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OPINIÓN

El placer de escribir o leer en un tren

Llama la atención que ninguna compañía ferroviaria haya considerado la idea de convertir los coches de un tren en espacios de lectura. Si existen vagones del silencio, ¿por qué no vagones de lectura?

Interior del vagón de un tren.

Interior del vagón de un tren. / EP

Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

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Siempre que escribo en un tren tengo la sensación de que las ideas se alteran por estar en movimiento. Gravitan a la velocidad del vagón y si esta es de casi 300 km/hora las palabras se apabullan y así salen algunos artículos. Escribir en un tren es entretenido. Tu visión sobre la realidad cambia según el paisaje. Nunca sitúas tu mirada en un mismo punto, así que es más difícil abstraerse para dejar volar la imaginación, aunque el escenario por el que pases esté repleto de imágenes bucólicas. Los trenes son buenos espacios para la escritura.

También de lectura. La tecnología ha borrado casi por completo la visión de un viajero ante las páginas abiertas de un libro. Existen, claro, pero las pantallas han sustituido la evasión lectora. Gran error. Hay pocos espacios mejores para zambullirse en una novela que un tren. Sólo el suave zarandeo del vagón y la posibilidad de levantar la mirada del libro para aposentar lo que acabas de leer en un escenario que siempre es distinto, solo estas dos situaciones ya dan para gozar con mayor devoción de una narración.

Llama la atención que ninguna compañía ferroviaria haya considerado la idea de convertir los coches de un tren en espacios de lectura. Si existen vagones del silencio, ¿por qué no vagones de lectura? Trenes dedicados a la literatura negra o viajera o a la modalidad de moda, la young adult, tan cercana a la gente joven. Trenes dedicados a escritores, como los aviones. Hasta se podría situar junto a la cafetería habitual en los trenes de largo recorrido una pequeña biblioteca especializada en libros de relatos con los minutos de lectura. Parece una locura, pero los tiempos acompañan. Se proyectan cientos de iniciativas sin sentido que tiene éxito durante unos meses. Los libros se inventaron antes que el ferrocarril y ahí andan los dos, en un excelente momento.