Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CRÍTICA

'Desaparecidos', de Tim Gautreaux: la novela de la decencia

Es este un libro llamado a tener largo recorrido, y a flotar por encima de las modas

El escritor Tim Gautreaux, autor de 'Desaparecidos'.

El escritor Tim Gautreaux, autor de 'Desaparecidos'. / EPE

Malcolm Otero Barral

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Son pocas las ocasiones en que uno se encuentra una novela contemporánea con hechuras de clásico. Y eso es exactamente lo que ocurre con Desparecidos de Tim Gautreaux; a las pocas páginas, uno ya tiene la sensación de estar sumergido en una obra mayor y perdurable y que, independientemente de la respuesta del público o la crítica, está llamada a tener largo recorrido y a flotar por encima de las modas y los caprichos de los gustos culturales

Gautreaux (Morgan City, Luisiana, 1947) ya había publicado en castellano dos volúmenes de relatos y la recomendable novela Luisiana, 1923 con la que Desaparecidos, sin duda su obra magna, comparte algunos elementos troncales. El libro acompaña a Sam Simoneaux, un hombre decente en un entorno violento y despiadado. Empieza con Sam llegando a Francia como soldado justo al acabar la Primera Guerra Mundial.

En ese paisaje desolado de destrucción y con el permanente hedor de la muerte, a su grupo le encargan la destrucción de los proyectiles y explosivos desperdigados en el campo de batalla. Sorprende, ya en las primeras páginas, la habilidad para describir la inhumanidad y la barbarie de la guerra sin necesidad de detallarla y mostrando solo lo que queda tras el combate. Por accidente, a Sam le amputan el dedo meñique y Gautreaux se sirve de ese suceso para darnos las primeras pinceladas de la personalidad del protagonista y de la insensibilidad de los mandos.

Un excurso breve e intenso

También, en estos primeros pasos, empezamos a conocer la historia de Sam y aquí, magistralmente, el libro nos saca de las escenas posbélicas y nos lleva en un excurso, breve pero intenso, a una escena de wéstern clásico: su padre era un ganadero de Luisiana que arrendaba yuntas de bueyes a los madereros de Texas. En una población fronteriza en la que se hacían las transacciones, en la puerta de un saloon, un borracho maltrataba a su caballo (además de insultar a los de Luisiana por hablar francés: "¿Por qué no os sacáis la polla de la boca y habláis en americano?") y el padre de Sam, para frenar ese maltrato, usó su vara contra el hombre que, desafortunadamente, cayó y se partió el cuello contra el porche. Dos meses después, unos hombres acribillaron la casa de madera familiar en Luisiana y mataron al padre, a la madre y a los hermanos. Solo el bebé de 6 meses, Sam, se salvó, protegido dentro de la estufa de hierro.

'Desaparecidos' es una novela moral y realista que nos sumerge con pericia en lugares y tiempos oscuros y que, no obstante, es luminosa

Tras esos primeros capítulos, se nos muestra el principal motor argumental. Sam, ya de vuelta, es el encargado de unos grandes almacenes. Tiene mujer e hijo y su vida parece encarrilada. Pero una niña, hija de unos músicos -la música está omnipresente- que trabajan en el Ambassador, un barco que recorre el río Misisipi, es secuestrada en los grandes almacenes y Sam es culpado y despedido por no cerrar las puertas cuando la familia alertó de la ausencia de la pequeña. Solo recuperará su puesto si la encuentra. Sam es contratado en el barco y aquí aparece una caterva de personajes peculiares, perdedores en su mayoría, y se inician las pesquisas para hallar a la menor. 

La pregunta más estúpida, según Umberto Eco, es "¿de qué va una novela?". Pero es relevante en este caso. Porque este libro no es solo la peripecia de Sam Simoneaux ni la indagación del paradero de una niña secuestrada, ni -en otro hilo argumental postrero- la búsqueda de los que asesinaron a la familia del protagonista. Es un libro sobre la decencia en tiempos sombríos y violentos, el racismo (en un momento, un personaje alecciona a la niña sobre lo inadecuado que es dirigirse a alguien como "sucio negro"), los pequeños poderes que unos ejercen sobre otros, las diferencias sociales, la muerte, la familia y la orfandad. También, sobre el peso de la culpa que nos persigue pegajosamente en el tiempo y sobre la utilidad de la venganza. 

Por encontrar algo mejorable, los personajes más deshumanizados, los moralmente más reprochables, están ligeramente estereotipados pero ello no desmerece el valor de la obra. Desaparecidos es una novela moral y realista que nos sumerge con pericia en lugares y tiempos oscuros, y que, no obstante, es luminosa. Un libro que está llamado a ser un clásico y que, como a menudo sucede con los grandes textos, su factura aparentemente pragmática esconde múltiples capas de lectura y demuestra que se puede hacer literatura en mayúsculas sin alharacas ni fuegos de artificio.

'Desaparecidos'

Tim Gautreaux

Traducción de José Gabriel Rodríguez Pazos

Editorial La Huerta Grande

584 páginas

25 euros