CRÍTICA DE LIBROS
'El jardín del diablo', de Iván Repila: la reivindicación de la utopía
El autor bilbaíno fabula sobre la posibilidad de una nueva moral, de una nueva manera de obrar, en su nueva novela
He venido a hablar de mi libro: Iván Repila
Iván Repila: Escritor por culpa de la crisis

El escritor bilbaíno Iván Repila, autor de 'el jardín del diablo'. / MIRIAM ÁVILA

Quizá lo fácil habría sido construir una distopía con tintes apocalípticos, pero Iván Repila (Bilbao, 1978) ha preferido alejarse de este tipo de narrativa que niega toda posible alternativa y retomar la fábula. Este es un género con una finalidad moralizante y algo de esto hay en 'El jardín del diablo', última novela del autor bilbaíno.
Si entendemos moral como el conjunto de valores que nos llevan a actuar de una manera u otra en relación a lo que consideramos de manera colectiva el bien y el mal, es una fábula en torno a la posibilidad de una nueva moral, es decir, de una nueva manera de obrar con respecto a los demás y con respecto al entorno. Al mismo tiempo, es una reflexión ética sobre las conductas y las lógicas que ordenan las relaciones, una vez más con los demás y con el entorno, que imperan en la sociedad actual.
Esta doble vertiente, la moral y la ética, se plasma en dos temporalidades que están entrelazadas a través de la voz narradora, Volva, que se dirige a su hija pequeña. También enlaza dos espacios: el jardín, ese espacio idílico en cuanto a la convivencia entre los individuos y con la naturaleza, y un exterior no concretado y que es metáfora de la sociedad en la que vivimos. Hacia ese exterior es enviado Volva, cuando aún es joven, con el propósito de inculcar a este exterior no solo los conocimientos, sino y sobre todo los valores de convivencia del jardín. Tiempo después, relata este viaje a su hija.
Dos cronotopos
Recurriendo a la terminología del teórico Mijaíl Bajtín, Repila pone en movimiento dos cronotopos: el jardín y el exterior. Mientras el exterior es el lugar y el tiempo hacia el que se dirige físicamente Volva, el jardín es el lugar y el tiempo al que regresa constantemente, puesto que ahí residen los valores y los principios que Volva ha tenido que abandonar a la hora de encontrar su lugar en este nuevo contexto que es el mundo exterior.
Lejos de rechazar la utopía en tanto que lugar inexistente, lo reivindica como referente para pensar nuevas formas de convivencia, basadas especialmente en los cuidados y el respeto
"Me dijeron –recuerda– que evitase los juegos del jardín en público, y el trueque, y quedarme a solas en lugares vacíos y poco iluminados"; le dijeron también que, en ese exterior en el que se disponía a entrar, "no fuera intransigente con los desechos derivados del consumo voraz" y que evitara ir a "los zoos, ni a los acuarios, ni las granjas, ni ciertos lugares de comida", pues sería demasiado violento para él, acostumbrado a una relación distinta con los animales y la naturaleza, así como con respecto al consumo.
Para algunos, los principios que defiende Volva son inverosímiles y el jardín es una utopía. Sin embargo, y ahí está el gesto político de Repila, el jardín no es un imposible, todo lo contrario. Lejos de rechazar la utopía en tanto que lugar inexistente, lo reivindica como referente para pensar nuevas formas de convivencia, basadas especialmente en los cuidados y el respeto. Parafraseando el ensayo de Francisco Martorell Campos, la utopía es la posibilidad de soñar y, por tanto, pensar de otra manera. La utopía como oposición radical tanto al nihilismo como a la resignación. Por eso, este es también un libro sobre la paternidad. La experiencia de ser padre no vertebra la novela, pero la dota de sentido; es en el relato del padre a su hija donde la utopía adquiere toda su fuerza, puesto que esa hija es un cronotopo más: es el futuro, es el espacio-tiempo aún por construir.

'El jardín del diablo'
Autor: Iván Repila
Editorial: Seix Barral
224 páginas. 19 euros
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