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Mostra de Venecia

George Clooney, sobre Estados Unidos: es un país "gobernado por la gente menos cualificada"

El actor estadounidense critica la situación política de su país en la Mostra de Venecia, dondeha recibido un León de Oro por su trayectoria

‘Ink’, dirigida por el británico Danny Boyle, pretende demostrar que tan deprimente panorama empezó a gestarse cuando el hoy magnate de la comunicación Rupert Murdoch compró el diario ‘The Sun’ en 1969.

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Nando Salvà

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Venecia
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A partir de hoy, gracias a George Clooney, mucha más gente en todo el mundo sabrá lo que es la caquistocracia. “Es una palabra extraordinaria, se usa para referirse a un país gobernado por la gente menos cualificada, y creo que eso es lo que sucede hoy en el mío”, ha afirmado el actor y director estadounidense en la Mostra de Venecia, donde esta noche recogerá un León de Oro en honor a sus más de cuatro décadas de trayectoria profesional. “¿Dónde está su decencia?”, se ha preguntado acto seguido en referencia al jefe del Pentágono, Pete Hegseth -que en las últimas ha usado las redes sociales para ridiculizar a las mujeres del ejército canadiense-, y a todos esos políticos para quienes “ser cruel es divertido”. “Mi país ha atravesado muchos momentos malos”, ha recordado. “Soy suficientemente viejo como para haber vivido 1968, un año durante el que los tanques rodearon la capital del país y tanto Martin Luther King como Robert Kennedy fueron asesinados. El que vivimos ahora es otro de esos momentos, pero soy optimista, y sé que vamos a superarlo”.

Clooney, llegando en uno de los tradicionales vaporettos venecianos.

Clooney, llegando en uno de los tradicionales vaporettos venecianos. / STEFANO RELLANDINI / AFP

Lo más llamativo del premio que Clooney recibe hoy es que el festival haya esperado tanto tiempo para dárselo, considerando la estrecha conexión del intérprete con el certamern y con la ciudad que lo aloja. “Estoy enamorado de Venecia desde hace 30 años, incluso me casé aquí”, ha recordado en referencia a su boda con la abogada Amal Alamuddin en 2014, y ha bromeado: “Ese fue mi momento más importante en la ciudad”, si no lo digo me voy a meter en problemas”. Repasar las ficciones que ha ido presentando en la Mostra desde ‘Buenas noches y buena suerte’ en 2005 hasta ‘Jay Kelly’ en 2025 es una buena forma de comprobar el efecto que la madurez ha tenido sobre un intérpreta que al principio de su carrera tuvo que luchar para ser considerado más que un mero ‘sex symbol’, y cuyos papeles más recientes son, sin excepción, reflexiones sobre el paso del tiempo. “Tengo 65 años, y todo me resulta melancólico”, confiesa. “Me lavo los dientes por la mañana y siento pena porque mi dentadura solía ser mucho más bonita. Pero me esfuerzo por ser positivo. Hay muchas cosas que no funcionan en el mundo, pero también deberíamos ser capaces de celebrar lo bueno de la vida”.

Clooney, aclamado por los fans.

Clooney, aclamado por los fans. / ETTORE FERRARI / EFE

Dicho esto, lo cierto es que el encuentro de Clooney ante la prensa ha tenido mucho más de lamento que de celebración. A lo largo de la conversación, se ha mostrado frustrado por vivir “un momento en el que los poderosos han decidido que el cambio climático es una estafa”, escéptico frente a la posible fusión entre los estudios Paramount y Warner -“cuando una compañía grandes absorbe a una pequeña, mucha gente suele perder sus empleos”- y preocupado frente al creciente protagonismo que la inteligencia artificial está adquiriendo tanto en la producción de películas -“nos hará daño de muchas maneras, y no estamos preparándonos para ello”- como en la sociedad en general. “Siempre se nos ha avisado que no deberíamos creernos todo lo que vemos o leemos, y será cada vez más difícil que no nos engañen”, ha alertado, antes de recurrir al humor para zanjar el asunto: “Espero que no usen mi imagen para un anuncio de tampones 20 años después de mi muerte”.

George Clooney y el director de la Mostra de Venecia, Alberto Barbera.

George Clooney y el director de la Mostra de Venecia, Alberto Barbera. / FABIO FRUSTACI / EFE

La presidente del jurado Maggie Gyllenhaal hoy en la Mostra de Venecia.

La presidente del jurado Maggie Gyllenhaal hoy en la Mostra de Venecia. / FABIO FRUSTACI / EFE

Rupert Murdoch, retratado

Poco antes que Clooney, la encargada de enfrentarse a los periodistas ha sido la actriz y directora Maggie Gyllenhaal, presidenta del jurado que este año se encargará de valorar las películas que compiten por el León de Oro. Su comparecencia ha llegado precedida de polémica, porque días atrás el festival sugirió que iba a cancelar el acto y porque, como consecuencia de ello, fue furiosamente acusado en redes sociales de intentar proteger al jurado del tipo de preguntas incómodas de índole política que llevan años convertidas en objeto de morbo de las ruedas de prensa en festivales. “Hay un problema sistémico, por culpa del que a las mujeres nos resulta más difícil financiar nuestras películas”, ha asegurado Gyllenhaal al ser preguntada por la presencia de tan solo dos películas dirigidas por mujeres en la competición oficial. “Los asuntos sobre los que las mujeres queren hacer películas no son considerados arte, y eso tiene que ver con quién decide qué es valioso y qué no”, ha añadido mientras miraba de soslayo al director de la Mostra, Alberto Barbera, sentado a su lado. Cuando, minutos después, Barbera se ha defendido asegurando que su festival selecciona películas en base a la calidad y no al sesgo de género, se ha podido ver a Gyllenhaal negando con la cabeza.

(I-D) el actor australiano Guy Pearce, la actriz británica Claire Foy, el actor británico Jack O'Connell y el director británico Danny Boyle posan en el photocall de 'Ink' presentada en la sección oficial 'Venezia 83' en el Festival Internacional de Cine de Venecia.

(I-D) el actor australiano Guy Pearce, la actriz británica Claire Foy, el actor británico Jack O'Connell y el director británico Danny Boyle posan en el photocall de 'Ink' presentada en la sección oficial 'Venezia 83' en el Festival Internacional de Cine de Venecia. / FABIO FRUSTACI / EFE

Ha tenido sentido que, en consonancia con ambas muestras de compromiso político, la encargada de ejercer de película inaugural de la Mostra haya sido una ficción que aspira a explicar un presente periodístico en el que los periódicos y cadenas de televisión agonizan y los medios digitales explotan nuestros instintos más primarios con el fin desesperado de captar nuestra atención. ‘Ink’, dirigida por el británico Danny Boyle, pretende demostrar que tan deprimente panorama empezó a gestarse cuando el hoy magnate de la comunicación Rupert Murdoch -dueño de medios como el canal Fox News y, por tanto, feroz instrumento de propaganda de falacias como el Brexit y Donald Trump- compró el diario ‘The Sun’ en 1969. Sin duda es una película relevante por lo que ambiciona, pero más bien banal a juzgar por sus logros.

El australiano Guy Pearce en Venecia esta mañana. Participa en 'Ink'.

El australiano Guy Pearce en Venecia esta mañana. Participa en 'Ink'. / FABIO FRUSTACI / EFE

Más que en el propio Murdoch, a decir verdad, ‘Ink’ mantiene el foco puesto en el hombre que entonces le vendió su alma, Larry Lamb, para convertirse en director de una cabecera que en solo un año pasó de estar en el más penoso declive a convertirse en el diario más leído de Gran Bretaña. Y es cierto que, durante sus primeros compases, la película -escrita por James Graham, también autor de la aclamada obra teatral en la que se basa- resulta francamente entretenida mientras contempla cómo Lamb y su equipo destrozan alegremente las nobles tradiciones del ‘establishment’ periodístico introduciendo en sus páginas noticias llenas de sangre y violencia, horóscopos, promociones, cotilleos y modelos ligeras de ropa, convirtiéndose en un periódico capaz de lo que sea e ignorando incómodas cuestiones éticas con el fin de vender. Para relatar ese proceso, Boyle se ayuda del tipo de filigranas visuales que convirtió en sello de identidad a través de películas como ‘Trainspotting’ (1996) y ‘Slumdog Millionaire’ (2008) y que, aunque anticuadas desde hace tiempo, resultan de lo más apropiadas para hablar de tácticas chabacanas y sensacionalistas.

El director británico Danny Boyle posa para la sesión de fotos de 'Ink' presentada en la sección oficial a concurso 'Venezia 83' en la Mostra de Venecia, en Venecia (Italia).

El director británico Danny Boyle posa para la sesión de fotos de 'Ink' presentada en la sección oficial a concurso 'Venezia 83' en la Mostra de Venecia, en Venecia (Italia). / FABIO FRUSTACI / EFE

Todas esas virguerías, eso sí, demuestran ser incapaces de ocultar las carencias que la película evidencia en cuanto se ve obligada a justificar su propia existencia en 2026. Quizá porque sigue vivo y podría querellarse, la película decide mostrar genuina simpatía por Murdoch mientras lo convierte en convidado de piedra de su propia historia, y entretanto se ensaña con su verdadero protagonista, Lamb, convirtiéndolo en un simplón fanático y responsabilizándole a él de la muerte del periodismo, del ascenso de los tecno-magnates, del odio propagado en las redes sociales y de prácticamente todos los males de nuestro presente. Al final, ‘Ink’, acaba funcionando como el equivalente cinematográfico de un ejemplar de ‘The Sun’: es superficial, tramposa, amarillista, manipuladora y vulgar.

Claire Foy en la Mostra de Venecia, donde ha presentado 'Ink'.

Claire Foy en la Mostra de Venecia, donde ha presentado 'Ink'. / FABIO FRUSTACI / EFE

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