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CRÍTICA

'Proust, novela familiar', de Laure Murat: la salvación

La autora se apoya en el escritor francés para narrar la historia de su propia familia

La escritora Laure Murat.

La escritora Laure Murat. / Philippe Matsas

Gonzalo Torné

Gonzalo Torné

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La paradoja de Proust es que pese a que se ha dicho tanto sobre la literatura no parece que el comentario vaya a terminarse nunca. Y el enfoque de Laure Murat (Neuilly-sur-Seine, 1967) es particularmente original y sugestivo. Hija repudiada de una familia aristocrática por los cuatro costados, poseedora de un castillo (que tiene su protagonismo en el libro) y cuyos apellidos resuenan en la Recherche, Murat se apoya en Marcel Proust para narrar la historia de su familia, o para ser más precisos: una colección de recuerdos familiares que sirven de vehículo para examinar la psicología y la moral de una clase que ha perdido influencia política y potencial económicao pero que aquí sigue, en la vida y en la ficción, fascinándonos.

En Proust, novela familiar, Murat no añade nada nuevo: expone la interminable serie de normas y formalidades, vacías de contenido, que convierte estas vidas en una representación sustentada en la estricta contención de las emociones y en una aguerrida diferencia de las distancias. Pero lo dice en un tono distinto y valioso: el de la familiaridad.

En varios momentos, el libro corre el peligro de caer en la misma trampa aristocrática que Murat señala: un despliegue de nombres y fechas vacío. Pero el peligro siempre se sortea: aquí encarnando las virtudes o las limitaciones de la aristocracia en un vivo relato de su querido padre y de su amargada madre, allí con páginas de escritura precisa y penetrante como las dedicadas a la tormenta sobre el castillo, y por todas partes con agudas observaciones sobre la obra de Proust.

Núcleo

El núcleo está en la serie de decisiones vitales (trabajar, ser feminista, enamorarse de otra mujer…) que convirtieron a Murat en una persona inasumible para su familia. En manos de otro escritor todo esto rezumaría reproches y drama, Murat lo cuenta con el gesto sereno que aprendió de su familia pero le añade unos toques de comprensión profunda y ternura que dan la medida de la mujer en la que se ha convertido por méritos propios.

Proust, novela familiar es también una invitación y un agradecimiento. Murat nos invita a leer a Proust en cualquier momento, seas de donde seas y vengas de donde vengas, pese a su fama de cursi y esnob que carga entre quienes no lo han leído, no hay escritor más punk (disolvente de toda distinción social) y cruel (por sabio, por estar al servicio de nuestra lucidez), y su lectura contribuye a que la vida sepa mejor, que suponga un reto más amplio y un juego más complejo.

En cuanto al agradecimiento, Murat lo resume con una frase familiar para muchos lectores: «Proust me salvó la vida». Existen muchas reticencias sobre la capacidad de la ficción para volvernos mejores y para alterar el curso de la existencia. Y en muchas ocasiones se trata de frases de saldo, de un adanismo pringoso. Así que señalemos que no es el menor de los méritos de este libro que al leer el agradecimiento de Murat nos convenzamos de que es cierto, que Proust la salvó como otros nos salvaron.

Proust, novela familiar

Laure Murat

Traducción de María Teresa Gallego y Amaya García Gallego

Anagrama

288 páginas

19,90 euros