CRÍTICA
'En una habitación ajena', de Damon Galgut: viajar, llorar, enamorarse
El autor recoge en este libro tres desoladores relatos de apariencia autobiográfica

El escritor Damon Galgut, autor de 'En una habitación ajena'. / EPE

En el libro En una habitación ajena, el escritor Damon Galgut (Pretoria, Sudáfrica, 1963) propone tres relatos de apariencia autobiográfica que por tono, técnica y tema componen una novela. Los tres relatos son historias de viaje, los tres están protagonizados por un Galgut más joven que el narrador, que mira su vida pasada con interés y curiosidad (como si recordase los hechos, pero no las motivaciones), y los tres son desoladores.
El estilo de Galgut se mantiene uniforme en los tres relatos: analítico, con crestas líricas en las descripciones, una vaga sensibilidad hacia las diferencias sociales, pinceladas de reflexión sobre la literatura de viajes y una atención constante al perfil moral que traza el impacto de las historias en el ánimo de este protagonista que se confunde o se identifica con el yo del pasado del escritor.
Las historias inciden también en el extravío amoroso. La primera da cuenta del intento de aproximación del narrador a un joven alemán que le pareció muy atractivo; emprenden un viaje juntos sin apenas conocerse y el relato deriva en una lucha de poder, disputada en los pequeños gestos. Una viñeta de dominación y crueldad psicológica en la estela de Musil, pero sin la precisión del maestro, que soporta el lastre de cierto esquematismo narrativo (el relato es de un previsible que asusta) y unos cuantos tópicos sobre la obsesión amorosa.
Impostura
La segunda es una persecución. El protagonista sigue los pasos del joven que le gusta, y con el que apenas puede comunicarse, por África y Suiza, en una carrera de obstáculos de autobuses y visados. Se trata del mejor relato del libro, una fantasía sobre las vidas suspendidas, el valor y el peligro de las corazonadas, y las complicaciones de llenar un cuerpo atractivo de un carácter inventado, de imaginar un futuro con pilares más evanescentes que los puentes que nos entran y nos sacan del sueño. El final también es previsible, pero dejemos que lo descubra el propio lector.
El tercer relato es una viñeta muy negra. El narrador (algo más maduro) acompaña a una amiga en un viaje de recuperación a la India. La amiga se está medicando y atraviesa una fase autodestructiva. Tiene que hacer bondad estricta para recuperarse, pero enseguida queda claro que el narrador carece de autoridad para evitar que beba, fume y se drogue. El asunto empieza a ponerse peligroso de verdad cuando la amiga (pese a que su novia la espera en Ciudad del Cabo) decide tener una aventura.
Todo lo que puede salir mal sale mal, incluido el relato, que pese a presentar buenos mimbres termina enredado en un melodramático exceso de desastres efectistas. Apetece decirle al autor: "Déjalo ya, Damon, ya vemos lo profundo que puedes descender en la escalera del dolor, déjalo ya". Un concurso de desastres tan impostado que las lágrimas del narrador en la última página brillan como las de un cocodrilo.
A fin de cuentas, En una habitación ajena incide más en el desplazamiento que en el viaje, no es tanto el irse lejos como el estar desubicado, protagonizando una vida que no reconocemos como propia. Qué difícil es reanimar el género de la literatura de viajes.

'En una habitación ajena'
Damon Galgut
Traducción de Celia Filipetto
Libros del Asteroide
216 páginas
18,95 euros
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