptos manoseados que además nos conducen por un relato que va languideciendo y que se cierra cuando los personajes ya no nos interesan en absoluto. Ni la forma ni el fondo salvan una novela que parece haber sido escrita con prisa y sin sentimiento.

Vera, una historia de amor
Juan del Val
Premio Planeta 2025
360 páginas
21,90 euros
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