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ENTREVISTA

Ray Loriga, escritor: "Se está mejor vivo, pero tampoco pasa nada si te mueres"

Su última novela, 'Tim', escrita después de haberse paseado por la antesala de la muerte, es una suerte de narración existencial que te mantiene ovillada hasta el último párrafo

El escritor Ray Loriga, fotografiado en Madrid.

El escritor Ray Loriga, fotografiado en Madrid. / Alba Vigaray

Elena Pita

Elena Pita

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Ray ya era Ray cuando vendía ropa de moda y le publicaron su primer libro. Tenía 24 años, Lo peor de todo, 1992. Han pasado varias décadas y sigue siendo el mismo con la ventaja de lo mucho aprendido (Madrid, 1967). O no, no es el mismo, porque en realidad quién es sólo lo sabe él. O tampoco. Eso viene a contar en su última obra, Tim (Alfaguara), una suerte de narración existencial que te mantiene ovillada hasta el último párrafo y entonces, ¡¿eh?! (ojo, no leer la última página ni de coña en el camino).

Lo escribe después de haberse paseado por la antesala de la muerte, un hecho que contempló con gran serenidad, "me creó una extraña paz, me costó volver a la batalla". Y que ha dado lugar al mismo escritor (juro que he repasado sus dos primeras novelas y ya todo estaba ahí), pero con más capas de asombro y sabiduría, y más cercano si cabe pese al parapeto de su timidez y a su máscara, a la que ahora añade un parche inquietante en el ojo derecho.

Entretanto, ha sido padre de dos hijos que ya despuntan, en la veintena, ha publicado 18 libros, ha escrito 10 guiones, ha dirigido una película y se ha ganado la admiración de miles de lectores. Y parece el mismo, pero sólo lo parece, porque nada es lo que es.

¿Existe la literatura sin causa, sin propósito? "Tener algo que decir es morir en el intento", sostiene. Entonces, ¿qué se plantea cuando empieza a escribir Tim, pongamos?

Que suene bien y tenga sentido, eso es la literatura para mí. Se dice mucho esto de ¡una novela sin trama! Pero ¿qué es trama?, ¿una peripecia o que tenga un sentido? Construyes algo en una dirección concreta para que tenga un sentido concreto, la peripecia se le puede ocurrir a cualquiera, pero lo importante es que tenga sentido lo que cuentas y que tenga una formulación literaria.

Elena Poniatowska dice de su novela: "A veces siento que no quiere provocar nada en el lector". ¿Ni siquiera un ejercicio estético, donde estética es la capacidad de emocionar? O sea, ¿pura prosa poética?

Sí, esa es la emoción que quiero provocar, que además es variable, aplicada a un sentido. La manera de tiene que ver con la función de, no se diseña igual una tostadora que un submarino: la apariencia se debe a la función, y así es como intento escribir, que no haya adornos sino piezas.

¿No era su intención indagar en la obsesión identitaria que padecemos? ¿Nos pasamos la existencia imaginando una falsa identidad, empeñados en creernos quienes no somos?

El libro plantea un millón de preguntas y ofrece muy pocas respuestas, pero uno se acerca más a las respuestas cuanto mejor hace las preguntas. Y la pregunta es quién soy, que es la base de la identidad, no a qué grupo pertenezco. Estas son las preguntas que se me ocurren ahora mismo, y la clave está en saber quién no soy, qué no soy, ¿me he obligado a encajar aquí?, ¿estoy formulado por los ojos de los demás o tengo ojos hacia dentro? Y para mí la identidad está en esos ojos hacia dentro.

Cuando asoma en nosotros la primera sombra hirsuta nos obligan a definirnos, ¿ahí se acabó el cuento, y el placer sin aditivos?

Desde niños nos obligan a definirnos, de hecho nuestra primera noción de nosotros mismos viene de fuera: nuestro nombre sin ir más lejos. No eres Juan, te han llamado Juan, y te han dicho que eres cariñoso o antipático, o rebelde; te lo dicen en el grupo familiar y luego vas al colegio y te ponen un parámetro, eres el gordo o el listo, o el tonto. Te van dando una avalancha de nombres de ti mismo que no te permiten pensar quién eres.

Pero ¿esa obligación de encauzarte no se produce en la adolescencia?

En la adolescencia buscas una proposición de ti mismo más que un reconocimiento. Si uno piensa en cómo se formula un individuo, un alma cualquiera, el principio de la construcción individual es más una proyección, un trampantojo de sí mismo, el ser que está por hacer, mitad lo que te han dicho mitad lo que deseas. De ahí nacen luego tantas frustraciones, porque conocerse es muy difícil, y uno tampoco es el mismo todo el tiempo.

¡Menos mal!

Sí, porque sería bastante triste. ¡Soy el mismo desde los 18 años, auténtico! Sí, auténticamente idiota, qué poco te ha sucedido, qué poco te ha erosionado y te ha modulado el tiempo, y la vida. Yo no recuerdo la adolescencia y ni siquiera la infancia como un cuento placentero: estaba lleno de negruras, de miedos, de limitaciones, incapacidades, tiempos obligatorios no decididos. Normalmente el niño actúa como el perro de Pávlov, esfuerzo/recompensa, con una cadena muy corta. No tengo una nostalgia ni un embellecimiento de la infancia.

Ese catre desde el que habla el que no es Tim, ¿no es un trasunto de la inconsciencia o inocencia perdida?

Es un trasunto de la posibilidad. Por incómodo que sea, le resulta más confortable ese catre que lo obligatorio de lo siguiente, porque en el catre todavía puede dudar de quién es, todavía se puede imaginar, e intuye que en el mundo real no podrá ser imaginado por sí mismo sino visto por los demás.

Etiqueta y se acabó la imaginación.

Se acabó: eres esto que yo he visto y digo, y no lo que tú crees que eres.

Somos, según él, "vagabundos de la imaginación y náufragos de la memoria", donde la memoria de la madre ¿sería el principal recuerdo en la vida de uno?

Evidentemente, es lo primero, no sólo la madre sino todo lo que conlleva, es la relación más intensa aún sin saber en qué consiste. Probablemente en la vida no tengamos una relación tan concentrada como ésta. La primera formulación de existencia se hace a su amparo, llámale madre o cómo quieras, puede tener barba, no me refiero sólo a la mujer, sino a la figura materna.

El principio de la construcción individual es más una proyección, un trampantojo de sí mismo

He llegado casualmente a la suya, a su madre, que al parecer fue presentadora del Circo Price, ¿no le parecía apasionante?

Suena bastante exótico, pero para ella no sé si tanto, era actriz en Venezuela y cuando llega a España hace algunas obras de teatro y para completar su sueldo acepta este trabajo en el circo durante unos años. Pero acuérdate lo que era aquello… ropa corta, varieté, animadora, presentadora… Recuerdo de niño haber ido alguna noche a dormir a un carromato, porque mi padre estaba trabajando y mi heroica madre no tenía donde dejar a sus tres hijos, nos llevaba y nos quedábamos al cuidado del domador, el hombre forzudo, los payasos… mientras se sucedían los números. Luego se hizo actriz de doblaje que era más cómodo, de hecho dejó el teatro por las noches y las giras, por nosotros. Éramos tres chicos, el mayor murió hace muchos años.

Toda su peña de El canto de la tripulación era muy circense también. ¿Qué extraño magnetismo tiene el circo, alegre por fuera, tristísimo por dentro?

Yo era el grumete de la tripulación, fue Alberto [García-Alix] quien trajo ese mundo del circo precario, siempre tenía un amigo que tragaba sables y así. A mí simplemente el olor del circo me produce una tristeza… me deprime, no sé si me viene de la infancia, me aterrorizaban los payasos, todo ese fingimiento del heroísmo, pero sí, al mimo tiempo atrae, claro. Sí, es un conflicto entre la penuria interior y la sonrisa hacia afuera: es una violencia el hecho de vivir así.

Dice el que no es Tim que "el cariño le reduce a uno a la nada". ¿Dándonos nos consumimos o, al contrario, dándonos somos?

El cariño, volviendo a la madre, te reduce a un no ser plácido. Tú decides el amor que das, pero el recibido es como un objeto cuidable, reconfortable. Creo que uno se siente más cerca de ser dando que recibiendo.

Ansiamos lo que no tenemos, y si llueve lo hace en demasía y si no llueve tenemos sequía. ¿Tal es nuestra condición existencial, añorar? ¿Podríamos decir que es éste un largo relato existencial?

En cuanto al reconocimiento de la existencia, y de cómo se existe, sobre todo en grupo, sí. Creo que esa distancia entre el anhelo y lo que se consigue, esa frustración, es inherente. De hecho uno empieza a pensar que las cosas son hermosas cuando las pierde. Uno no piensa que es feliz teniendo dos piernas y dos brazos, no le basta, pero cuando te las cortan toda tu felicidad sería recuperarlas.

"Habitar lo ajeno". ¿Le parece una buena definición de la naturaleza del escritor?

Habitar lo ajeno incluso dentro de ti, la literatura tiene mucho de eso. Hay cien mil maneras de escribir, pero este es uno de los primeros impulsos de la literatura, e incluso habitar lo ajeno posible dentro de nosotros. Tiene que ver con lo ajeno, siempre; como decía Walt Whitman, contengo multitudes.

Habitar lo ajeno incluso dentro de ti, la literatura tiene mucho de eso

Ray, eso de tener "un estilo" en literatura es algo positivo o es una limitación, como en arquitectura. Con Tim por veces me ha parecido estar leyendo a Cormac McCarthy, así que volví a sus primeras obras y ¡todo estaba ya ahí! ¿Eso es lo que en crítica se llama estilo?

El estilo es una afectación, una cursilada. Volvemos a las piezas en relación a su función. Yo lo llamaría forma, que tiene que ver con un destino o interés concreto, uno imagina un libro como un edificio o una maquinaria concreta; ritmo, tono, música, son piezas de un engranaje que si a ti te funciona, con suerte le funciona al lector. Y sí me gustaría pensar que algo de lo que está aquí es una evolución lógica de lo que estaba allí. Han pasado muchos años y lecturas, y la voz se va modulando por afinidades e impulsos meramente literarios. No vería tan raro que camináramos por senderos o vecindarios paralelos, donde no es tan extraño encontrarse [se refiere a McCarthy].

Su primer libro lo reseñaron nada menos que Echevarría y Santos Sanz, que sentenciaron que era un gran escritor. ¡Cómo han cambiado las cosas, ¿no cree?! ¿Se imagina a estos dos santones de la crítica literaria reseñando hoy a un novel?

Sigue pasando, se dan sorpresas como Irene Vallejo, Alana Portero, David Uclés… una bestiada de impacto. Se mitifica lo que nos sucedió en aquella época a algunos porque había menos medios, todo era como un embudo, pero ahora está tan atomizada la información que… A mí me ha pasado hace años, ir con mis hijos por la calle y ver un montón de gente gritando y ¿ese quién es? Es Justin Bieber. ¿Y a qué se dedica? Hay tal atomización de éxito y presencia que puedes perfectamente ignorar a un famoso. Pero sí creo que hay gente muy joven en literatura, viniendo de la casi nada, que está pegando unos impactos muy grandes.

Al que no es Tim le reconforta haber vivido consciente de la intrascendencia de las cosas, ¿y a Ray?

Sí, en gran medida, porque la frustración vital es menor. El desengaño es proporcional al anhelo. Es como ir a la ruleta e invertir más o menos, y en este caso es el alma lo que inviertes.

No tengo nada de tipo duro, nunca lo he tenido

En la lectura de este libro uno tiene la sospecha de que quien no es Tim habla desde la muerte. Ray, ¿qué le ha enseñado su proximidad a la muerte?

Que se está mejor vivo y que tampoco pasa nada si te mueres. Lo viví con bastante tranquilidad, de hecho me creó una extraña tranquilidad, me costó más volver a la batalla. Es como una bombilla que se apaga en una tienda de lámparas: una más una menos, aunque seas tú, tampoco es gran cosa.

Es importante saber trascenderlo así, ¿no cree?

Me produjo una gran tranquilidad, sinceramente, te diré que no me quitaba el sueño.

Triste es cuando uno entra en pánico ante la muerte, ¿lo ha visto alguna vez?

Sí, e incluso con el envejecimiento, pensar que puedes detener el reloj con un buen aspecto exterior, cuando la muerte es la única certeza que tenemos. Sí, he visto perder el aliento ante ese miedo. Será gente que le ha cogido un amor a la vida que yo, no. Me divierto mucho, disfruto de muchas cosas, pero de ahí a un amor desaforado a mi propia existencia, no lo tengo. No discuto que otros lo hayan encontrado, eh.

Bien Ray, con esta impronta de tipo duro que siempre ha tenido y que ahora el parche acentúa…

[Se ríe] No tengo nada de tipo duro, nunca lo he tenido.

…en el fondo, ¿no será usted un buen chico?

Dios sabe que intento ser una buena persona. Lo que nunca he sabido es si será por mi timidez que se me ha visto como un tipo duro, pero soy el menos violento del mundo, detesto las peleas y los conflictos e intento arreglarlo todo por las buenas. Puedo parecer críptico, pero es más por timidez, por intentar callar.

TIM

Ray Loriga

Alfaguara

135 páginas

18,90 euros