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CRÍTICA

'Frágil virtud', de Javier Melero: debut con aires de Chandler y Carvalho

El abogado realiza su primera incursión en la ficción con una adictiva novela policiaca basada en hechos reales sobre un asesinato por encargo

El abogado y escritor Javier Melero

El abogado y escritor Javier Melero / Jordi Cotrina

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Quim Barnola

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Hay una frase recurrente en el abogado Javier Melero (Barcelona, 1958) que me llama la atención porque define bien nuestro tiempo: "La hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud". Esta frase, del filósofo y noble francés François de La Rochefoucauld, es una buena descripción de la catadura moral de todos los personajes de Frágil virtud, una novela policiaca al uso basada en hechos reales.

Hay como mínimo un muerto, algunos ricos, muy ricos, unos sicarios, una detective, la Benemérita y un abogado sagaz que conoce bien los códigos de la Upper Diagonal y harto de Barcelona. Un tipo con clase que logra hacernos sonreír, lo cual no esta nada mal en estos tiempos adustos en los que todo el mundo parece demasiado pagado de sí mismo.

Mordaz y cáustico

Con esa guasa que gasta, consigue ser mordaz y cáustico, llegando al tuétano de la crítica social, sin ambages. A fin de cuentas, el género policiaco, desde Fiódor Dostoyevski hasta la reciente novela negra escandinava, aporta un fiel retrato sociológico de la época y de sus códigos. En este libro encontrarán un análisis de la ciudad, la política y los abogados de postín.

En estilo nos recuerda a Raymond Chandler y a Pepe Carvalho. Palabras mayores. Pero tiene un aire, Barcelona como escenario, referencias gastronómicas y culturales, con guiños a la actualidad y unas dosis de erotismo. C’est pas mal que nos recuerde a Manuel Vázquez Montalbán.

Que la novela esté basada en hechos reales ayuda a seguir con perplejidad la trama. ¿Como es posible que un hombre rico, de comarcas –con lo que son los pueblos– y de palco en el Liceu encargue el asesinato de un hombre y de su familia? Ahí está una de las claves más inquietantes del libro: matan porque creen que pueden hacerlo y porque lo pueden pagar.

Por suerte, dice el protagonista, muchos se quedan en los albores de su instinto asesino y dejan vivas a sus potenciales víctimas para seguir disfrutando de la idea de matarlas. Y además les sale más económico que un abogado. Porque, a fin de cuentas, añade, al margen de la inocencia o la culpabilidad del cliente, todo el mundo merece la mejor defensa que se pueda pagar.

Que la novela se base en hechos reales le confiere morbo y suscita un interés antropológico

Que la novela se base en hechos reales le confiere morbo y suscita un interés antropológico. Casi siempre las pasiones más profundas son el motor criminal más implacable. Fíjense que el móvil suele estar relacionado con pecados capitales: aquí, la soberbia.

Pese a que el lector queda atrapado en la historia principal, hay otras líneas argumentales que mantienen su atención. Casos colaterales en los que trabaja el protagonista, que también encuentran su desenlace y que ayudan a configurar el carácter de nuestro abogado, y les advertimos que puede tener largo recorrido.

No obstante, percibo que ser fiel a hechos reales encorseta al autor. Debe ser algo así como una deformación profesional del que está acostumbrado a la meticulosidad en su trabajo. En Frágil virtud –el nombre que Katherine Hepburn propuso para el barco de Cary Grant en Historias de Filadelfia–, Melero empieza a coquetear con la ficción y lo hace con cierto regodeo. Ponga un disco de Helen Merrill, baje la luz, prepárese un Negroni y déjese seducir por esta primera novela.

'Frágil virtud'

Javier Melero

Ariel

256 páginas

19,90 euros