La colección que sitúa a Barcelona en la "primera división" de la liga de los minerales
Por Rafael Tapounet
Samsonita, rodocrosita, crisoberilo, vivianita, cinabrio, calcita cobaltífera, kermesita, apatito, vesuvianita, rutilo, arsenopirita, hematites… Incluso desde el más absoluto desconocimiento de la materia, resulta casi imposible resistirse al lujurioso encanto de los nombres de las especies minerales. A menudo sucede que la realidad está luego por debajo de las expectativas que suscitan esas palabras de fantasía, pero no es ese el caso de buena parte de las piezas que componen la colección de minerales Folch-Girona, una de las más importantes del mundo tanto por su valor científico como por su notable sentido estético. A la espera de que se den las condiciones para poder exponer al público la colección, adquirida por el Departament de Cultura de la Generalitat a finales de 2023, un libro coordinado por el Museu de Ciències Naturals de Barcelona (NAT) sacará este otoño a la luz algunos de sus más excepcionales tesoros. EL PERIÓDICO ha tenido el privilegio de verlos de cerca.

En una época en que la mineralogía era en España poco más que un erial, el geólogo, ingeniero y empresario barcelonés Joaquim Folch Girona (1892-1984), fundador de la fábrica de pinturas y barnices Industrias Titán S.A. (famosa por su marca insignia, Titanlux), inició en 1908 una colección privada que, con el tiempo y después de no pocos avatares (incluidos algunos episodios de película), llegó a reunir unos 10.000 ejemplares, principalmente de minerales aunque también incluía algunos meteoritos y gemas. En paralelo, Folch tuvo la atinada idea de construir una colección de duplicados igualmente valiosa. Tras la muerte del empresario, sus herederos no solo conservaron intacta la colección, sino que a partir de 2002 la ampliaron con nuevos ejemplares adquiridos con los fondos obtenidos por la venta de duplicados hasta llegar a las 12.000 piezas.
Procedencia de los minerales
Ejemplares únicos
"Es sin duda una de las mejores colecciones de mineralogía a escala mundial -asegura Marc Campeny, responsable del Área Científica del Museu de Ciències Naturals de Barcelona-. Es excepcional en aspectos patrimoniales, científicos, geográficos y estéticos. Algunos de los ejemplares proceden de yacimientos ya desaparecidos, lo que los convierte en piezas únicas, imposibles de encontrar". El fondo creado por Joaquim Folch es especialmente relevante por la extraordinaria representación de la diversidad mineralógica de Catalunya (el vínculo familiar con la explotación de las antiguas minas de plomo de Bellmunt del Priorat fue determinante en el nacimiento de su vocación) y también del resto de la Península Ibérica, pero incluye ejemplares procedentes de todo el mundo, de Brasil a Japón y de Rusia a Namibia.
En 2021, ante el riesgo de que la colección Folch pudiera ser vendida o disgregada (se llegaban a ofrecer enormes sumas por algunas de las piezas), la Generalitat la declaró Bien Cultural de Interés Nacional e inició los contactos con la familia para su adquisición. El acuerdo se cerró finalmente en las últimas semanas de 2023 por un valor total de ocho millones de euros, de los que el Departament de Cultura asumió tres millones mediante compra directa, mientras que 3,4 millones se fijaron en concepto de dación y los 1,6 millones restantes pasaron a ser una donación.
A partir de ese momento, con la colección Folch ya convertida en un bien público, se puso en marcha una compleja operación de traslado que requirió la cooperación de los Mossos d’Esquadra, no solo por el alto valor de algunos de los ejemplares sino también por la presencia de minerales radiactivos. Aunque la colección original ya iba acompañada de un extenso archivo documental con información significativa de cada una de las piezas (un archivo en el que se condensa la historia de la mineralogía mundial del siglo pasado), los expertos del Museu de Ciències Naturals han dedicado largo tiempo a documentar de nuevo todos los ejemplares y a informatizar los datos.
Obras en el castillo
Una parte de esa información, con suculento acompañamiento gráfico, estará al alcance de los interesados en el libro monográfico que tras el verano publicará el museo, en el que se explicará con detalle la historia de Joaquim Folch y la de su colección, pero se trabaja para que sea también accesible 'online' a partir de finales de año.
Museus de Ciències Naturals de Barcelona
De todos modos, el principal objetivo es poder exhibir la colección al público, algo que no sucederá hasta que finalicen las obras de rehabilitación del Castell dels Tres Dragons del parque de la Ciutadella, la principal sede científica del Museu de Ciències Naturals. La restauración de los exteriores del edificio diseñado por Lluís Domènech i Montaner debe concluir en el primer trimestre de 2027, pero para la reforma interior no hay todavía una fecha fijada, por lo que la cosa, parece, irá para largo.
Carles Lalueza, director del museo, asegura que la espera, en cualquier caso, valdrá la pena. "Con la llegada de la colección Folch, Barcelona adquiere un rol de primera división en el ámbito de los minerales", sentencia. Un mundo cuya capitalidad se reparte actualmente entre Washington (con la apabullante colección del Instituto Smithsonian), París y Londres, aunque Miquel Roquet, conservador de Mineralogía del NAT, destaca la pujanza del Museo Mim de Beirut, que, a diferencia de las anteriores, es una colección totalmente privada. "Y ojo con China, que cuenta con unos yacimientos espectaculares", añade.
Preguntados por cuáles son sus piezas favoritas de toda la colección Folch, los expertos Campeny y Roquet coinciden en señalar que esa es una pregunta imposible. Pero hablan después con una admiración muy especial de ejemplares como una plata nativa en matriz de calcita procedente de Kongsberg (Noruega), con una estilizadísima forma curvada.
Destacan también una macla cíclica de crisoberilo de seis cristales de intensa coloración hallada en la localidad brasileña de Espíritu Santo (el mejor crisoberilo maclado del mundo, a juicio de muchos aficionados).
Y una bellísima cerusita extraída de Tsumeb, Namibia, que, por su excepcional morfología y su brillo, recuerda a un copo de nieve.
Y también hacen referencia, por lo azaroso de su adquisición, de un estupendo ejemplar de casiterita con maclas cíclicas que Joaquim Folch encontró en una oficina de la mina portuguesa de Panasqueira, donde se empleaba como pisapapeles.
Un reportaje de El Periódico
Textos: Rafael Tapounet
Diseño e infografías: Ricard Gràcia y David Jiménez
Coordinación: Rafa Julve y RIcard Gràcia