FE DE ERROES
Idiocracia. ¿E idiodemia?
Desde Sófocles, es comúnmente aceptado que la vida es mucho más agradable no sabiendo absolutamente nada, siendo un imbécil o un tonto

El actor Terry Crews, caracterizado como el presidente Camacho, en un fotograma del filme ‘Idiocracy’. / EPE
Para no perder el hilo de mis Fe de errores mensuales tras el paréntesis veraniego, voy a enlazar la infocracia y la infodemia de mi penúltima entrega en junio con la aventurada propuesta de dos nuevos neologismos. El primero de ellos no es de mi cosecha, pues procede de un filme de Mike Judge estrenado en 2006, de cuyo guion fue coautor Etan Cohen. No así el segundo, que se me ocurrió después de publicar en marzo pasado Empoderamiento de la estulticia. Si esta tendencia llegase a convertirse en una plaga, entonces podríamos hablar en toda regla de una verdadera idiodemia.
A medio camino entre la comedia burlesca y la distopía, Idiocracy (Idiocracia en España) se ha convertido en una película de culto como apología visionaria del gobierno entregado a los idiotas. Un sargento estadounidense es seleccionado por ser el más estúpido del pelotón para un experimento atroz, hibernar tropas en tiempo de paz para echar mano de ellas en futuras guerras. Pero en 2505 es descongelado de manera accidental en un mundo totalmente dominado por la estulticia en donde Joe destaca paradójicamente por su inteligencia y es llamado a ejercer de líder.
En la línea trazada por Martin Amis en El infierno imbécil, donde el novelista oxoniense coincide con Saul Bellow y Gore Vidal en su convencimiento de que en EEUU «la estupidez es profundamente reverenciada», Joel Stein entrevistó en 2012 a Mike Judge para la revista Time acerca del carácter premonitorio de su película.
El mismo enfoque reaparece en artículos de la revista Rolling Stone y en el digital Crave, que publicó la relación de «Diez cosas que Idiocracy predijo que podrían suceder y tristemente ya las tenemos». Entre nosotros, Carlos de la Rosa se ha hecho eco de estas interpretaciones y, ahora mismo, podemos ver en TikTok cómo un energúmeno caucásico se rompe la camiseta pidiendo a gritos el voto para Donald Trump y MAGA en la última convención republicana, en una performance casi idéntica a la que en Idiocracy protagoniza un vociferante afroamericano vestido con las barras y las estrellas que termina disparando una ametralladora al aire y gritando el lema Grow again!
¿Estulticia o locura?
Desde su primera traducción publicada en 1842, y así hasta hoy, la obra de Erasmo titulada en 1511 Moriae Encomium, sive Laus Stultitiae, inaugural del tracto de indagaciones sobre la idiotez, es conocida en nuestra lengua como Elogio de la locura, pese a que tanto en griego como en latín el autor avisa de que va a tratar de la necedad o estulticia. ¿Pensó aquel traductor que esa mención era políticamente incorrecta porque algunos podrían darse por aludidos? Aludidos y ofendidos; algo que con toda certeza no ocurriría con los orates, a los que, por otra parte, la sociedad hace mucho menos caso que a los estúpidos.
Por suerte, han dado fe de este error (no errata) Jorge Ledo y Harm der Boer, que publicaron hace 10 años Moria de Erasmo de Róterdam, la traducción directa del latín al castellano realizada en el siglo XVI por un judío portugués de Ámsterdam cuyo título hace honor a un juego entre la palabra griega moria, equivalente a la latina stultitia, y el apellido de Thomas More al que está dedicado el ensayo como arquetipo de la inteligencia y la discreción.
Mas la lectura de las sesudas y valientes páginas erasmianas no deja lugar a dudas acerca de quiénes eran el objeto de su atención, aunque el autor se cure en salud adelantando que no nombrará a nadie en concreto. Y esa prudencia le viene sugerida por un prurito muy extendido hoy: «La delicadeza de los oídos de nuestros días; casi no pueden escuchar sino los títulos aduladores».
Es la propia Necedad la que habla en primera persona para ponderar que, desde Sófocles, es comúnmente aceptado que la vida es más agradable no sabiendo absolutamente nada: «¿Hay alguien más feliz que esos hombres a quienes las gentes llaman estultos, necios, imbéciles y tontos, nombres que son a mi entender hermosísimos?».
Los sabios son unos inútiles, y la historia demuestra que los gobiernos más funestos han sido los que han estado en manos «de algún filosofastro o algún aficionado a las letras». Pero si alguno de estos busca el éxito como escritor, cuantas más tonterías escriba más aplaudido será por esa «enorme y poderosa bestia que llamamos pueblo». E introduciéndose en el terreno propio de Maquiavelo, reconoce la Necedad que «gracias a mi auxilio», los reyes «dejan a los dioses» los exigentes cuidados de «ocuparse de los intereses comunes […] y hacer la dicha del género humano» para darse ellos «a la buena vida» y no escuchar «más que a quienes les hablan de cosas divertidas por no ser turbado en su ánimo».
300 millones de necios
Conviene tener en cuenta la intervención a favor de la estulticia por parte de las nuevas tecnologías proliferantes hasta extremos antaño inconcebibles. Dándole la vuelta a la confusión producida en torno al título de Erasmo, la última compilación de los artículos de prensa de Umberto Eco (2020) se titula De la estupidez a la locura y en ella se aventura a «cuantificar el número de necios: 300 millones como mínimo», sobre la base de que la Wikipedia había perdido esa misma cifra de usuarios y Eco los identificaba con navegantes que preferían estar en línea desbarrando con sus iguales.
Igualmente, Roland Breeur en su ensayo Mentira, impostura, estupidez aborda estas conexiones sin olvidar el sentido común. Según él, nos comportamos como memos cuando nos desatendemos de nuestra capacidad de evaluar espontánea y correctamente acerca de la verdad y la mentira o el simulacro. Pero mayor gravedad le concede a lo que califica como la reducción a la estupidez, que consiste en sostener que la verdad ya no importa; en rechazar lo realmente significativo. Es decir, el virus que ha inoculado en la base del posmodernismo la deconstrucción de los «grandes relatos legitimadores» y la negación, en definitiva, de las verdades.
- Premios Gaudí 2026, en directo: a qué hora es la gala y última hora de los nominados
- Bad Bunny planta la bandera latina en la Super Bowl 2026 para reivindicar que América es mucho más que EEUU
- Imanol Arias: 'La sombra de 'Cuéntame' es alargada, pero muy privilegiada
- Aquí puedes ver la actuación completa de Bad Bunny en la Superbolw con Lady Gaga y Ricky Martin | Vídeo
- ¿A qué hora y dónde ver la actuación Bad Bunny en el intermedio de la Superbowl 2026?
- Crítica de 'Sirat' de Oliver Laxe: trance, fe y supervivencia
- Luis Tosar: 'Ahora que se promueven discursos de odio tan peligrosos, una serie como 'Salvador' es muy necesaria
- Los Gaudí cumplen 18: 'Sabíamos que el cine catalán era el 50% de la industria española pero no nos sentíamos protagonistas