CRÍTICA
'Oso', de Julia Philips: entre hermanas y bestias
La autora estadounidense vuelve a deslumbrar con su nueva novela, una historia con un desenlace tan sereno como devastador

La escritora estadounidense Julia Phillips, autora de 'Oso'. / EPE
No todas las novelas adultas pueden permitirse comenzar como un cuento de hadas –con un Érase una vez o mencionando a Cenicienta ya en el segundo párrafo– sin perder credibilidad o caer en el artificio. En Oso, Julia Phillips (Montclair, EEUU, 1989) lo consigue con una maniobra inteligente: introduce el extrañamiento desde el principio, pero pronto lo ancla en una realidad áspera y tangible.
Imaginemos esta premisa: dos hermanas viven en una zona remota de EEUU atrapadas en una existencia sin oportunidades y volcadas en el cuidado de su madre enferma. Hasta que un día una de ellas se topa con un oso –real, de carne y hueso– y esa aparición altera el equilibrio de sus vidas.
El punto de partida es, cuando menos, arriesgado. Quienes no quedaron prendados del debut de Phillips, La desaparición (2021), quizá vean aquí una propuesta difícil de asimilar. Original, sí, pero de entrada desconcertante. ¿Cómo convencer al lector de que se acerque a esta historia? Deshaciéndose, en parte, de ese tono de fábula (aunque nunca del todo) y desplazándolo hacia el terreno de lo concreto: el desgaste físico y emocional de los cuidados, el peso de las deudas médicas, el impacto económico de la pandemia.
Bajo el velo simbólico del oso se despliega una historia íntima y social a la vez, una radiografía de cómo el azar puede sacudir las rutinas que nos mantienen atrapadas. (En este contexto, resulta inevitable pensar en el debate que circuló en redes hace un tiempo: ¿preferirías quedarte a solas con un oso o con un hombre en mitad del bosque? La novela parece responder sin titubeos: mejor la bestia salvaje. Al menos, con ella, sabemos a qué atenernos).
El peso de los cuidados
Si algo caracterizaba La desaparición era el pulso especial de la autora para capturar las violencias estructurales que atraviesan lo cotidiano. Lo hace desde lo sutil, con detalles que apuntan a situaciones incómodas que muchas mujeres viven sin apenas verbalizar. En Oso, uno de los temas que sobrevuelan es el peso de los cuidados y cómo esa responsabilidad puede inmovilizar una vida, fijarla a un territorio, a un ritmo, a una renuncia constante. Hasta que desaparece, y entonces deja un vacío imposible de llenar. A esta capa se suma una crítica nítida al capitalismo salvaje y a cómo la pandemia no hizo más que agudizar las desigualdades que ya nos fracturaban.
Phillips es extraordinaria sosteniendo la tensión sin recurrir a golpes de efecto. Dosifica la información con precisión quirúrgica, se demora en la rutina de sus personajes y les da vida a través de gestos mínimos. Con unas pinceladas, los conocemos. Los entendemos. Y por eso, incluso sus decisiones más inusuales nunca nos resultan inverosímiles: ha construido su lógica con paciencia de orfebre. Sus personajes podrían ser reales. Comparten nuestros miedos, nuestras obsesiones, nuestras formas torpes de estar en el mundo.
Oso deja una última herida abierta: la grieta que se abre entre las dos hermanas cuando sus vidas se trastocan y descubren que no se conocen. Esa distancia callada que a veces se instala en los vínculos más estrechos. La dificultad de comunicarse con quien debería ser el interlocutor más natural. Porque la intimidad, cuando no se cultiva, puede volverse una forma de distancia.

Oso
Julia Phillips
Traducción de Francisco González López
Sexto Piso
274 páginas. 21,90 euros
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