CUADERNO DE NOTAS
La amistad es la prosa del amor
La traductora Xènia Dyakonova nos ha acercado a los lectores catalanes al poeta Adam Zagajewski con fluidez, alegría, intensidad y ritmo

El poeta polaco Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturias de las Letras 2017. / EFE
UNA ANTOLOGÍA DE ADAM ZAGAJEWSKI. Acaba de salir un libro de esos que me alegran la vida y que me hará compañía siempre: Elegia elèctrica (Godall Edicions), una antología del poeta amigo Adam Zagajewski en edición bilingüe (polaco-catalán), con selección, traducción y prólogo de Xènia Dyakonova, que tuvo la idea de este volumen a principios de 2021.
El proceso de traducción ha durado hasta este verano, lo que demuestra, por un lado, el fervor hacia la poesía de Zagajewski, y por otro, el arduo trabajo de Xènia, una poeta de San Petersburgo que vive desde los 17 años en Barcelona, que ha conseguido una obra de 259 páginas que nos ofrece un panorama significativo y muy amplio de la poesía zagajewskiana polaca en catalán. Quiero subrayar que Xènia ha visto reconocido su trabajo de traductora con el Premi Jaume Vidal i Alcover (2016) por Narracions de Nikolái Leskov y el Tercer Premio PEN (2017) por la traducción de A banda i banda del petó de Vera Pàvlova.
Como dice en el prólogo, recuerdo que cuando me hablaba de Zagajewski, antes de hacerle una entrevista para la revista digital Nube en 2014, coincidí con sus palabras: «El tono característico del poeta polaco, que oscila entre el entusiasmo y la nostalgia, y la piedad lúcida con la que mira todo lo que le rodea –sin que esto implique una visión demasiado complaciente de la realidad– hizo que me sintiera en casa; lo que me sedujo fue el ingenio de sus comparaciones, que brillan aquí y allá como relámpagos, y resaltan la claridad de su lengua».
En catalán, hasta ahora solo había un libro de poemas de Zagajewski, Terra de foc (en Quaderns Crema, 2004), traducido por Xavier Farré, también poeta, que en español ya había traducido Deseo (1997), Antenas (2007) y Verdadera vida (2023) para la editorial Acantilado.
UN POETA QUE MODIFICA LA MIRADA DEL LECTOR. Xènia me dijo que con esta antología había querido incorporar al catalán los versos de Zagajewski, mostrando su evolución desde un estilo más seco y politizado hasta uno más delicado e intimista. Buscó los poemas más exitosos entre 13 poemarios suyos y, con esa nobleza humilde de una gran traductora, añadió: «...y los poemas que me he visto capaz de trasladar del polaco al catalán sin perder mucho en la mudanza».
Se ha salido con esta antología que nos da las músicas, los colores y las atmósferas zagajewskianas con una potencia y un esplendor que nos tocan, nos conciernen y nos hacen percibir las perspectivas de un detalle donde se esconde la verdadera vida, los instantes perdurables, reflexivos y llenos de vitalidad eufórica, las escenas esenciales de su biografía en la que padres, amigos y sociedad son retratados con transparente exactitud, y esa conjunción de ironía y éxtasis que él consideraba clave para la poesía.
También ha sabido resaltar en la elección de los poemas la sensibilidad de Zagajewski, que va ligada a las resonancias y los ecos de la gran tradición poética europea y su humanismo, que él, un eslavo del norte enamorado de los mediterráneos del sur, reflejaba en la obra y, también, en la vida. Esta manera que tenía de mezclar el quotidie morior y lo sublime con una voz que se deslizaba a la perfección, lo cual queda muy claro en los versos catalanes a los que estoy seguro de que él habría dado el visto bueno con toda la generosidad de su espíritu.
Sí, la generosidad también es otro rasgo que caracterizaba a un poeta que conjugaba una inteligencia y una bondad singulares con las que luchaba contra la crueldad de un mundo convulso con las armas de la verdad, de la belleza y del descubrimiento interminable.
CONOCIMIENTO. Esta antología me ha hecho pensar cuando lo conocí a las doce de la mañana de un día de sol veraniego de 2014, con el pintor amigo Miquel Barceló. Parecía un profeta del antiguo testamento que había salido de detrás de un retablo. Serio, con una discreción rodeada de silencios significativos, palabras contadas y sopesadas con la inteligencia de los sensibles, lentas complicidades in crescendo. Fuimos a ver el retablo barceloniano de la Seu de Mallorca, porque él quería escribir un texto para lo que sería su libro Barceló, ceramics. La visita fue entretenidísima. La vista de la piel cerámica de 300 metros cuadrados. Las vidrieras hechas con grisalla y esgrafiadas de raíces, espinas y ramas creaban una atmósfera submarina.
Zagajewski era un fan de Barceló y tenía una mirada muy singular sobre la historia del arte como muy bien reflejan sus poemas. Sentía los caminos que se hacen entre los hombres que se escuchan, la fragilidad del gesto más mínimo, la politesse algo excesiva y, con unas risas cómplices por cualquier ocurrencia, resaltaba la alegría profunda del encuentro.
Mientras escuchaba comentar detalles del retablo barceloniano con compasado entusiasmo, pensaba en unas frases suyas: «La poesía se ocupa de significados nuevos, frescos; es parecida a las castañas que han caído del árbol y sacadas del erizo del caparazón son deslumbrantemente tiernas, rosadas como una cicatriz».
«En un poema, la alegría se une con la desesperanza; la observación perezosa de una calle, con el presentimiento de las cuestiones misteriosas, el principio y el final de la vida. En un poema, la ambivalencia de la vida, sus enojosas contradicciones, se convierten en arte, en una imagen, se iluminan con otro fulgor. La poesía es capaz de convertir la depresión en melancolía, que es tan noble como un tejido antiguo». «¿Se transmite alguna experiencia que esté antes de las palabras, como...? a través de los agujeros que hay en las palabras».
La traducción de Xènia es una creación poética extraordinaria que nos ha acercado a los lectores catalanes en estado sólido al poeta Zagajewski con una fluidez, una alegría, una intensidad y un ritmo que da gusto, consuela, celebra, entretiene, eleva y, sobre todo, nos ayuda a vivir. ¡Muchas gracias, Xènia!
El título de este texto es un verso del amigo y maestro Zagajewski. ¡Una obra eterna!
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