Opinión | PERIFÉRICOS Y CONSUMIBLES

Escritor y profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Oviedo
Ventajas estéticas del gotelé(er)
Reivindico ser como la cerámica ‘kintsugi’: no pretender que las fisuras desaparezcan, sino que se acentúen
'Kintsugi' o 'táctica de la cerámica rota', el método japonés para superar los malos momentos

Proceso de reparación de un cuenco con la técnica 'kintsugi'. / FERNANDO RODRÍGUEZ
No me parece –es una hipótesis– que a estas alturas sea muy defendible el poder curativo de la lectura. Hable quien quiera de su capacidad liberadora, de su potestad para la regeneración. La lectura es una patología autoinmune que no atiende a razones ni ha de buscar, necesariamente, la salvación, el éxtasis, la epifanía. La lectura es un cónclave en el que participan todos los que hemos sido, somos y seremos. Una elección solemne en la que confiamos en la santidad de nuestro espíritu, pero no desatendemos la materialidad de nuestra carne.
En la solemnidad que queremos asignarles a los actos que en absoluto la demandan, buscamos en la lectura que nos deje el corazón alicatado hasta el techo, pero lo más que puede ofrecernos es que seamos sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, pero llenos de huesos de muertos y de inmundicia (lo dice Mateo, siempre tan periférico y consumible).
La lectura es un cónclave en el que participan todos los que hemos sido, somos y seremos
Ha vuelto el gotelé como técnica y como solución estética. Lo que fue por tradición un modo de encubrir las imperfecciones constructivas, se ha convertido en un modo de hacer visible esa misma imperfección. Así la lectura, que quiso ser terapia para paredes impolutas y sin defectos, y se muestra cada vez más como un espacio abonado al desconchón, al resalte, al relieve, al saliente, a la protuberancia. Leer como ejercicio físico, como quien pasa la mano por las palabras para notar su rugosidad, su filo: el riesgo de la herida.
Reivindicar las llagas
La búsqueda de lo que nos hace perfectos nos tiene maniatados. Reivindico las ventajas estéticas del gotelé(er). Irse cubriendo de heridas visibles, dejar de ser paredes lisas y aceptar cada defecto y cada grieta como parte de lo que somos. Ser como las piezas de cerámica de la técnica 'kintsugi': no pretender que las fracturas, las rajas, las fisuras, desaparezcan de nuestra superficie, sino que estas se acentúen, se muestren, se visibilicen, y se celebren. Reparar con oro, si es preciso. Que el nuevo brillo dorado no oculte lo leído, sino que reivindique sin reparo las huellas de la llaga.
La búsqueda de lo que nos hace perfectos nos tiene maniatados
Leer de esta manera convertirá cada texto en una especie de documento escrito en un braille imperfecto. Podremos ser leídos por los dedos expertos de los que van tropezando –aquí un pico, allí una tachadura– sin que les importe herirse a cada paso. Paredes rugosas que se muestran a techo descubierto, jarrones como mapas imposibles con fronteras de oro: el elogio de lo incompleto y lo defectuoso. Y también leer(se) mal, por qué no. El daño ya está hecho.
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