CRÍTICA
'Línea blanca', de Marta Castaño, un tema poco común en poesía: embarazo, aborto y duelo
Este poemario es una suerte de laboratorio poético en el que se acrisola lo vivido a modo de filtro por el que se van decantando las emociones

La poeta Marta Castaño, autora de 'Línea blanca'. / EP
'Línea blanca', de Marta Castaño (Pamplona, 1988), se plantea como una especie de cuadro clínico en primera instancia, como un diario en segunda y, finalmente, como una suerte de laboratorio poético en el que se acrisola lo vivido, a modo de filtro por el que se van decantando las emociones. «El endometrio es / esta línea blanca que ves aquí» (69). Dividido en 'Antes', 'Durante' y 'Después', este poemario relata en su inicio los primeros compases de una mujer embarazada: «La vida es un acontecimiento.
Un cuerpo que nace es un acontecimiento como lo es también un cuerpo que muere. Hay una luz que emerge de cada cuerpo que viene y de cada cuerpo que se va» (23). Coincidiendo con el '1 de enero', las esperanzas llevan en volandas la imaginación de la voz verbal: «¿Cuánto amor cabe en un cuerpo para que pueda crear otro cuerpo? // ¿Cuánto amor debe dar un cuerpo para que pueda dar vida a otro cuerpo?» (28).
La preñez se muestra como un estado excepcional del cuerpo, asegurándonos que «Una tempestad se ha desatado dentro de mí» (29), a la vez que aparecen las náuseas y el malestar de los primeros meses. Se presenta el estado como proceso: «Mi cuerpo y mi cerebro se dedican por entero a una única tarea: crear vida» (31) y una anticipación oracular augura un desenlace trágico: «Atravesada de nuevo por el dolor y las náuseas. / El llanto del vientre. / El incendio del cuerpo» (24), o cuando nos confiesa que «no hay mar ni nombres / que digan no eres un cuerpo / no estás sola // las serpientes esperan en la orilla» (25, «2 de diciembre»).
En la segunda parte asistimos al aborto, con consecuencias dramáticas. Tras un breve poema en inglés, una visión nos predispone: «En la pantalla / como una boca negra de serpiente […] Una pequeña forma fantasmal / un huevo de serpiente / flota en la parte izquierda / de mi vientre negro» (40). La conciencia del ser que se estaba formando se ha desgajado: «Fuiste un suspiro metálico / un murmullo ensangrentado / maremoto en la redondez / cristalina de un sueño» (42).
Tiempo para reponerse
¿Cuánto tiempo necesita una mujer para reponerse? ¿Sirve la poesía para exorcizar las heridas? Constantes vueltas y lacerantes pesadillas con los ojos abiertos no se podrán evitar: «No se negó a soltarse / se escurrió de mí / y se deslizó sigiloso / por la grieta ya / abierta en la carne» (60). Bajo la advocación de la peruana Blanca Varela (63-64), se asumirá la pérdida con todas sus secuelas psicológicas.
En la tercera parte, el sujeto nos acerca al sentimiento de duelo postraumático: «He vuelto al mundo y el mundo solamente me recuerda mi duelo» (67, '9 de febrero'). Sea espontáneo o voluntario, el aborto es una experiencia íntima e intensa que requiere tiempo, comprensión y apoyo. Se trata de reconocer que la pérdida de un embarazo, independientemente de las circunstancias, genera un profundo dolor y requerirá un proceso de duelo.
La poeta aporta una interesante introspección a la interrupción del embarazo y la posibilidad de crear vida, desde el repliegue meditativo de la poesía
Ese reconocimiento posee sus plazos: «Una tiene que temblar y removerse / una tiene que temblar y romperse / una tiene que temblar y derrumbarse» (68), si bien la vida se regenera poco a poco y, con la normalización del cuerpo y la nueva ovulación, «otro ciclo comienza» (69). Igualmente en estos otros versos: «El útero vacío respira / de nuevo / como un mar nocturno / nadie lo ve, pero respira / de nuevo / no hay sedimento ni erosión» (70).
'Renacer' (100) va en esa dirección en las composiciones más conseguidas del libro, donde el duelo permite expresiones de dolor, más allá de lo biológico, incluida la poesía, experimentando tristezas, altibajos anímicos, culpas, alivios, rabia o confusión. En la juventud, además, reconocer este desafío contribuye a la formación de las capas más hondas de la identidad.
Marta Castaño ha abordado un tema poco común en poesía, casi tabú se podría decir, y lo ha hecho con sabiduría, extraordinaria crudeza, mirada lírica y vitamina reflexiva, tan necesaria en estos tiempos donde el mecanicismo nos hace actuar como autómatas. La poeta navarra aporta una interesante introspección a la interrupción del embarazo y la posibilidad de crear vida, desde el repliegue meditativo de la poesía.

Línea blanca
Marta Castaño
RIL Editores
112 páginas
14 euros
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