CRÍTICA DE LIBROS
'A resguardo', de David Leavitt: la conjura de los frívolos
El escritor estadounidense vuelve con una sátira política sobre la América de hoy que celebra a las buenas personas
'Los dos hoteles Francfort', de David Leavitt: la tentación vive en Lisboa

El escritor estadounidense David Leavitt, autor de 'A resguardo'. / EPC

"¿Quieres decir, entonces, que todas las novelas que aspiran a hacer el bien son por definición malas?". Esta pregunta, que formula un personaje en una de esas conversaciones de tocador que David Leavitt (Pittsburgh, 1961) eleva a pequeños fragmentos de una guerra cultural que sigue dando titulares en los telediarios, define las preocupaciones morales de 'A resguardo'. Porque durante muchas páginas se tiene la impresión de que la sátira de Leavitt quiere buscar su legitimidad literaria plantando la semilla de la maldad, repartiendo bofetadas contra la 'intelligentsia' del Partido Demócrata que se pone hipertensa cuando oye el nombre de Donald Trump. Pero no teman: hay trampa. Esta es una buena novela que quiere hacer el bien, o al menos celebra a las buenas personas.
Durante muchas páginas se tiene la impresión de que el autor quiere buscar su legitimidad literaria plantando la semilla de la maldad, pero es una trampa
El decorado es cuando menos frívolo, aunque el apocalipsis esté cerca, al menos para los que votaron a Hillary Clinton. Estamos en un ecosistema social en el que lo más sensato es comprarse un apartamento en Venecia si uno no soporta vivir en una América vulgar y gritona. A veces, muchas, 'A resguardo' parece una comedia de Noel Coward escrita para vengarse de todos aquellos ricos norteamericanos que sacan a pasear su conciencia progresista mientras explotan a sus criados. Los diálogos son entre triviales y sangrantes, y sacan a la luz las miserias de los que se creen el ombligo del mundo con sus 'soirées' cocinadas al vapor, su tintineo de vino blanco y sus divagaciones sobre el declive de la civilización cuando su mayor dolor de cabeza es contratar un decorador o llamar la atención de una revista de casas de lujo.
Muy Oscar Wilde
Hay algo muy británico –muy Oscar Wilde– en este Leavitt que resulta irresistible, pese al vago desprecio que despiertan la mayoría de sus personajes, especialmente cuando se meten –y aquí el autor de 'El lenguaje perdido de las grúas' juega con la ambigüedad: ¿pensará lo mismo que ellos?– con Paul Auster o con los tres Jonathans (Franzen, Safran Foer y Lethem). Británico en la fina ironía, en la acidez corrosiva, del retrato de la ofensiva banalidad que rezuma el inconformismo de hotel de cinco estrellas de las clases privilegiadas neoyorquinas.
Hay, entre tanta queja autocomplaciente, un personaje, el de Bruce –apocado marido de Eva, la ociosa antitrumpista que quiere convertirse en 'expat' entre góndolas–, que toma conciencia de que el bien se demuestra cuidando, apoyando, despertando al amor. Su relación con su secretaria, con un linfoma, a la que acompaña en secreto a las sesiones de quimio, y sus encuentros con una amante que no se columpia en su bonhomía, son la demostración de que, en esta América polarizada, en conflicto permanente consigo misma, lo importante sigue leyéndose en términos de empatía y complicidad.
En esta América polarizada, en conflicto permanente consigo misma, lo importante sigue leyéndose en términos de empatía y complicidad
Puede que Leavitt se acuerde tarde de que un día fue uno de los líderes del 'outing' de la literatura 'queer' de los 80 al descolgarse, casi al final de 'A resguardo', con un relato sorpresa, que bien podría ser uno de los cuentos de 'Baile en familia', y que pretende redimir de una forma un tanto precipitada a uno de los artistas invitados del aquelarre veneciano de Eva. En la historia de Jake, decorador de interiores gay que no ha dudado en mostrar sus reticencias en prestar sus servicios a tan frívola antiheroína, está el pasado de Leavitt como escritor, un pasado que, como Bruce y Sandra caminando hacia la esperanzada luz del crepúsculo, ha decidido dejar atrás.

'A resguardo'
Autor: David Leavitt
Traducción: Jesús Zulaika
Editorial: Anagrama
376 páginas. 21,90 euros
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