Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

OPINIÓN

La literatura precisa de autocrítica

Es un buen momento para que la crítica literaria se mire al espejo, baje de su torre erudita, tan cómoda, y se percate de que la comunidad de lectores está en otra órbita

La cantante Dua Lipa.

La cantante Dua Lipa. / AP

Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Nadie se atreve a encararse con el problema de forma directa. Existe temor o puede que sea inconsciencia o simplemente el ejercicio habitual de mirar hacia otro lado mientras cuele. Pero lo cierto es que la crítica literaria pasa por un momento de desorientación. Demasiados intereses entrelazados para ir a la yugular de la cuestión y hacer una diagnosis honesta y constructiva. Los críticos en general (también se les podría llamar en muchas ocasiones redactores de reseñas) no quieren profundizar en los libros que analizan por miedo a hacer daño.

El tema tiene muchas aristas y este espacio es demasiado reducido para extenderse, pero la realidad es que mientras en los 80 una buena o mala crítica suponía un tanto por cien elevado del éxito de un libro, ahora esa fuerza se ha trasladado a los clubs de lectura o a las recomendaciones en redes sociales, de las que ya he escrito en alguna ocasión.

Curiosamente, los críticos siguen escribiendo buenos textos y solventes. Sin embargo, han perdido la autoridad y la personalidad que tenían antes. Así, el espacio ha quedado abierto a los clubs de lectura de buenas librerías que, y esa es una buena noticia, mantienen una relación directa con los lectores y consiguen de ese modo un nivel de ventas excelente, gracias a las comunidades de lectores.

El ejemplo más claro de esa usurpación del espacio prescriptor lo tenemos en el boom de los clubs de lectura de estrellas de la música o el cine que desde hace tiempo se han puesto de moda en EEUU y de las que en este número de ABRIL habla Anna Maria Iglesia con mucho criterio.

Pudo comenzar con la periodista Oprah Winfrey, que encumbró la literatura de Roberto Bolaño, y continuar con Dua Lipa, que popularizó a nuestra Alana S. Portero. En todo caso, es un buen momento para que la crítica literaria se mire al espejo, baje de su torre erudita, tan cómoda, y se percate de que la comunidad de lectores está en otra órbita.