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CRÍTICA

'En ese infinito, nuestro final', de Gemma Files: Airbnb encantados y bombillas poseídas

El último libro publicado en España de la autora británica, galardonada con los premios Shirley Jackson y Bram Stoker, supone una recolocación del horror cósmico en lo cotidiano

La escritora británica Gemma Files, autora de 'En este infinito, nuestro final'.

La escritora británica Gemma Files, autora de 'En este infinito, nuestro final'. / EPE

Ernest Alós

Ernest Alós

Barcelona
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Hay un relato, El Motel de las Marionetas, que define el tono del último libro publicado en España de Gemma Files (Londres, 1968), En ese infinito, nuestro final. El tópico de la mansión encantada pasa a reconvertirse en una forma de horror contemporáneo más reconocible, más inmediato y definitivamente más contemporáneo: un Airbnb embrujado, con visitantes que dejan detrás de sí más de lo que querrían dejar, y no solo hablamos de latas de cervezas vacías.

Y así, sucesivamente, las criptas cerradas, las ruinas medievales, los grimorios que hacen que la letra y la realidad se confundan, y los espejos que abren caminos a otros mundos de la literatura de terror más gótica pasan a ser sustituidos en estas 15 historias por bombillas de bajo consumo e inexplicable alta eficiencia (Bombilla), casas (demasiado) portátiles (Acércate más), vídeos virales (Así están las cosas), estrellas del cine de serie B inmortales (Fotograma recortado), los inquietantes resultados del trabajo de un grupo de escritura creativa (Venio), los encuentros familiares (Mira arriba) y las sectas preparacionistas y conspiranoicas que esconden horrores no menores (Lugares oscuros y lejanos).

Una recolocación del horror cósmico en lo cotidiano que Stephen King ya practicó con la América de los suburbios e incluso el más filosófico Thomas Ligotti en sus historias de terror corporativo (Mi trabajo todavía no está acabado, Valdemar).

Ecos y advertencias

En En ese infinito, nuestro final, resuenan ecos pandémicos, víricos y de salud mental (en Así están las cosas, algo lleva a la gente a duplicarse en dos copias de las que solo puede sobrevivir, en el mejor de los casos, una). Los relatos fueron escritos antes del Covid-19, pero sí, reconoce la autora, pesó sobre ellos otra gran desgracia para la humanidad de los últimos años, la presidencia de Donald Trump. Así que solo Kamala Harris podrá evitar que tenga más material.

De momento, las consecuencias de las restricciones a la interrupción voluntaria del embarazo en algunos estados incluso en caso de peligro para la propia madre empiezan a producir casos equiparables al ocasional body horror de Files. Un registro que solo es explícito en este libro en relatos como Lugares oscuros y lejanos pero que tuvo uno de sus máximos exponentes en Los viejos huesos del emperador, el relato cruel sin contemplaciones con el que se hizo un nombre, incluido en otra antología publicada en España por Carfax, Esto no es para vosotros y otras historias. Eso antes de recibir en 2021 el Premio Bram Stoker por En ese infinito, nuestro final y de haber sido galardonada también con el equivalente al otro lado del Atlántico, el Shirley Jackson de 2016, por Experimental film

En las historias de Gemma Files no suele haber final, ni feliz, ni anticlímax tras el desastre, sí confirmación de la catástrofe. A no ser que sea infinito como en el título. Con el horror que sigue allí.

'En ese infinito, nuestro final'

Gemma Files

Traducción de Pilar Ramírez Tello

La Biblioteca de Carfax

416 páginas. 23 euros