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LAS PEQUEÑAS VIRTUDES

El futuro es ficción

La visión de Musk sobre quiénes seremos y cómo viviremos es una repetición de las narraciones que otros ya describieron

Elon Musk y el robot humanoide Optimus.

Elon Musk y el robot humanoide Optimus. / EPE

Berta Gómez Santo Tomás

Madrid
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En un cinematográfico evento celebrado en los estudios de Warner, Elon Musk presentaba tres nuevas tecnologías de Tesla. El Robotaxi y el Robovan, dos coches autónomos, y Optimus: un robot humanoide que puede desde limpiar la casa, hacer la compra, regar las plantas e incluso sostener diálogos complejos. Musk llegó a afirmar que Optimus está preparado para cuidar a tus perros y a tus hijos. "Será maravilloso", explicaba con la emoción arrogante del conquistador de un mundo nuevo.

Al bajar del escenario, el magnate tuiteó el lema de la campaña: "El futuro se parecerá al futuro". Hasta aquí, nada nuevo: estamos tan acostumbrados a su épica emprendedora que ya ni sentimos vergüenza ajena. Sin embargo, más allá del entusiasmo publicitario, es llamativo el nombre que eligió para presentar lo que considera el "único futuro para la humanidad". Nosotros, robot: un juego de palabras –demasiado evidente incluso para él– con la clásica obra de ciencia ficción de Isaac Asimov Yo, robot, que tuvo su adaptación cinematográfica en 2001 con robots estéticamente muy similares a Optimus.

La estrategia de Musk no sorprende. Sus ensoñaciones nos resultan familiares, casi realistas: su visión sobre quiénes seremos y cómo viviremos en unos años es una repetición, casi literal, de las narraciones que otros ya describieron, y que hoy define el campo de lo posible en nuestro imaginario político. Es la hipótesis que guía el último libro de Michel Nieva, Ciencia ficción capitalista (Anagrama, 2024): nuestro presente es el futuro que la ciencia ficción inventó para la humanidad, pues "asistimos a una era en la que el capitalismo enmienda el escepticismo de su catastrófico funcionamiento mediante estéticas y utopías hiperfuturistas".

Lejos de pensar en la ciencia ficción como un género contrafáctico, que presenta una fantasía alternativa a nuestro presente, apelando a un experiencia futura lejos del ahora, Nieva entiende que la ciencia ficción es hoy el espejo en el que se miran los emprendedores "visionarios y políticamente incorrectos". Lo problemático es que este espejo está deformado, y ofrece una imagen del futuro económica y políticamente secuestrada por el neoliberalismo: una ciencia ficción, de corte capitalista, que obvia por completo todo lo relacionado con la precariedad económica, el extractivismo del sur global, o los límites planetarios.

Para entender esta disociación ecocida, basta con pensar en la solución que ofrece Musk para el fin de nuestro mundo: la colonización de Marte. Teniendo en cuenta que un viaje interplanetario cuesta alrededor de sesenta millones de dólares –en su propia empresa–, ni siquiera el 1% de la población mundial podrá ser un personaje secundario de esa ficción escapista.

Así, mientras nuestra imaginación ecologista sobre el futuro va menguando, "la ciencia ficción capitalista es la fantástica narración de una humanidad sin mundo", escribe Nieva, "de turistas que viven miles de años y viajan por el cosmos sacándose selfies mientras la Tierra se prende fuego, y que permite al establishment corporativo aferrarse a la capacidad hegemónica para pensar el futuro cuando ha sepultado a las sociedades en la incapacidad de proyectar los suyos propios".