Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | EN PUNTAS DE PIE

Saray Encinoso

La ficción también se agota

El cansancio se ha ido filtrando en las novelas: Juan Tallón, en ‘Mil cosas’, e Isaac Rosa, ‘Las buenas noches’, retratan la realidad delirante en la que vivimos

El escritor Juan Tallón, autor de 'Mil cosas'.

El escritor Juan Tallón, autor de 'Mil cosas'. / Xoán Rey

Me paso la vida corriendo sin tener claro nunca a dónde voy. A un cómo estás respondo casi siempre con un "cansada", "agotada". Me cuesta concentrarme, seguir una conversación sin pensar en tareas pendientes, disfrutar del tiempo libre sin hablar de trabajo o terminar mi clase del gimnasio sin que mi mente esté planificando lo que debo adelantar esa noche para reducir los imprevistos del día siguiente. Sé que no me ocurre solo a mí, pero cada vez me resulta más evidente que este cansancio, esta presión constante, es tan universal que se ha infiltrado en la ficción y ya no es solo un paisaje de fondo: empapa la trama, define a los personajes y marca gran parte de la literatura de nuestro presente.

Los ejemplos más recientes y evidentes los firman Juan Tallón e Isaac Rosa, que acaban de publicar dos novelas 'Mil cosas' (Anagrama) y 'Las buenas noches' (Seix Barral), que retratan la realidad delirante en la que vivimos. Ambos se apoyan en un tiempo de escritura muy concreto para transmitir al lector la manera en que la aceleración y la ansiedad moldean nuestro día a día. El protagonista de Rosa recuerda, durante una noche de insomnio, cómo la falta de sueño lo empujó a una relación inesperada –alguien con quien "solo" dormía– que arrasó con su vida; Tallón, por su parte, narra 24 trepidantes horas en la vida de una pareja hiperactiva –¿alguna no lo es?– en las que pequeñas decisiones, todas urgentes, acaban cambiando el rumbo de su existencia.

En un mundo en el que siempre parece ser de día, nuestra mente ya no sabe descansar y acaba cayendo en una hiperactividad que a menudo deriva en insomnio. Rosa lo refleja con claridad: con la vida que llevamos, lo raro es dormir; con los problemas de vivienda y precariedad laboral, pasar noches en vela no es un drama individual que nos resta productividad, es un problema estructural que nos roba la salud.

Esa dificultad para detenernos no solo afecta al sueño, también contamina nuestras horas de vigilia. Cuando el trabajo lo invade todo, el móvil no deja de sonar y apenas nos queda margen para ir a correos, llevar el coche al taller o preparar la comida, nuestras vidas se llenan de pequeñas y grandes tragedias y podrían contarse como un thriller. Lo que hace Tallón en 'Mil cosas'. Como Travis y Anne, sus personajes, todos los días dejamos de atender a personas a las que queremos. Nos falta tiempo y cada vez tenemos menos capacidad para conectar con los demás, porque no sabemos cómo detenernos y prestarles atención.

Dice Travis poco antes de que la novela termine: "De la nada comienza a experimentar la angustia de las personas que no saben estarse quietas. Si paran se les cae el techo encima. Están tan acostumbrados a la acción, a ir de un lado a otro, o de una idea a otra, o de un marrón a otro follón, que si no hay nada a lo que atender, aunque sea por un breve lapso, se produce una contracción en el sentido del mundo. Solo conoce la existencia delirante, furiosa, exasperada".