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PERFIL

Arturo Pérez-Reverte: el autor, la persona y el personaje

El 3 de septiembre saldrá a la venta 'Misión en París', la octava novela de las aventuras del Capitán Alatriste, tras un paréntesis de 14 años en la narrativa del popular soldado de fortuna

El escritor y académico de la RAE Arturo Pérez-Reverte.

El escritor y académico de la RAE Arturo Pérez-Reverte. / Jeosm

Jorge Fauró

Jorge Fauró

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Tras otra 'espantá' de Curro Romero, con la Policía protegiendo al torero de la ira popular, el albero alfombrado de almohadillas y el griterío unánime de los tendidos contra lo visto en el ruedo, se atribuye a un aficionado de La Maestranza la siguiente frase: "¡Curro, mañana va a venir a verte torear tu puta madre… y yo!". A Curro siempre se le esperaba.

Y así ocurre con Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951): el mundo literario siempre le espera con cada nueva novela, como sus miles de lectores, la crítica y los internautas, con quienes se bate a espada ropera. El 3 de septiembre saldrá a la venta 'Misión en París' (Alfaguara), la octava novela de las aventuras del Capitán Alatriste, tras un paréntesis de 14 años en la narrativa del popular soldado de fortuna nacido en 1996 de la imaginación del exreportero de guerra, hoy novelista, articulista y tuitero en las trincheras.

Ese perfil público combativo, en ocasiones acompañado de una semántica extrema, es lo que convierte al autor en un tipo detestable o en un ejemplo de sensatez capaz del análisis más certero en menos de 240 caracteres.

Resulta complicado separar a la persona del personaje público. Y el que Pérez-Reverte ha creado de sí mismo es amado y odiado casi a partes iguales. Los primeros le adulan y anteponen a su nombre ese formalismo caduco y trasnochado en las sociedades igualitarias del que apenas es merecedor Don Quijote. "Muy acertado, don Arturo", "Bravo, don Arturo".

Exabruptos virales

Se han hecho virales sus exabruptos contra algún periodista a quien denuesta por falta de higiene; contra los responsables de objetos de uso cotidiano ("Cada vez que tengo sed recuerdo que en Bruselas hay un hijo de puta que, cada mes, cobra un sueldo y unas dietas por complicarme los tapones de las botellas de agua"); o contra gente que quizá no se cruzó en su camino en el mejor momento ("Hoy, en Sevilla, comentario de un fulano mientras me daba la mano: 'Hombre, Arturo, no he leído nada tuyo, pero me gustabas más antes, cuando eras reportero de guerra'. Respuesta: 'Yo también me gustaba más antes, cuando no tenía que aguantar a tanto gilipollas'", lo que desencadena la ira en muchos tendidos.

Al igual que con otros escritores reprobados en vida por sus malas pulgas (Roald Dahl, Dostoievski, Victor Hugo, Céline, Cela o Fernán-Gómez), el tiempo acabará opacando esa faceta antipática porque el académico no deja de ser un gran escritor que construye sus novelas con la meticulosidad de un arquitecto ante una gran obra.

Entre sus detractores cunde la sensación de que en sus últimas entregas eleva a la categoría de héroes a personajes a sueldo de dictaduras, lo cual solivianta a parte de la izquierda (la serie 'Falcó', 'El italiano', 'La isla de la Mujer Dormida'), y aunque en mi opinión no acaba de acertar con los títulos (A 'Línea de fuego' le falta una preposición para confundirse con el filme de Wolfgang Petersen; 'El problema final', por más que se trate de un guiño a las novelas de Sherlock Holmes, ya lo utilizó Conan Doyle; 'Misión en París' podría ser una obra de Ian Fleming o una historieta de Francisco Ibáñez), a Pérez-Reverte le ocurre lo que al 'Faraón de Camas': siempre se le espera. Cualquier nueva novela la va a leer quien ustedes ya saben… y yo.

Misión en París

Arturo Pérez-Reverte

Alfaguara

360 páginas. 21,90 euros

A la venta el 3 de septiembre