ENTREVISTA
Kate Zambreno, escritora: "La política surge de lo cotidiano"
La autora estadounidense, que acaba de publicar en España 'Escribir como si ya hubieras muerto', charla con el suplemento 'ABRIL' sobre su obra, marcada por la temprana muerte de su madre a causa de un cáncer, la industria editorial, la independencia creativa, la precariedad o la maternidad

La escritora Kate Zambreno, autora de 'Escribir como si ya hubieras muerto'. / Heather Sten

El cambio de hora, tan cuestionado como cuestionable, a punto estuvo de dar al traste con una entrevista que llevaba tiempo persiguiendo, varios años, desde que descubrí a Kate Zambreno (Mount Prospect, Illinois, 1977) gracias al cariño y al cuidado, como la canción de Valeria Castro, del sello La uÑa RoTa en la edición de libros extraordinarios. Las seis horas habituales de diferencia horaria entre Nueva York, donde la escritora vive, y Madrid eran aquel día cinco, pero yo no lo sabía. Finalmente, recondujimos la situación, el malentendido temporal, y pudimos charlar después de que ella regresara a casa tras llevar a sus dos hijos al colegio.
La maternidad fue uno de los temas de la conversación, cómo influyó en su manera de enfrentarse al mundo, y a la escritura. También la política, siempre reflejada en su obra, aunque no de un modo convencional, como establece el canon, la tradición, pues todo lo personal, también lo cotidiano, es político y en manos de unos pocos está hacerlo poético.
'Escribir como si ya hubieras muerto' es el último de sus libros traducido al castellano, título que resume su aspiración narrativa. Con la muerte muy presente en su vida desde que falleció su madre a los 55 años (lean 'Mi libro madre, mi libro monstruo'), aquella tragedia lo cambió todo e hizo que Zambreno se convirtiera en la autora que es, capaz de alumbrar textos que dialogan con la naturaleza efímera de la existencia, la evidencian.
Me gustaría empezar planteándole la pregunta que Walter Benjamin se hace a sí mismo y que usted cita en su libro 'Escribir como si ya hubieras muerto': "Entonces, ¿cuál es el sentido de escribir?".
Cada vez más, siento que escribir es una forma de comunicación y de comunidad, de tratar de pensar las cosas e intentar sentir, ahora que pensar es algo cada vez más frívolo. Vivimos en un mundo que valora muy poco la literatura, así que esta idea se ha vuelto todavía más importante para mí. Para mí, escribir es, en realidad, un espacio de pensamiento, una forma de estar viva y de manifestarme contra el fascismo, contra el capitalismo, contra ese yo mercantilizado según el cual debemos estar regulados y trabajando constantemente.
Su forma de escribir me recuerda a Robert Walser, ese mantenerse pequeño, ser pequeño. Me he dado cuenta de lo importante que es ese deseo para un escritor, el de escribir sobre lo efímero.
Sí, yo también siento eso. Se supone que todo debe ser a lo grande, todo debe consistir en vender mi obra. Tengo la suerte de tener a un editor en España como Carlos Rod, que está comprometido con mi trabajo, soy muy afortunada. Mis libros no se venden en EEUU, pero, en vez de molestarme, siento que necesito escribir a través de eso, de mi insignificancia. En EEUU debes tener un gran libro, se tiene que vender muy bien, llegar a una gran cantidad de gente, que sea lo más convencional posible, y luego debes hablar de ello durante cinco años, tener pódcast, páginas web, programas de radio, dar entrevistas... Y yo digo: no, gracias. Kathryn Scanlan, a quien admiro mucho, dijo una vez que ser escritor de ficción es ser humilde y extravagante, y estoy de acuerdo.
Sólo cuando prestamos atención, a nuestro barrio, a lo local, al clima, podemos intentar cambiar las cosas
Es decir, huir de la grandeza.
Hace mucho tiempo que renuncié a la grandeza. Se trata de audacia, de pensar en futuros que no conozco. Me he dado cuenta de que toda la categoría de genio es sospechosa. No me van a considerar junto a László Krasznahorkai, Sebald o Knausgård. Una de las razones por las que mis amistades con otros escritores son tan importantes es porque creemos en nosotros mismos. Nos escribimos, nos encontramos, hemos creado un círculo estético y poético muy pequeño, pero para nosotros es importante. Creemos en el genio de cada uno y, aunque tenemos cada vez menos lectores, seguimos escribiendo como si nos fuera en ello la vida o la muerte.
La cuestión es cómo encontrar la belleza, prestar atención o cuidar algo tan valioso como la literatura en un mundo que se deteriora cada vez más y, a partir de ahí, escribir.
Quizás no siempre se trate de belleza, sino de buscar prestar atención y comprender. Sólo cuando prestamos atención, a nuestro barrio, a lo local, al clima, podemos intentar cambiar las cosas. Y el trabajo surge de un deseo interno, se acumula en notas y en cuadernos, aunque a menudo es un proceso lento.
Al principio de su primer embarazo le aterraba la idea de si podría seguir escribiendo después, y la poeta Danielle Pafunda le escribió por Facebook diciendo que el problema no eran los bebés, sino el patriarcado y el capitalismo. ¿Cómo cambió la maternidad su escritura y su forma de ser escritora?
Mi maternidad coincidió con una crisis de vivienda en Nueva York, con una precariedad cada vez mayor y con un auge del fascismo. Me convertí en madre el mes en que Trump fue elegido. El parto se retrasó dos semanas, era como si me negara a dar a luz. Al ser madre, empecé a ser más consciente de la vasta red de injusticia y precariedad, de que el sistema educativo aquí está completamente roto, de la enorme desigualdad que hay en materia de vivienda. Lo que me dijo Danielle Pafunda se convirtió casi en el único impulso para escribir: el capitalismo, el patriarcado, la supremacía blanca, el fascismo, es lo que realmente intenta destruir la alegría. Y no hablamos lo suficiente de la alegría, pero creo que existe, creo que es el alivio frente a todo lo temporal y efímero y tenemos que aprovecharla porque no nos la dan sin más, y no está exenta de sufrimiento.
No hablamos lo suficiente de la alegría, pero existe y debemos aprovecharla, porque no está exenta de sufrimiento
No considero que su escritura sea política en un sentido tradicional, y quizás por eso me intriga saber cómo ubica su obra en el contexto de la política contemporánea.
Estamos tan marcados por la precariedad... Lo político en mi trabajo siempre ha estado presente. Consiste en interesarme por las condiciones materiales de vida de la gente. Se supone que no debemos cuidar de los demás, ya sean padres, amigos, animales, bebés, niños; se supone que no debemos cuidarnos unos a otros porque debemos trabajar hasta morir. Comprender que la escritura es un espacio de cuidado, pero también que la vida es simplemente la vida cotidiana es algo muy importante a lo que aferrarse. Debemos recordar que esos momentos son realmente importantes, porque la sociedad no nos va a dar permiso para ser escritores, de hecho, no quieren que lo seamos, porque no quieren que escribamos sobre las condiciones en las que vivimos, enfermamos, morimos. Además, si uno intenta hacerse oír y está marginado, eso en sí mismo es político. Cada vez que escribes sobre la precariedad económica o de un mal casero, cada vez que hablas de alguien con poder, eso es político. Es algo cotidiano, por eso no se percibe como político, pero la política surge precisamente de lo cotidiano.
¿Y qué me diría si le dijera que creo que usted escribe sobre la tristeza... y la tristeza es muy política?
¡Estoy totalmente de acuerdo! Mis libros tratan sobre llorar en público. Eso es lo maravilloso de Nueva York: todo el mundo llora libremente en público, hay una gran colectividad en ello.

Kate Zambreno, fotografiada en Nueva York. / Heather Sten
En ese sentido, el cuerpo suele quedar fuera del debate sobre la escritura, pero creo que eso es un error, porque, para mí, escribir es una suerte de 'performance' corporal. ¿Qué papel juega el cuerpo en su obra, en su escritura?
No sé si has leído el libro de Daisy Hildyard 'The Second Body', pero en él reflexiona sobre cómo tenemos un cuerpo y luego un segundo cuerpo, que es nuestro cuerpo social, el que compartimos. La pandemia puso de relieve nuestro segundo cuerpo. Cuando estás embarazada sucede esta cosa increíble, extraña, punk y morbosa: me sentía conectada con mis antepasados, con todos los que me rodeaban, era como un estado de vida extremo, especialmente estando embarazada durante la pandemia. Di a luz cuando había morgues en el exterior del hospital, fue el punto álgido de la pandemia, todos llevaban mascarilla, nadie te hablaba, pero seguías siendo un cuerpo entre otros cuerpos. Estábamos todos sufriendo tanto individualmente y muriendo y no se nos permitía ese dolor, y creo que todos seguimos pensando en lo que pasó y en cómo describir colectivamente ese trauma. Pero, sí, volviendo a tu pregunta, estoy muy interesada en el cuerpo, aunque me interesa otro tipo de realismo corporal. Me interesa aquello sobre lo que no debo escribir. ¿Por qué no escribir sobre todas las formas en las que el cuerpo nos falla y nos deja vulnerables, sobre la enfermedad? El cuerpo es un lugar de sentimiento y pensamiento. Se supone que no debemos escribir sobre un cuerpo que envejece o falla y, si escribes sobre el cuerpo de una embarazada, tiene que ser de cierta manera. El hecho de que siempre me prohibieran escribir, pensar o hablar sobre la masturbación es la razón por la que la incluyo tan a menudo en mi obra. Tengo la sensación de que siempre he querido escribir a través de una prohibición.
Al final de 'Escribir como si ya hubieras muerto' se cuestiona si la muerte es la tradición definitiva, y no la escritura: "Escribir como manera de marcar un 'yo' antes de que se extinga". Me pregunto si ha encontrado ya una respuesta...
No, me aterra la muerte. Creo que el aspecto que define mi vida como escritora y la razón por la que soy escritora es que mi madre murió a los 55 años. Ahora tengo 47, así que esa es mi fecha límite. Siempre me preguntan por qué escribo tanto; en realidad no escribo tanto, pero sí pienso mucho en proyectos, los termino y trato de publicarlos. No considero mi obra un homenaje ni un monumento. Es como si tuviera que escribir hasta que muera o hasta que ya no pueda escribir más, el cuerpo o la mente te fallan en algún momento. Por eso mido mi trabajo sólo contra mí misma: ¿qué es lo que realmente quiero escribir?, ¿qué quiero lograr y cuánto tiempo me queda? La escritura sólo me interesa como algo en tiempo presente, no me interesa cómo se percibirán mis libros algún día. Tienes que escribir como si ya estuvieras muerto.
El trabajo no es lo más importante. No soy más especial por ser escritora, sólo es algo que hago y no puedo dejar de hacer
"No sé por qué, cuando hablo de la escritura, hablo de la muerte", dice en este libro.
Lo sé. Creo que es porque mi vida habría sido muy diferente si mi madre no hubiera muerto como lo hizo. Realmente creo que, si mi madre no hubiera muerto tan trágicamente, me habría convertido en un tipo muy diferente de escritora. No creo que hubiera hecho de esto el trabajo de mi vida porque, honestamente, no es una vida segura o estable. Lo que me lleva a relacionar la escritura con la muerte es sólo una motivación interna. ¿Qué arde en nuestro interior mientras somos nosotros mismos? ¿Qué tenemos? ¿Qué podemos tener? ¿Qué se olvidará? ¿Qué es la vida? Nunca conoceré los secretos de mi madre ni de otras personas que han fallecido en mi vida, son un misterio, nunca dejaron constancia de nada, por eso creo que la necesidad de guardar registros de todo es tan intensa en mí.
Escribir como una forma de supervivencia, en definitiva.
Sí. Creo que Audre Lorde habla de supervivencia y dice que se trata, simplemente, de respirar una vez tras otra, su libro 'The Way to Bear' lo refleja y creo que mi libro también es un tributo a eso. Lo pienso cada vez más. Se supone que debemos ser sujetos dóciles y obedientes. Tomar notas o escribir en un cuaderno es una forma más radical de pasividad o inercia, es negarse a ser siempre tan productivos, a trabajar en exceso, a no pensar en las condiciones de nuestra vida.
Termino citándola de nuevo: "Me sucede cada vez que termino un libro, después de que salga al mundo, ya no estoy segura de si sigo siendo escritora". ¿Cómo se recupera de eso, cómo afronta luego un nuevo proyecto?
El mundo editorial estadounidense es cada vez más corporativo, hay tanta insignificancia y pequeñez... Por suerte, me ayuda ser humilde. Siempre he escrito contra y a través de esos sentimientos de alienación. Acabo de publicar un libro aquí, 'Historias de animales', que Cecilia Pavón traducirá al castellano, y recibió una reseña muy condescendiente y ahí se quedó la cosa. Pero es como si Robert Walser entrara en una librería sintiéndose inmensamente feliz por lo pequeño e insignificante que es. Me ayuda que tan poca gente en mi vida me considere escritora. El trabajo es importante, pero no es lo más importante. No soy más especial por ser escritora; simplemente es algo que hago y que no puedo dejar de hacer.

Escribir como si ya hubieras muerto
Kate Zambreno
Traducción de Montse Meneses Vilar
La uÑa RoTa
228 páginas. 22 euros
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